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Castro sale de la presidencia, pero ¿vuelve la Guerra Fría con EE.UU.?

Las nuevas medidas sugeridas por Trump y el discurso pronunciado por Castro este jueves no apuntan a una mejora en las relaciones.

Monte de las banderas frente a Embajada de Estados Unidos en La Habana © Granma
Monte de las banderas frente a Embajada de Estados Unidos en La Habana Foto © Granma

Este artículo es de hace 5 años

LA HABANA, 20 abr (Reuters) - Raúl Castro renunció como presidente y su hermano Fidel falleció, pero las relaciones entre Cuba y Estados Unidos son más ríspidas que en años anteriores con sus embajadas reabiertas casi vacías y el presidente Donald Trump ha sugerido medidas que podrían enfriar aún más el ambiente.

Un nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, de 58 años, asumió el jueves el cargo después de décadas de gobierno de los hermanos Castro, que derrocaron en 1959 a un dictador apoyado por Estados Unidos, nacionalizaron propiedades estadounidenses y se alinearon con la Unión Soviética, mientras miles de cubanos emigraron al exilio en Florida.

Los hermanos Castro fueron personalmente vilipendiados por la primera generación de cubano-estadounidenses y algunos analistas sostienen que el ascenso de Díaz-Canel al poder facilitará con el tiempo que políticos estadounidenses normalicen las relaciones.

En el corto plazo, sin embargo, el camino por delante parece pedregoso.

En su primer discurso como presidente, Díaz-Canel, un incondicional del gobernante Partido Comunista, afirmó claramente su intención de preservar el sistema socialista y de partido único. Además, Castro, quien conservará gran influencia política como jefe del partido, pronunció un extenso discurso de despedida en el cual criticó al gobierno de Trump.

La Casa Blanca desestimó también el cambio de presidente y dijo que no creía que el pueblo cubano vaya obtener mayores libertades ni que cambie su política hacia el gobierno comunista.

Trump asumió el cargo el pasado año, prometiendo revocar la política de acercamiento del expresidente Barack Obama, quien incluyó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

El presidente republicano hizo más difícil que las empresas de Estados Unidos invirtieran en Cuba y restableció algunas limitaciones para viajar a la isla, que se había convertido brevemente en punto de acceso para visitantes estadounidenses por primera vez en décadas.

Las últimas elecciones de Trump para su equipo de política exterior fueron Mike Pompeo como secretario de Estado y John Bolton como asesor de Seguridad Nacinal, quienes han abogado por una línea dura contra Cuba.

"Estamos siendo muy duros con Cuba porque queremos que la gente tenga libertad", dijo Trump la semana pasada en una entrevista con la cadena de televisión en español Univisión.

"Van a suceder cosas muy buenas", señaló, y agregó que Bolton es "muy duro con Cuba y Venezuela".

En un rol anterior durante la presidencia de George W. Bush, Bolton incluyó a Cuba en una lista denominada el "eje del mal".

El jueves, se le preguntó a Trump sobre los cambios en la isla y dijo: "Cuidaremos a Cuba. Vamos a ocuparnos de eso", pero no ofreció más detalles.

Aunque no está claro qué medidas podría tomar Trump, el influyente senador republicano, Marco Rubio, un cubano-estadounidense de Florida, ha solicitado más fondos para grupos democráticos de Cuba y piensa que Estados Unidos debería expandir sus esfuerzos para lograr acceso a Internet por satélite en la isla, señaló la semana pasada a Reuters.

"El único proyecto en el cual vamos a enfocarnos este año es en romper el bloqueo de la información", apuntó Rubio.

Él también ha pedido a la Casa Blanca que amplíe la lista de entidades cubanas con las que empresas estadounidenses no pueden hacer negocios, de acuerdo con el objetivo declarado de la administración de detener el flujo de dinero de Estados Unidos que va al gobierno cubano.

William LeoGrande, coautor de un libro sobre conversaciones secretas entre Washington y La Habana que llevaron a la distensión bilateral, dijo que las nuevas sanciones "no serían una sorpresa", pero añadió que posiblemente sea más que nada retórica.

En la Cumbre de Lima, el vicepresidente estadounidense Mike Pence calificó a la revolución cubana como "un régimen comunista cansado" que negó los derechos básicos a su pueblo. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, le respondió que "el vacío moral del gobierno de Estados Unidos no puede ser, no es una referencia para la América Latina y el Caribe".

Las señales conducen a los líderes de Cuba y de Estados Unidos a un territorio familiar luego de casi seis décadas de hostilidades.

El ánimo es muy distinto al de la Cumbre de las Américas de Panamá en 2015. Allí, Obama y Castro se reunieron por primera vez y estrecharon sus manos cuando el exmandatario estadounidense había dicho que una política para aislar a Cuba era contraproducente.

Recuerdos de Bahía de Cochinos

El discurso de despedida como presidente el jueves de Raúl Castro coincidió con el aniversario 57 de la victoria de Cuba en Bahía de Cochinos sobre una fuerza exiliadacubana financiada por la CIA que intentó derrocar a Fidel Castro en 1961.

Castro, que tuvo palabras fuertes, dijo que el lenguaje de Trump era "agresivo y amenazador" y acusó a su administración de gastar millones de dólares en la "subversión".

Los países no han roto sus relaciones diplomáticas ni abandonado sus conversaciones, que fueron restablecidas luego de la distensión de 2014.

Pero la cifra de diplomáticos de Estados Unidos en La Habana sólo es de 12, menos que en la era de la Guerra Fría y menos de un tercio que en 2015 cuando la embajada reabrió sus puertas. La presencia de Cuba en Washington también disminuyó.

La mayoría del personal de la embajada restante se encuentra allí por temas administrativos o de seguridad, según un análisis de Reuters sobre información públicamente disponible en Estados Unidos.

La disminución se desencadenó en parte por una avalancha de incidentes inexplicables que Washington ha dicho que han afectado la salud del personal de su embajada.

Algunos disidentes en Cuba y exdiplomáticos estadounidenses dicen que la escasez de personal perjudica el objetivo declarado de Washington de promover movimientos en favor de la democracia.

Sin un jefe de la policía, ni funcionarios que atiendan los derechos humanos en la embajada, los disidentes sostienen que les resulta más difícil hablar con los funcionarios de Estados Unidos. Y que la embajada imparte menos talleres y seminarios.

Con prácticamente ningún servicio consular disponible en La Habana, los cubanos tienen ahora que viajar al extranjero para obtener visados para ingresar a Estados Unidos.

"Considero que las medidas de Trump son absolutamente absurdas. Están más cerradas en estos momentos las relaciones o el acceso a la embajada que cuando estaba la Sección de Intereses", dijo la activista cubana Miriam Leiva, en alusión a la misión estadounidense en La Habana previo al restablecimiento de las relaciones en 2015.

Vicki Huddleston, exjefa de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, afirmó que las restricciones eran un retorno a una política fallida que perjudicaría al pueblo cubano.

"Estamos actuando en contra de nuestro propio interés nacional, porque estamos empujando a Cuba hacia Rusia y China", que están invirtiendo en ausencia de empresas estadounidenses, señaló.

Reporte adicional de Nelson Acosta en La Habana, Mitra Taj en Lima y Zachary Fagenson en Miami. Escrito en español por Nelson Acosta.

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