A pesar de la escasa oferta, los cubanos siguen optando por la ropa vieja

La mayor insatisfacción es la insuficiencia en la oferta.

Tienda de ropa reciclada en Cuba. Foto © Vanguardia

Este artículo es de hace 3 años

Los cubanos que, movidos por la necesidad, acuden a comprar en las tiendas de ropa reciclada, alegan no pocas insatisfacciones con las mercancías que allí se venden. Un reportaje del diario Granma en la provincia oriental del mismo nombre, se acerca al problema.

La principal queja es la poca cantidad de mercancías que llegan. En ese territorio se recibieron en 2017 seis contenedores y medio frente a los 14 llegados el año anterior.

Alicia Bou, de la Empresa mayorista Universal, cuya misión es recibir, clasificar y controlar  la ropa que luego se oferta en las tiendas, reveló que en cada contenedor vienen entre 95.000 y 98.000 piezas, de las cuales alrededor de 3.000 llegan con algún defecto que las anula como de primera calidad. Ello reduce aún más la oferta.

Clientes entrevistados afirmaron que aunque esta modalidad de venta es la preferida de muchos por ser la que más se acomoda a la economía familiar de los cubanos, también es difícil encontrar lo que se busca.

Aunque algunos, como una bayamesa llamada Xiomara, puso el dedo en la llaga al denunciar prácticas de algunos trabajadores de los establecimientos, que se guardan para sí las mejores piezas. “Si andas con suerte, quizá encuentras algo que se acerque a tu gusto; porque lo bueno o lo compraron el primer día, o lo cogieron de los bultos antes de sacarlo a la venta”, explicó la mujer.

Otros usuarios coincidieron en la escasez de ropa masculina y para niños, así como con los colores, con predominio de tonalidades frías y oscuras, las más usadas en países occidentales.

Una de las infracciones que más ocurren en estas instalaciones tiene que ver con la presentación de la ropa sin etiqueta y sin empaquetar, ni siquiera colgada. Curiosamente, muchos prefieren, en lugar de un ropero bien ordenado y clasificado, buscar y revolver directamente en un bulto de prendas amontonadas en el suelo.

Pero quizás lo más grave fue evidenciar, como una práctica correcta, que bajo la excusa de que el trabajo de las montañas exige ropa fuerte y duradera, se destina a esas regiones la mercancía que ha sido clasificada de tercera categoría, como si en los campos la gente no tuviera derecho también a lucir bien.

“… en las cordilleras cubanas también la gente conoce de moda, va a fiestas, baja a la ciudad con frecuencia, y si aprovecha bien la bondad de su terruño, tiene dinero para la ropa reciclada buena…”, añadió la publicación.

No obstante, un hecho es palpable: toda la ropa reciclada se vende. No hay una sola tienda que tenga pérdidas. La oferta sigue siendo la opción preferida por muchos ante un escenario donde las tiendas recaudadoras de divisas ofertan también poco y mucho más caro.

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