Miguel Mario Díaz-Canel. Foto © Cubadebate.

"Ni la Seguridad del Estado, ni el Ejército ni el Partido le harán el menor caso a Díaz-Canel"

Este artículo es de hace 2 años

CiberCuba conversa con el economista cubano Elías Amor sobre los retos que tiene por delante Miguel Díaz-Canel, que desde este este jueves está al frente de la presidencia del Consejo de Estado y de Ministros, relevando así a Raúl Castro. En su opinión, ni el Ejército, ni la Seguridad del Estado ni el Partido Comunista harán ningún caso al nuevo presidente. Aunque ése no será su principal quebradero de cabeza sino cómo hacer despegar la economía. Él le recomienda aplicar las medidas que rusos, vietnamitas, europeos del este y chinos implantaron hace años.

¿Qué retos económicos tiene Díaz-Canel por delante?

Sin ninguna duda, la situación de la economía es el desafío más importante que deja Raúl Castro a su sucesor.

El vacío oficial de estadísticas e indicadores sobre el estado de la economía nos lleva a pensar que la situación es mucho peor de lo que se cree. El régimen castrista durante los últimos 60 se ha especializado en esconder todo aquello que podía suponerle problemas, con un férreo control de la información pública, convertida en propaganda demagógica para culpar a los demás de sus fracasos.

Raúl Castro se despide del poder demostrando que lo único que le interesa es conservar intacto el sistema económico de planificación central iniciado en 1959, en el que los activos son propiedad del estado, y que penaliza la acumulación de riqueza, prohibiendo el funcionamiento de la economía de mercado y la libre empresa. Actualmente más del 85% del empleo es dependiente del estado, y casi el 90% de los activos productivos son propiedad del estado comunista. Actuar de forma diferente sería ir contra la herencia de su hermano, al que ahora se pretende situar en el limbo de los dioses.

Las reformas limitadas, lanzadas por Raúl Castro, con los llamados “lineamientos”, han conducido a la economía a un escenario macroeconómico de notables desequilibrios internos y externos, en presencia de una perversa dualidad monetaria, bajos salarios nominales y productividad y un desempleo encubierto que apunta a altos niveles de pobreza en la población, como consecuencia de la reducción programada de los llamados gastos sociales en los “logros de la revolución”, que según cifras oficiales se han reducido en un 8% desde 2008, puede que más. El sucesor hereda el peor escenario posible.

El alarmante agujero en las cuentas externas pudo controlarse en un primer momento gracias a los generosos envíos de petróleo chavista y la condonación  de deudas por el Club de París, pero cuando a partir de 2016 esos flujos entraron en crisis, apareció el rostro de la baja competitividad de la economía, obligando a una reducción global de 15.000 millones de dólares en las importaciones, lo que ha vuelto a crear situaciones de escasez de alimentos, vestido, calzado y equipamientos industriales, por no decir, de todo. De eso es lo que se quejan los cubanos, según el último estudio del Observatorio Cubano de Derechos Humanos.

Escasez de alimentos, vestido, calzado y equipamientos industriales: de eso es de lo que se quejan los cubanos

El turismo, a pesar de su aumento, no acaba de despegar como sector económico promisorio, y el régimen ha descubierto que intentar obtener ingresos, cuando lo permiten los touroperadores, exige liberalizar más aún la oferta privada, que sigue estando bajo control. De las condonaciones generosas de las deudas por impago ya nadie se acuerda. De la inversión extranjera, tampoco. Ahí están los pocos proyectos que se han interesado en el Mariel, agobiados por una burocracia ineficiente, que hace que esté muy lejos de funcionar como una Zona Especial de Desarrollo, lo que estaba en los planes originales de Odebrecht.

Como consecuencia de estos tiras y afloja, los cubanos han sido testigos en los últimos años del peor rostro de la economía de mercado, con un aumento sin precedentes de los niveles de desigualdad social, con una gran frustración en amplios sectores de la población que, amparándose en la mayor facilidad para salir al exterior, han emprendido la huida. Intentando evitar episodios conocidos del pasado como Camarioca, El Mariel o Gunatánamo, Raúl Castro, de forma absolutamente imprudente e interesada a la vez, abrió parcialmente las puertas a los cubanos para que salgan al exterior, lo que deja al país sin población joven, la única que puede contribuir al crecimiento a medio y largo plazo.

Los cubanos han sido testigos en los últimos años del peor rostro de la economía de mercado

Y en medio de este complicado escenario para el final de una larga dinastía, los informes que llegan de Cuba insisten en el ajuste duro al que se está sometiendo a las empresas estatales, paralizadas por la falta de insumos, de equipamientos e incluso de energía, dada la prioridad que se ha establecido para la población. En los últimos años, el ajuste silencioso del sector estatal había llevado a la reducción de un número elevado de entidades, según los informes de la ONEI (Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba).  El ajuste se ha endurecido durante 2018 y es de suponer que continúe.

La destrucción de capital productivo que supone este ajuste duro ya no parece preocupar a Raúl Castro. En vez de asumir el fracaso histórico de las nacionalizaciones y proceder a una privatización progresiva de los activos en manos del estado, el último de los Castro está empeñado en que su heredero tenga que labrarse el porvenir desde la nada. Si en vez de cerrar las empresas estatales se pusieran en venta a los agentes privados, se podría observar cómo lo que es improductivo y de nula rentabilidad se puede convertir en riqueza, prosperidad y puestos de trabajo. De ese modo, el legado de Raúl Castro solo contiene deudas acumuladas, pero no las fuentes para obtener ingresos. Complicada situación.

