Mijail Mulkay, Juan Carlos Cremata y Carlos Ponce Foto © Cortesía del autor

Memoria del Exilio: "Viva la vida"

Este artículo es de hace 2 años

Una avalancha de acontecimientos se precipita.

Como estos días, insoportables, llenos de tanta humedad. Grisura vestida, vertida, verticalmente, desde el cielo. Que llora. Cuasi expresando la amargura, que se retuerce, e, injusta, ladina, mezquina, cruel y sin compasión, aparenta regodearse, reciente, sobre la tierra.

Todo pájaro caído, lacera. Todo avión que cae desconsuela. Resucita viejos-lúgubres recuerdos. Ratos oscuros, aciagos, que a nadie deseo.

Pero quizás lo que más revienta es constatar tanta inhumanidad manifiesta en los selfies de jovencitos, que entre risitas mostraban pedazos de cuerpos despedazados, llamándolos “mondongos”, los despreciables rateros, rellenando sus miserables-putrefactas arcas, en medio de la desgarradora desgracia, las mangueras podridas, sin agua, de unos bomberos impotentes, reportajes televisivos, interesados en mostrar las bondades de un sistema precario y caduco. Y, cerrando con broche de oro, el Estado anunciando que no buscará culpables.

¿Para qué?, habría que preguntarse. Si sabe que son ellos mismos.

Realizarán entonces una investigación por pura curiosidad, morbo, o chisme. Porque el chiste oficial de que es “para prevenir accidentes futuros” es bastante intragable e hipotético. La prueba más fehaciente es que sabiéndolo de antemano – y existiendo pruebas contundentes, que anunciaban la tragedia, desde hace rato - no pudieron precaver, y así evitar el infausto desastre.

Y pasará el tiempo.  Y no habrá respuesta satisfactoria alguna porque la muerte es una costumbre que se olvida fácilmente.

Y tendrán que pasar miles de tipos-especies de aves sobre el mar para que el pesar se asiente, en quien lo experimenta de cerca. Y el dolor, que nunca jamás olvida, se acomode y aderece, en parte de - y partiendo - nuestras almas. Como se rompe, en menudos pedazos, la porcelana. Y, ni un médico chino, la repara.

He pasado por ese luto. Sé de lo que hablo. Y me resisto a vivirlo de nuevo.

O a dejarme embargar por la ira, el desaliento, la aflicción o la desesperanza.

Espantado de todo me refugio en el cumpleaños – dieciséis - de mi hija. El mismo día en que se cumple la proclamación de la República de Cuba. * Allá en La Habana. Bien cerquita de donde ocurrió el siniestro.

* siempre bromeo, con esta coincidencia, al decir que con su nacimiento, lo que me cayó encima, fue un 20 de mayo. Qué, además, hace esquina con Ayestarán.

La aflicción, por no verla, se suma a la melancolía propia de estas anubarradas jornadas. Desde lejos le abrazo, le beso y trato de protegerle. Con todo el cariño del mundo.

Sólo tres días después, otro alborozo, al recalar en el cumpleaños - ochenta y dos - de mi querida madre.

Justo, además, el mismo día en que se anunciara la muerte de quien fuera señalado como el principal asesino de mi padre. ¡Cosas de la vida! ¿Oportuno e irónico regalo?

Al que unos insisten aquí en aplaudirle como héroe, altruista, o aguerrido patriota. Aunque no existen pruebas de que haya eliminado a nadie verdaderamente importante. Alegan que es inocente porque él siempre negó haber tenido que ver con los monstruosos hechos de los que se le acusa. Pero, lo mismo sucede, con el noventa y nueve por ciento de todos los criminales. Ninguno, jamás, se ha declarado culpable de homicidio alguno. Incluso, en el proceso de Nuremberg. Donde, dicen, terminó el fascismo. Pero yo pienso que en verdad aprendió a enmascararse, disfrazándose de socialismo. O travestido de nacionalismo, excesivo y a ultranza.

Otros, que durante años nos vendieron su imagen, como la de un desalmado, e impune terrorista, también lo fueron, y aún lo siguen siendo, todavía, con un largo historial de falacias y atropellos a los más elementales derechos humanos. El mismo autoritarismo, sanguinario, que ha desahuciado, históricamente, a nuestra tierra. La estrecha intolerancia arcaica, vetusta, camaleónica, medieval, artera, y al parecer, parte definitoria de nuestra nación. Porque somos terreno fértil, para continuos caudillos, tiranos, dictadores, guapos - a lo Cheo Malanga - matarifes, generalatos, castradores y castrenses, intolerantes, indolentes y malsanos, que avasallan la existencia de los demás.

Muchos años llevan mintiendo, ocultando, falsificando y tergiversando, la historia, como para seguirles creyendo un ápice de lo que tanto pregonan, berrean, publicitan, o cacarean. Y es más que evidente, el deplorable estado en que tienen sumido al país en nombre de un “pueblo” al que no respetan, y, continuamente, le exigen sacrificios, que costean sus vidas, de lujo monárquico, con yates, en cayos privados-adyacentes, o en la costa de Turquía. Para los cuales no hay, ni ha habido, jamás, bloqueo. El legado de muertos, arbitrariedades, expropiaciones, desfalcos, derrumbes, precariedad, abusos, familias divididas, exilios impuestos, economía maltrecha, grosería, vulgaridad y ultrajes, de todo tipo, es aún más tremendo. Y engrosa, cada día, un listado de desafueros cometidos, a lo largo de más de medio siglo.

