Juan Carlos Cremata Malberti. Foto © Juan Carlos Cremata.

Memoria del Exilio: "Patria no es Revolución"

Este artículo es de hace 2 años

Patria no es Revolución:

Ni Castro es Cuba.

¿Qué es Patria?

Hubo una época en que a mi hija le daban, como estímulo forzoso en la escuela y junto al omnipresente busto de nuestro Héroe Nacional: “El beso de la Patria”

Una maestra emergente - bastante prietecita ella - le plantaba su bemba desmedida en la cara, dejándole restos de saliva, que ella inmediatamente, con la mano, se limpiaba. ¡Pobre niña!

Pero, según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra viene del latín patria.

1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.

2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

También se menciona la patria celestial.

1. f. Cielo o gloria.

La patria chica

1. f. Pueblo o región de nacimiento.

Y, además, merecer alguien bien de la patria.  

1. loc. verb. Hacerse acreedor a su gratitud por relevantes hechos o beneficios. (?) *

Hemos puesto signo de interrogación y asterisco, en esto último, pues la duda gravemente nos asalta,

¿Quién otorga esos agradecimientos?

¿El pueblo?

¿Cuál de ellos?

¿Jatibonico, Manacas, Hialeah, Alto Cedro, Mayarí, Birán o Macané?

¿Qué comisión dictamina la ofrenda?

¿La Asamblea Nacional?

¿Cuán nacional puede ser una reunión por muy concurrida que ésta sea?

Sus sinónimos son cuna, tierra, origen, raza, territorio, naturaleza, procedencia, linaje, estirpe.

Aunque, asimismo, estado, reino, comarca – finca, para todos los cubanos mega "gao" - paraje, república, cantón, metrópoli, sociedad.

Que puede hasta derivar en sangre, abolengo, cultura, alcurnia, ascendencia, genealogía, prosapia, raza, aristocracia, progenie, copete, nobleza, tronco – que no tranca – reinado, monarquía, feudo, campo, dominio, marco y espacio

Pero por ninguna parte nos sale la puñetera Revolución de marras, como igual, semejante, analógica, equivalente, paralela, parecida, consonante, homóloga, correspondiente, o tan siquiera adyacente.

Ni tampoco apellido alguno de tirano impuesto a la fuerza o adjunto.

Ni rimbombante patronímico de dirigente-oportunista-de-turno, de cuello gordo, cara de cerdo, panza sobresaliente y mente en… ninguna parte.

Ni achacosamente nombre alguno, anclado a un pasado que cada vez apesta más a estiércol de fósil descompuesto.

¡La Patria somos todos, no nos resinguen!

¡Y lo que es de todos no es de ninguno!

Primero se es humano

Luego, cubano.

Que nadie escoge donde nace.

Por favor.

Por lo tanto, sólo el acaso, o la suerte, otorga la nacionalidad de origen.

Podemos adoptar ser de otro lado después.

Como cambiarnos nombre y apellidos y nombrarnos Alicia en lugar de Caridad.

Pero nunca, jamás, podremos negar de dónde venimos.

Y Martí - que pasó mucho más tiempo de su vida fuera de Cuba que en ella -es como una veleta que le sirve a cualquiera.

Para todo lo usan.

A favor o en contra.

Lo hemos visto hasta como cerveza.

Su rostro está en el manoseado y ya casi inservible moneda y/o billete de un peso cubano.

¿Quieren mayor falta de respeto a su memoria?

Una misma oración suya puede ser interpretada, leída y defendida de distintas maneras.

Y así lo ha sido desde diversas orillas, extremismos u opiniones contrapuestas.

Recuerdo haber visto una vez en una cafetería de la Habana, la frase "Mi trabajo es usted", firmada también por el Apóstol.

¡Si le echaron - sin cuestionarle - la autoría intelectual del asalto, asesino y fallido, a un cuartel en Santiago a inicios de los 'sin cuenta'!

¡Y luego, también, nos vendieron la idea de que su sueño lo había hecho realidad el máximo comandante barbudo que “brillaba en las montañas de la Sierra”!

El adoctrinamiento nos vino, desde pequeños, junto a las vacunaciones. Y por la televisión, que adquiría cada vez más fuerza y espacio en nuestras vidas.

Como ahora el teléfono o las computadoras.

Una canción infantil repetía, como una letanía.

“Martí lo dijo en un libro que me leyó mi papá, nacer para ser felices, que el porvenir es la paz”

¿En qué tomo, o qué volumen, de qué párrafo, colocó esa frase, el Pepe cabecita, tú tienes la cabeza de…?

Martí es de cada lector que lo lee, lo asume, lo interpreta, lo adora, lo reniega o lo entiende a su manera, en su nivel, o según sus intereses.

Funciona como: “A cada cual, según su necesidad y de cada cual, según su capacidad”.

Es propio del nacionalsocialismo – léase del fascismo - la preocupación constante, vigilante y punzante, casi policialmente chivateante, por los símbolos nacionales.

Y los símbolos son eso, alegorías, ideogramas, signos, emblemas, efigies, atributos, insignias, distintivos, divisas (o pesos no convertibles), imágenes, cifras, blasones, letras, iniciales, siglas, fórmulas, representaciones, personificaciones, encarnaciones, canciones, himnos, lemas, modelos o ejemplos.

La bandera es en realidad un pedazo de tela, el himno una cabalgata contagiosa, pero muy corta. Es como un coitus interruptus. Y el escudo, ¿para qué coño nos ha servido en la vida? ¡Si ni para parar los golpes que nos ha propinado la historia!

¿No será mejor preocuparse por la gente de carne y hueso que padece a nuestro lado?

Cada cual es cubano a su manera, pues no existe patrón alguno para la cubanidad.

Que es, por demás, una raza requetemezclada.

Café con chícharo. Pollo por pescao. Masa cárnica.

Así como cada quién es martiano a su manera.

Y hace uso de sus aforismos, sentencias, frases o poemas a voluntad.

Incluso aparece, a cada rato, por la televisión cubana, en estos tiempos, un casi oligofrénico personaje, que parece un títere, o especie de marioneta - ¡otra más! – y que dice ser una suerte de su reencarnación. Pues se le apareció, a los pies de su lecho de enfermo, en un hospital donde agonizaba, para sacarlo de la cama y encomendarle el cuidado, cautela y supervisión de su ideario. Una variante del milagro de San Lázaro caribeño socialista y “revolucionario”. ¡Lo que hay que ver!

Por eso hoy se me antojó encontrármelo en el pasillo de uno de los estantes de un Publix.

Pero no comprando en esa cadena de supermercados, sino trabajando ahí. Con su camiseta verde y su pantalón negro. Y una chapilla dorada al pecho, en la cual puede leerse, simplemente, José.

¡La cosa está dura y a mí no me entra ni un quilo como derecho de autor! – me comentó – A veces me siento como una vieja puta desahuciada.

Me dieron ganas de echarle una mano o tirarle un cabo.

¿Qué hace un insigne semidiós en un establo?

Pero preferí preguntarle en qué pasillo estaba la leche condensada.

En el tercero, a la derecha ¡ponle el cuño! – respondió enseguida.

¡Si tú lo dices… va a misa, mi hermano!

Y así fue.

Una vez más, el cabezón, me dio la razón.

O yo la cogí. Porque me hizo falta y me convino.

Este artículo es de hace 2 años

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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