Homenaje del presidente de Etiopía Mulatu Teshome Wirtu, a los cubanos caídos en la guerra contra Somalia. Foto © Granma.

La intervencion cubana en Etiopía: ¿hazaña internacionalista o intromisión en conflictos ajenos?

Este artículo es de hace 2 años

Este  jueves 15 de marzo el periódico Juventud Rebelde publicó un trabajo titulado, Cuba en Etiopía, una hazaña internacionalista, escrito por Vilma Thomas Ramírez, embajadora de Cuba en ese país africano.

Antes de continuar el análisis diremos que en el tiempo que duró el conflicto, unas siete semanas, según describe la embajadora, perdieron la vida más de 500 compatriotas nuestros.

Las intervenciones militares de Cuba en África comenzaron hace 55 años cuando en 1963, en Argelia, nos enfrascamos en la llamada "Guerra de las Arenas", entre este país y Marruecos y de continuo en los años 1964-65 en la "Crisis del Congo".

El 25 de noviembre de 1977, Fidel Castro "firma una orden" dirigida a su hermano Raúl Castro, en ese tiempo ministro de las FAR, dando comienzo a la intervención militar cubana en el Conflicto del Ogaden entre Etiopía, Somalia y el Frente de Liberación de Somalia Occidental (FLSN).

Nota manuscrita enviada por Fidel a su hermano Raúl Castro.

Lo que Vilma Thomas señala como una "orden", es una escueta nota de puño y letra escrita y firmada por Fidel.

Que a nadie extrañe lo informal de ese “mandato” que involucraba al país en un lejano y ajeno combate, catorce años antes. Mediante una llamada telefónica, Fidel ordenó la participación de tropas cubanas en la guerra entre argelinos y marroquíes.

Llamada telefónica y pequeña nota que demuestran una vez más que incluso a la hora de poner en peligro la vida de los cubanos, era Fidel quien tenía la primera y última palabra sin la necesidad de pedir permiso a alguien.

El pretexto de esta injerencia militar en Etiopía fue que la intervención militar somalí era una muy peligrosa amenaza contra el país invadido. Cuando en realidad no era nada nuevo y solo afectaba a la región en disputa, el Ogaden.

Recordemos que las querellas entre ambos países por el Ogaden datan de 1948, cuando esta tierra se concedió a Etiopía. Somalia no acepta tal decisión y a partir de esa fecha se dan muchos intentos de invadir Etiopía para tomar esa zona. El objetivo de estos era fundar la gran Somalia para incluir en ella al pueblo somalí del Ogaden.

Es preciso agregar que los conflictos somalo-etiopes, no solo por el Ogaden, se vienen sucediendo desde el siglo XVI,  hace más de 400 años.

También se debe precisar que durante toda la década del setenta del pasado siglo la URSS venía ayudando militarmente a Somalia, pero los sucesos acaecidos en Etiopía a mediados de esa década cambian el derrotero del actuar soviético.

En septiembre de 1974 el emperador etíope, Haile Selassie, es derrocado por el Consejo de los Militares (DERG). Y tras un periodo de conflictos internos por alcanzar la jefatura del gobierno el 11 de febrero de 1977, Mengistu Haile Mariam asume el cargo de jefe de Estado.

La figura de Mengistu, a pesar de la represión que desata contra sus opositores, alienta a la URSS  a crear un Estado Socialista en el Cuerno Africano. Se acercan entonces en secreto al nuevo jefe del régimen con ofertas de ayuda que son aceptadas por este.

En este conflicto los Estados Unidos apoyan a Somalia. La Unión Soviética y Cuba lo hacen con Etiopía.

La gran diferencia entre los dos países que ayudan a los etíopes, es que la URSS pone los recursos, los medios y Cuba  -como siempre- pone los hombres.

El Gobierno que Fidel decidió defender era dominado por un hombre cuyo mandato trajo a su pueblo hambrunas masivas que provocaron la muerte de más de un millón de etíopes, indetenible represión contra sus opositores y levantamientos contra el régimen.

Derramamos sangre cubana por defender a un hombre que al huir de su país robó más de 400 millones de dólares a su hambriento pueblo.

Ayudamos a mantenerse en el poder a una persona que en el año 2006, fue juzgado en su país -en ausencia- por el cargo de genocidio y en el año 2008 fue condenado a muerte.

Pudiéramos preguntarle entonces a su Excelencia, la señora Vilma Thomas Ramírez: ¿Nos interpusimos en un muy ajeno conflicto o colaboramos con un ladrón genocida?

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