Y ni una cosa, ni la otra, le devuelven la vida a mi papá.

A quien recuerdo vivo, joven, jodedor y sonriente. Al que nunca podré llamarle “viejo”, porque mi memoria, lo dibujará, para siempre, lozano, rozagante y contento. Algo que debo, en cierta medida, agradecer. Y que lo catapulta, al pináculo de la dignidad humana, con su irrefutable condición de mártir.

Lo que murió ahora, en cambio, es el cadáver de alguien que para mí había muerto hace muchísimo rato. Tuve la ocasión de topármelo en un restaurante de Miami. Y viré la cara hacia otro lado donde un par de amantes ancianos se devoraban con renovada lujuria. Lo conté en estas crónicas antes. No me gusta la guerra, ni en película. Y puesto a escoger, entre confrontación y choteo, prefiero lo segundo. Simplemente me burlo. Es un mecanismo de defensa. Como algunos amigos, comúnmente, en un velorio, los nervios me confunden y me río. Además, viví más de veinticinco años frente a una funeraria. Es decir ya le cogí la gracia.

Tampoco a mí nada me resuelve establecer culpabilidades que en definitiva siempre quedan sin castigo. Está más que demostrado. Porque no es, ni será el primer culpable, que muere, en su cama, sin pagar el haber hecho tanto daño. También O. J. Simpson fue declarado inocente. Y hay un montón de casos, en el orbe, a lo largo de la Historia, de juicios amañados, arreglados o vendidos. Y hasta elecciones. Miren hacia Nicaragua y Venezuela. La justicia es una fútil quimera. Peripecia de telenovela.

Hace poco, alguien me preguntó, el porqué muchos artistas o personas buenas se nos van tan rápido y tan pronto.

- Porque lo más triste y doloroso, es que los malos y los hijos de puta se demoran demasiado en hacerlo. – le respondí.

Por todas partes – allá y acá - huelo al mismo exacto magnicidio.Y ya me han soplado demasiados paquetes, guayabas, cuentos chinos y hasta de hadas - por todos lados, y durante tanto tiempo- que sólo puedo - y no me queda otra opción que  creer, con los ojos bien abiertos únicamente en mí.

No me dejaré avasallar, entonces, por quebranto alguno.

Tribulaciones, ¡fuera!

¡Llora, pero en la puerta! – como grita Bernarda.

Pongo entonces a Doris Day – la preferida de mi padre - en YouTube. Y la escucho, a todo volumen, cantar mientras me dirijo a un trabajo, efímero y fugaz, que he logrado, al vuelo, por suerte, atrapar:

“¿Qué será? Será.

Whatever will be, will be.

The future’s not ours to see.  

¿Qué sera? sera.

What will be, will be.”

Me he atrevido a agarrar, por vez primera un tramo largo por el expressway. Completamente solo y en la camioneta que me prestó mi amigo americano. Desde chiquito, me asusta la proximidad de los carros en la vía rápida. Y aquí conducen como locos. No hay respeto ni cultura ciudadana. Es un “sálvese el que pueda”. Me aterra la velocidad. Y no mantengo muy buenas relaciones, con la española que me habla, desde el GPS. Aunque intenta ayudarme, me cecea, con una pedantería, altanería y pesadez tales, que me hace sentir colonizado. No le hago caso Y en ocasiones, eso me hace dar vueltas y más vueltas. Como mordiéndome la cola. Obligándome a hacer de tripas – oídos - y corazón, para llegar, sano y salvo, a la filmación del comercial que he enganchado. Por suerte. Y por precaución, salgo bien temprano. Lo que quiere decir que no hay mucho tráfico alborotado.

Es la misma campaña publicitaria para la que trabajé el pasado año, por primera vez. En esta ocasión, disfruté, enormemente, dirigir al actor cubano – y amigo - Mijail Mulkay. Junto al afamado modelo, cantante, e intérprete boricua, Carlos Ponce. Dos amores de personas. Fue un vacilón trabajar en lo mío, aunque sólo fuera, durante un único llamado. El mejor relax para todas estas datas, tan luctuosas, y tan tensas. Arropado por un equipo super-profesional, recursos al alcance de la mano, respeto, calidad, eficiencia, jama. Y la edificante sensación, de estar aprovechando, al máximo, mi incansable capacidad de trabajo y el universo, entero, de mi obstinado talento.

¡Sublime maravilla para el alma divertir!

Siempre he pensado, qué, si a todos nos toca, por libreta, experimentar terribles momentos, ¿para qué, entonces, incrementarlos? Persigo, por lo tanto, lo más posible, la buena vibra. Y los lindos momentos, que me ayuden a continuar, la existencia, por un mundo tan deshumanizado, cochino y pesado.

A la engañosa, e inhumana, alternativa - totalitaria, y sin salida – que proclama un “Patria o Muerte” me opongo, con un eterno, sonriente, edificante, impostergable e ilusionante "Viva la Vida".

Estoy híperconvencido de que eso es lo que más querían – y quisieran –nuestros muertos más queridos.

Tecleando, el punto final, de la anterior oración - ¡qué curioso! – salió el sol.

Este artículo es de hace 2 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.