El último de los Castro está empeñado en que su heredero tenga que labrarse el porvenir desde la nada

El sucesor tendrá que emplearse a fondo en la reforma de las empresas estatales para convertirlas en auténticas entidades movidas por la óptica de la eficiencia, rentabilidad, la innovación y la creación de empleo y riqueza. Es una tarea fundamental que se debería haber puesto en marcha hace décadas. Fidel Castro odiaba cualquier mención a este tipo de cosas. Raúl convenció a muchos de unas intenciones cuando lanzó el fracasado “perfeccionamiento empresarial”, pero poco o nada ha hecho al respecto.

La economía de Cuba no tiene futuro porque la mayor parte del déficit del estado se tiene que canalizar a subvencionar a empresas estatales improductivas. Los que piensen que la unificación monetaria podría ayudar, se equivocan, porque lo que se necesita es impulsar, antes, una privatización profunda del tejido empresarial, devolviendo la propiedad privada de los medios de producción a los cubanos, y apartándola del estado comunista. No es una separación de funciones como la que ya existe actualmente, sino el retorno a un marco jurídico estable de derechos de propiedad privada como los que había antes de 1959. El reconocimiento del fracaso absoluto de 60 años de régimen comunista.

¿Cree que dejarán gobernar a Díaz-Canel?

La verdad es que en las actuales condiciones del sistema, hay poco que hacer. Los llamados “lineamientos”, incorrectos en su planteamiento y mal implementados, no han servido para dinamizar la economía. En buena medida, porque ese no era su objetivo. Raúl Castro solo quería ganar tiempo, lo mismo que su hermano, creando falsas expectativas de mejora económica, lo que más desean los cubanos.

Este modo de proceder tiene un tiempo limitado. Y después del espectáculo lamentable de las turbas del régimen en la Cumbre de Lima, nadie se cree que en Cuba puedan producirse cambios a partir del día después. Todo lo contrario. El régimen reforzará sus posiciones de control impidiendo cualquier salida a la democracia y las libertades. La hegemonía de la oficialidad castrista desde el partido, el ejército y la seguridad del estado tendrá que atravesar tiempos difíciles, sin los apoyos del socialismo del siglo XXI.

El sucesor de Raúl Castro tiene que hacer, respecto de la economía, aunque suponga vulnerar las estructuras ideológicas del régimen comunista de Cuba, más o menos lo mismo que hicieron chinos o vietnamitas, o europeos del Este y rusos mucho antes. La fórmula de devolución de la propiedad privada a los cubanos no es compleja, y existen experiencias y buenas prácticas en antiguos países comunistas que se pueden implementar en Cuba. Si los comunistas aceleraron las confiscaciones del capital productivo de los cubanos con las ominosas leyes publicadas entre 1959 y 1961, de infausto recuerdo, la devolución a los agentes privados debe seguir un proceso igualmente rápido y tenaz.

El sucesor de Raúl Castro tiene aquí un papel importante a jugar. Sin embargo, vigilado de cerca por reaccionarios dirigentes comunistas y los poderes económicos monopólicos pertenecientes a la seguridad del estado y del ejército, interesados en mantener sus cuotas de poder, los márgenes de actuación serán limitados. Se tiene que despojar de un obsoleto caparazón ideológico de mediados del siglo pasado, que ya no sirve para funcionar y competir en la globalización. Hacerlo será difícil, pero es posible. Si se pone a ello, no me cabe la menor duda que tendrá el apoyo internacional de su lado. Y eso, aunque parezca que no, puede ser muy importante para Cuba.

¿Cree que Raúl Castro prefiere que sea Díaz-Canel quien ponga la cara a la transición a una economía de mercado?

A Raúl Castro le da igual que su sucesor sea uno que otro. Es lo que menos le importa. Sabe que el legado es miserable, pobre y corrupto, por eso no ha querido que sus hijos pasen a ocupar el primer plano. Se mantienen en puestos de reserva, por lo que pueda ocurrir. Lo único que Raúl Castro no aceptará es cambiar el sistema iniciado por su hermano en 1959, y al que se mantiene fiel y quiere imponer a todos los cubanos la misma obediencia ciega.

Una obsesión enfermiza por mantener estructuras de gobierno anacrónicas para el siglo XXI que mantienen a los cubanos sometidos en cuanto a sus derechos políticos y empobrecidos, sin alicientes para mejorar sus condiciones de vida.

Díaz Canel es un instrumento coyuntural del que se puede prescindir en cualquier momento, una vez que provoque algún malestar en la triada de poderes que sostienen el régimen: seguridad del estado, con Alejandro Castro al frente; ejército, con Ramiro Valdés que se mantiene y el partido único comunista, con Raúl Castro.

El margen de Díaz Canel para actuar con independencia es limitado, por no decir nulo. Ninguno de los poderes le hará el menor caso. Incluso es posible que veamos conspiraciones contra sus actuaciones. En algún momento, cabe esperar que llegue a tirar la toalla, e incluso, sea removido por los mismos que lo han puesto. Es difícil prever esta situación, pero el liderazgo de Díaz-Canel es débil, inestable e incierto.

En algún momento, cabe esperar que llegue a tirar la toalla, e incluso, sea removido por los mismos que lo han puesto

Nadie puede dar nada por él. Tiene mucho que ganar y poco que perder. Está completamente solo, aislado y vigilado. Los dirigentes políticos que perciben este tipo de escenarios son igualmente imprevisibles y a veces reaccionan.

Las opciones que Díaz Canel tiene para dar un vuelco de 180º a todo el entramado que recibe son formidables, pero tan arriesgadas que pueden poner en peligro su propia supervivencia. Ya se verá pronto quién o quiénes dentro de la isla y fuera de ella están en condiciones de ofrecerle apoyo público. Esto dará una buena pista de por dónde van los tiros.

Este artículo es de hace 2 años

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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