Estudiantes debaten sobre control de armas en Carolina del Norte Foto © AP/Jonathan Drew

Estudiantes de EE.UU debaten sobre control de armas bajo la ‘mirada’ del Che, promotor de la lucha armada y guerrillas en Latinoamérica

Este artículo es de hace 2 años

Una insólita imagen circula hoy por varios medios de prensa. Es la de un salón de clases de la secundaria East Chapel Hill, en Carolina del Norte. Varios estudiantes se reúnen pensativos, homenajeando a las víctimas de Parkland y debatiendo sobre una necesaria ley de control de armas en su país. Hasta ahora, nada fuera de lo común.

Pero existe otro simbolismo dentro de la propia fotografía que algunos periódicos han preferido excluir de sus portadas. Es el Che, el “guerrillero heroico” lisonjeado y prostituido hasta el cansancio por el régimen de Cuba, el baluarte moderno en la defensa del comunismo ‘made in’ Latinoamérica. 

ABC/ Captura de pantalla

La imagen, tomada por la agencia estadounidense AP, muestra a los jóvenes estudiantes -indiferentes por naturaleza a dictaduras como la cubana, nacida a gritos de “¡Paredón!”- conversando sobre el control de armas bajo la mirada inquietante de Ernesto Guevara de la Serna en su versión más comercial.

Desde una bandera roja, el elemento gráfico que más resalta dentro el aula, presencia el debate la fotografía del Che tomada por Alberto Korda en 1960, actualmente una de las imágenes que más se han reproducido y mercantilizado en todo el mundo a lo largo de la historia. 

Fue en esta misma escuela secundaria, la East Chapel Hill, donde se reunieron alrededor de 1,400 estudiantes vestidos con camisas de color naranja para escuchar mientras los organizadores leían los nombres de cada una de las 17 víctimas mortales de Parkland.

La manifestación tuvo lugar después de que los jóvenes se agruparan en círculos de discusión para hablar sobre la violencia armada en los Estados Unidos y las propuestas de algunos republicanos de proporcionar armas de fuego a los maestros.

"Realmente me da miedo cómo en Estados Unidos parecemos tener esta noción constante o prevaleciente de que debemos luchar contra la violencia con más violencia y esa nunca es la solución", dijo Frances O'Grady, de 18 años. "Nuestros líderes nos dicen que debemos luchar contra la violencia con violencia, que debemos armar maestros. Creo que eso es una idea muy peligrosa", acotó.

Y la joven O´Grady tiene absolutamente toda la razón, pero quizá desconozca que el Che, el mismo que presidía desde una pared los debates, era un promotor incansable de “combatir la violencia con más violencia”.

Convencido de la necesidad de extender la lucha armada en todo el Tercer Mundo, Guevara impulsó la instalación de focos guerrilleros en no pocos países de América Latina. Después de triunfar con la Revolución Cubana, entre 1965 y 1967, repitió su modus operandi en el Congo y Bolivia, donde fue finalmente atrapado y asesinado. 

Luchador acérrimo contra el Imperialismo estadounidense, el Che ganó fama en la guerrilla cubana por la frialdad al “ajusticiar” a tiro limpio a supuestos traidores. Una vez en el poder, el argentino no solo apoyó, sino que dirigió miles de juicios arbitrarios y cientos de fusilamientos en Cuba como parte del proceso conocido como Comisión Depuradora.

Miles de personas consideradas por Castro como criminales de guerra, opositores o asociadas en cualquier medida con el régimen anterior, fueron fusiladas o condenadas a largos periodos de cárcel en La Cabaña, institución dirigida por Guevara.

“Fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, dijo como representante de la isla ante la ONU en 1964.

Esa no fue la única frase que definió su controversial ideología. Quizá los estudiantes de East Chapel Hill deberían conocer que el Che confiaba en que “los jóvenes deben abstenerse de cuestionamientos ingratos de los mandatos gubernamentales. En su lugar, tienen que dedicarse a estudiar, trabajar y al servicio militar.”

Además de atacar abiertamente a la libertad de prensa, se le atribuyen al guerrillero pensamientos escandalosamente racistas y homófobos, así como aquel que confesó a su padre tras ajusticiar a un campesino acusado de traición el 18 de febrero de 1957:

“Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar”, escribió en la misiva.

De acuerdo con el boletín “Cold War International History Project” del Woodrow Wilson International Center de Washington, durante la llamada Crisis de los Misiles, el Che tuvo igualmente la voluntad de disparar estas armas nucleares en dirección a la ciudad de Nueva York.

“Si nosotros, los cubanos, tenemos el control de las armas nucleares, las instalaríamos sobre cada centrímetro de Cuba y no dudaríamos, en caso de ser necesario, de lanzarlas contra el corazón del adversario, Nueva York”, dijo al entonces embajador de Yugoslavia, según conoció el Woodrow Wilson Center.

Este artículo es de hace 2 años

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