Algarrobo de Santa María, en Guantánamo. Foto © Venceremos/ Lorenzo Crespo Silveira

Les prometieron en 2012 cortarles el árbol que les destroza sus casas y todavía nada

Este artículo es de hace 2 años

Los vecinos de la calle 10 entre 3 y 5 en la localidad de Santa María, en Guantánamo, están desde 2012 esperando que las autoridades les acaben de talar un algarrobo que les está impidiendo llevar una vida normal.

El periódico Venceremos comprobó in situ la situación de varias viviendas, donde no funciona el sistema hidrosanitario debido a las obstrucciones.

Lorenzo Crespo/ Venceremos

El caso de Ena María Ramírez González es crítico. Su baño está totalmente inutilizado porque las raíces del árbol han tupido los conductos. En su casa no pueden ni fregar, ni ducharse ni siquiera realizar sus necesidades fisiológicas. Su nuera, que está convaleciente de una operación de la columna, debe evacuar en una cuña que luego su esposo, el hijo de Ena, vierte afuera.

Según Nirsa Córdoba Machado, presidenta del CDR, cada vez que se acerca un ciclón los vecinos denuncian el caso a los expertos, pero “siempre falta algún recurso que impide talar el algarrobo”, acota.

Desde 2012, cuando el huracán Sandy amenazaba con pasar por la Isla, se les prometió hacerlo. Cuatro años más tarde, ante la llegada de Matthew, se les repitió lo mismo… y todo quedó en palabras.

Mientras llega la solución, los residentes de Santa María siguen viendo cómo las ramas del viejo algarrobo afectan los cables de la electricidad, y sus raíces levantan el piso de las casas. Otros, como Ena María y su familia, tienen que seguir fregando en un recipiente en el patio y haciendo sus necesidades como buenamente pueden.

Hace una semana CiberCuba denunció un problema similar al otro extremo del país, en Pinar del Río. Allí vecinos del reparto Villamil han solicitado permisos al Poder Popular y a Comunales para talar una ceiba y una mata de mamoncillos que afectan sus casas, pero no los autorizan.

En otra parte de la ciudad la directora de la Oficina Técnica del Centro Provincial del Patrimonio Cultural se quejaba de la tala indiscriminada para no tener que podar continuamente los árboles sembrados. Según ella, el problema está en que no se escoge la especie adecuada para las ciudades.

Este artículo es de hace 2 años

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