Miguel Díaz-Canel Foto © Cubadebate / Irene Pérez

Comandante en Jefe: ¡Tuitee!

Este artículo es de hace 2 años

Veinticuatro horas y tres tweets después, Miguel Díaz-Canel tiene más de 15 mil seguidores en Twitter y todavía él no sigue a nadie. Ni siquiera al tiranuelo Maduro, que le recibió con bombos y platillos en Twitter y que sí le dio follow inmediato a su estrenada cuenta. Sus tres tweets son un fresco representativo sin igual: marcan, quizás sin proponérselo, todo el espíritu del individuo que supuestamente los tecleó y de lo que él representa.

Miguel Díaz-Canel se ha empeñado en presumir de juventud. Quizás en un mundo donde existen Emmanuel Macron y Justin Trudeau esto parezca absurdo pero tratándose de Cuba, el paraíso gerontocrático universal, algo de sentido tendrá.

Su empeño pasó por bailes de casino (con cuestionable ritmo y destreza, todo hay que decirlo), toques de tumbadora y ahora Twitter. El guiño a uno de los gigantes que le agasajaron en Nueva York.

El problema es que su intención rejuvenecedora parece más la de un Dorian Gray egoísta que la de un Peter Pan que se llevaría a todos a la Isla de Nunca Jamás, a que cada quien gozara del milagro de la juventud.

Mientras Díaz-Canel tuiteaba este 10 de Octubre sin pagar de su bolsillo una ominosa tarjeta Nauta, cientos de miles de jóvenes cubanos se apilaban en aceras, bancos, parques soleados, muros sucios, para conectarse con el mundo. Y eso lo hacían luego de pagar el equivalente a medio salario mensual promedio. No es justo. Es inmoral.

Es inmoral que el presidente cubano presida más al mundo que a los suyos. Que conceda su primera entrevista como dignatario cubano a Telesur, que no es un medio nacional, y que escriba tweets en una red social a la que no tiene acceso la vasta mayoría de los ciudadanos a los que en teoría él representa.

Es inmoral que el presidente cubano presida más al mundo que a los suyos

Sus tweets simbolizan la falta de sabor, de seso, de intensidad, que caracterizan a este hombre y a su presidencia.

El primero, para mostrar una foto de su visita a La Demajagua en ocasión del 150 aniversario del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes. Sus hashtags, un primor: #SomosCuba y #SomosContinuidad.

El segundo, para dar unas timoratas gracias a sus seguidores por el “apoyo”. Y para repetir hashtags. Y el tercero para mostrarse a unos mil kilómetros de La Demajagua, en Pinar del Río, comprobando los daños del Huracán Michael. Y para repetir hashtags una vez más, que no se diga.

Alguien tiene que decirle al Comandante Canel que debe parar de insistir en que él es continuidad. Lo dijo en su toma de posesión presidencial. Lo dijo en su entrevista a Telesur. Lo dijo en Naciones Unidas. Lo dijo en su primer, y segundo, y tercer tweet. Por el amor de Dios, que alguien le diga que ya le creen, que se tranquilice, que no le guillotinarán todavía, que se relaje con la tángana de la continuidad.

Pero por encima de la anécdota tuitera del presidente cubano empeñado en bailar, tocar y tuitear, queda el amargo de la hipocresía y el doble rasero: es imposible rejuvenecer un país, echarlo a rodar en el siglo XXI, cuando de golpe y porrazo se pretende amputar la creatividad artística, por ejemplo, ciñéndola a un Decreto 349 que se parece más a una porra policial que a una ley para el arte.

Si algún humanista centrado tuviera Miguel Díaz-Canel a su lado, y si el discurso de informatizar al país, modernizarlo, no fuera más bien un anzuelo para atraer empresas que sustenten al mismo aparato de siempre, ese humanista debería susurrarle al presidente que los cubanos no necesitan un tuitero bailador y rumbero. Necesitan un hombre que ame más la libertad verdadera que las consignas. Y que ame, sobre todo, la libertad de los otros. Eso que le llaman estadista y de lo que carecemos los cubanos hace demasiadas décadas ya.

Este artículo es de hace 2 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Ernesto Morales

Periodista de CiberCuba

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