El autor, durante la presentación del libro | Foto © Gala Belén
El autor, durante la presentación del libro | Foto © Gala Belén

Presentan en Pinar del Río el título "Pasiones y Leyendas de la Pelota Cubana"

América Latina Cuba

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El volumen Pasiones y Leyendas de la Pelota Cubana, del investigador Juan Antonio Martínez de Osaba, fue lanzado la víspera en el marco de la vigésimo séptima versión de la Feria Internacional del Libro en Pinar del Río.

Bajo el cuidado de Ediciones Loynaz, la obra incluye en poco más de 200 páginas una serie de crónicas dedicadas a numerosas figuras imprescindibles en la historia del béisbol nacional.

De la pluma de Martínez de Osaba han salido abundantes títulos vinculados con la historia del deporte, entre ellos las biografías de los legendarios peloteros Luis Giraldo Casanova, Omar Linares, Alfonso Urquiola y Pedro Luis Lazo.

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A continuación, el texto que leí durante la presentación del libro, acontecida en la Biblioteca Provincial.

“La especie humana tiende a ser olvidadiza. Y tanto, que debieron pasar siglos y siglos para que le naciera un interés verdaderamente universal por el tema de la memoria, el cual luego se volvería uno de los argumentos de más apasionada discusión en el mundillo cultural.

La memoria. El cultivo del recuerdo, para que nunca se marchite. Cada país debiera tener, más que proyectos, leyes destinadas a fomentar la investigación histórica y prohibir por decreto la entrada en escena de las oscuras manos del olvido. Así lo han entendido muchos pueblos, y de ahí que el problema de la memoria se haya constituido en un asunto de creciente interés académico.

Mi escritor favorito, Jorge Luis Borges, era devoto del olvido. Su poética está construida en buena parte con la materia prima de la amnesia, y ese es acaso el único señalamiento negativo que yo le puedo hacer al argentino. Porque el hombre no puede celebrar la desmemoria, Dios lo libre.

Al respecto, el uruguayo Mario Benedetti, de quien me gusta nada o casi nada, dejó escrita una décima que vi hace muy poco en internet y seguro estoy de que merece repetirse:

“El olvido no es victoria

sobre el mal ni sobre nada…

…y si es la forma velada

de burlarse de la historia

para eso está la memoria

que se abre de par en par

en busca de algún lugar

que devuelva lo perdido

no olvida el que finge olvido

sino el que puede olvidar”

Por desgracia, la buena memoria no es un rasgo distintivo del cubano. A nosotros se nos puede emparentar con la rumba, con el humo del tabaco, con aquella afición que decía Fernando Ortiz por los elementos esféricos (la bola, la bolita y la pelota), pero no con el amor por el recuerdo. No señor. La nostalgia no es el plato fuerte nacional.

Por eso es que celebro tanto cada paso en el camino de resucitar nostalgias. Por eso me satisface que Ediciones Loynaz haya tenido a bien darle vida a Pasiones y Leyendas de la Pelota Cubana, del fecundo Martínez de Osaba.

Por las páginas de este volumen anda mucho de lo más grande que le ha nacido a Cuba en la pelota. Desde el período romántico de Martín Dihigo, Cristóbal Torriente, el Diamante Negro, Mike González y el Caballero Oms, hasta la época reciente y no menos dorada que nos puso en el terreno a los Vinent, Marquetti, Kindelán y Capiró.

No faltan en Pasiones y Leyendas... las proezas de algunos cubanos que hicieron historia en las Ligas Mayores tras el triunfo de la Revolución (Camilo Pascual, Mike Cuéllar, Luis Tiant, Bert Campaneris), ni se pasan por alto algunos méritos ajenos al buen uso del bate o al dominio del arte del pitcheo: digamos, las narraciones de Felo Ramírez y Eddy Martin, la profesionalidad de Amado Maestri, el liderazgo de Roberto Ledo o José Miguel Pineda.

Hay más aún. Sus crónicas también dan cuenta de los tránsitos por Cuba de ciertos bigleaguers emblemáticos como Babe Ruth, Ty Cobb y Jackie Robinson, y por supuesto, dejan espacio suficiente para cantar la gloria de los grandes pinareños: en el libro se viven los hits de Tony Oliva y Urquiola; los ponches de Pedro Ramos, Faustino, Ajete y Lazo; el record de Maximiliano Gutiérrez; los jonrones de Casanova y Don Omar Linares.

Al final, como pasto para la controversia, el autor tiene a bien dejarnos un Todos Estrellas personal de nuestro béisbol, y de esa manera el lector cierra el libro con las ganas de seguir desandando los diamantes con la feliz agitación del que ha encontrado alguna novedad que compartir con los demás. Eso mismo: lo cierra con ese beneplácito que siempre nos reporta, como diría Lezama, la fascinación de la memoria”.

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