Fernando Soria. Foto © Twitter/El Mundo

La dramática experiencia de un exbalsero cubano que ha recorrido media Europa a pie

Este artículo es de hace 2 años

Fernando Soria es un cubano de 52 años, soltero y con cinco hijos, que tomó un avión Habana-Moscú el 17 de enero de 2017. A su espalda dejaba un largo listado de viajes fallidos a Estados Unidos como balsero, un total de ocho, desde el año 1994.

En el último de ellos, en noviembre de 2016 ―apenas un par de meses antes de la eliminación de la política de “Pies secos pies mojados”― fue interceptado por los guardacostas norteamericanos a tan solo 12 millas de suelo estadounidense.

En recientes declaraciones al diario español El Mundo, ha relatado que para el Gobierno cubano él era un opositor, y precisó “Siempre he denunciado los abusos del poder y el sistema corrupto, por ello me perseguían y encerraban constantemente y no me dejaban trabajar”.

Añadió que el Gobierno de la Isla le puso la etiqueta de "persona no confiable" y por ese motivo le prohibieron el acceso al empleo en el sector estatal. Asegura que no le quedó más remedio que vender frutas y verduras a escondidas en las calles, hasta que ahorró lo suficiente para pagarse un pasaje a Moscú.

Las primeras semanas en la capital rusa las pasó durmiendo en la calle y comiendo lo que encontraba en la basura hasta que consiguió encontrar trabajo como portero de discoteca por la noche y de camarero en un restaurante durante el día. Cinco meses después se compró un billete para Montenegro.“He sido el único cubano que ha conseguido entrar en ese país sin visa. Tenía una amiga en el aeropuerto que convenció a la Policía de que viajaba con una excursión turística”.

Una vez en Montenegro pasó un mes viviendo en un campamento de refugiados donde coincidió con otro cubano. La próxima aventura fue ir juntos a los bosques que se encuentran cerca de la frontera con Serbia para intentar cruzarla varias veces, aunque no tuvieron éxito. Explica que había mucho frío y que cuando la policía los veía les daba golpes.

Sin embargo, él decidió insistir y rodeó “las montañas cercanas a la frontera". De ese modo consiguió pasar a Serbia. De ahí siguió caminando hasta el campamento de Principovac, en la frontera occidental con Croacia. Una vez allí coincidió con otros dos cubanos, un hombre y una mujer, que estaban varados en ese país. Sobre su experiencia en Serbia, relata que en esos campamentos vivían "hacinados, sin ningún tipo de atención sanitaria y con una sola comida al día. Era el infierno y luego estaban las mafias centroeuropeas que lo controlaban todo. Tenían a algunos refugiados afganos trabajando para ellos y te pedían 1.000 euros por cruzar hasta Croacia. Yo tuve la suerte de salir, pero decenas de mis compatriotas siguen allí”.

Hasta un total de 170 cubanos se encuentran dispersos en Serbia, según ha precisado el fotoperiodista español Antonio Sampere, quien lleva un año en ese país como activista humanitario.

El cubano Fernando Soria tuvo más suerte que el resto de sus compatriotas y logró entrar en Croacia el 25 de agosto de 2017, y lo hizo saltando varias alambradas y sorteando fincas privadas.

Al otro lado de la frontera le esperaba otro cubano que vivía en República Checa. De camino a Zagreb para pedir asilo se encontraron a un matrimonio de Pakistán que viajaba a pie con una niña pequeña y enferma.

“Les ofrecimos llevarles en el coche. Poco después, la policía nos paró y nos acusó de movimiento ilegal de personas, de transportar a refugiados. Nos dieron una paliza y nos llevaron en el maletero de su coche hasta la prisión de Ozzie. Todo era absurdo, no tenía ningún sentido, pero nos tiramos tres meses en la cárcel, sin ningún juicio ni explicación. Fue muy duro", destaca.

Al salir de la prisión Fernando caminó hasta el centro de refugiados de Zagreb, donde estuvo otros cinco meses.Su próxima meta era Eslovenia, que estaba a menos de ocho horas caminando.

“Pasé varios días perdido en el bosque junto a la frontera, bajo la lluvia y a menos 20 grados. Me congelé los pies, se me pusieron verdes y después negros. Pensé que iba a morir. Un día, aprovechando una tormenta de nieve, entré a Eslovenia mientras la policía se refugiaba del temporal. Después de un día caminando, aparecí en una carretera que iba hasta Trieste (Italia)”.

La Policía de Eslovenia lo encontró en el camino y lo arrestaron durante diez días. Sin embargo, en cuanto lo soltaron cogió un autobús hasta Trieste, donde llegó el pasado 18 de febrero, y desde allí siguió hasta Génova.

Finalmente, en esa ciudad italiana compró un boleto de autobús que lo llegó hasta Barcelona, donde explica que durmió en la estación unos días hasta que una joven lo ayudó y lo hospedó en su casa.

Luego estableció contactos con varias ONGs españolas que acogen a refugiados, lo que le sirvió para viajar durante un mes por cuatro ciudades distintas: Madrid, Valladolid, Burgos y Málaga. Su propósito ahora es pedir asilo en España y poder trabajar legalmente, aunque no será fácil.

Las estadísticas de asilo concedido a cubanos en España no le son muy favorables. Datos de CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) citados por El Mundo, destacan que en 2017 un total de 140 cubanos solicitaron en España protección internacional, y de 40 resoluciones tan sólo un 25% de ellas fue favorables.

El cubano Fernando Soria, que en su itinerario lleva atravesados ocho países y unos 8.860 kilómetros en 397 días, concluye sobre su singular experiencia: “Han sido miles de kilómetros de palizas y vejaciones. He visto lo peor del ser humano en mi viaje. Pero todo vale la pena por ser libre. Esta ha sido mi particular vuelta al mundo”.

Este artículo es de hace 2 años

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