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El sueño americano también empuja a los africanos a migrar a través de Latinoamérica

Unos 1.900 africanos ingresaron a México en los primeros cuatro meses de 2019, la cifra de ha triplicado en relación con el mismo período del año anterior.

Niños refugiados de Uganda (imagen referencial) © Wikipedia
Niños refugiados de Uganda (imagen referencial) Foto © Wikipedia

Este artículo es de hace 4 años

TAPACHULA, México, 5 jul (Reuters) - Huyendo de la violencia política luego que la policía incendió su casa, Marilyne Tatang, de 23 años, cruzó nueve fronteras en dos meses para llegar a México desde Camerún.

La mujer, quien tiene ocho meses de embarazo, planea tomar pronto un autobús hacia el norte y luego cruzar una décima frontera, la de Estados Unidos.

Pero ella no está sola: un número récord de africanos está viajando a Sudamérica para, luego de recorrer miles de kilómetros de carreteras y un peligroso bosque tropical, llegar a Estados Unidos.

Tatang tomó una balsa y cruzó el río Suchiate para llegar a México el 8 de junio, un día después que el gobierno de ese país llegó a un acuerdo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para aminorar los flujos de migrantes que van hacia el norte, los mayores en más de una década.

Los migrantes que buscan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos son principalmente centroamericanos. Pero un número creciente de nativos un puñado de países africanos se está uniendo a ellos, lo que ha provocado quejas de Trump y México a otras naciones latinoamericanas para que les frenen el paso.

A medida que cada vez más africanos aprenden, de parientes y amigos que han hecho el viaje, que cruzar de América Latina a Estados Unidos es difícil pero no imposible, más se están lanzando a la travesía y, a su vez, están ayudando a otros a seguir sus pasos, dijeron expertos en migración.

Las amenazas de Trump contra los migrantes han hecho eco en a todo el mundo, lo que, paradójicamente, estimula a algunos a aprovechar lo que ven como un último resquicio, dijo Michelle Mittelstadt, directora de comunicaciones del Instituto de Política de Migración, un grupo de expertos con sede en Washington.

Los datos de la Secretaría de Gobernación de México sugieren que la migración desde África batirá récords este año.

El número de africanos que ingresaron a México se triplicó en los primeros cuatro meses de 2019 frente al mismo período del año anterior, llegando a unas 1,900 personas, en su mayoría de Camerún y la República Democrática del Congo, países inmersos en conflictos fratricidas.

"ME HABRÍAN MATADO"

Tatang, una maestra de escuela primaria, contó que dejó su natal Bamenda, en el noroeste de Camerún, por el recrudecimiento de la violencia en la región de habla inglesa, donde los separatistas luchan por la autonomía del gobierno de habla francesa.

"Quemaron la casa donde vivía (...) me habrían matado", dijo Tatang refiriéndose a las fuerzas gubernamentales que intentaron capturarla.

Al principio, Tatang sólo planeaba cruzar la frontera hacia Nigeria, pero oyó que algunas personas habían llegado hasta Estados Unidos.

"Así que pregunté si era posible para alguien como yo, porque estoy embarazada. Ellos dijeron: 'Haz esto, haz aquello'", recordó frente a las oficinas de migración en la ciudad de Tapachula, en el sur de México.

Tatang le rogó a su familia el dinero para el viaje, que dijo que hasta ahora ha costado unos 5,000 dólares.

Su travesía comenzó con un vuelo a Ecuador, dijo. Luego Tatang viajó en autobús y a pie a través de Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala hasta llegar a México.

Todavía está decidiendo qué hacer una vez que llegue a la ciudad mexicana de Tijuana, en la frontera con Estados Unidos.

"Sólo preguntaré", dijo ella. "No puedo decir: 'Cuando llegue allí, haré esto'. No lo sé. Nunca he estado allí".

Reuters habló recientemente en Tapachula con cinco migrantes de Camerún, República Democrática del Congo y Angola.

Cédric, de 21 años y quien pidió omitir su apellido, dijo que había sufrido en su natal República Democrática del Congo, donde vio a mucha gente morir a manos del Ejército por lo que esperaba que otros también dejaran pronto el país.

"Allá en África es feo. La gente se está muriendo", dijo.

El agotador viaje latinoamericano obliga a los migrantes a pasar al menos una semana recorriendo la impenetrable selva del Tapón de Darién, una de las regiones más intransitables de la región, que conecta Colombia con Panamá y que ha sido descrita como "el pedazo de jungla más peligroso del mundo".

Sin embargo, la ruta tiene una ventaja clave: los países de la región generalmente no deportan a migrantes de otros continentes debido, en parte, a los altos costos del retorno y la falta de acuerdos de repatriación con sus países de origen.

CADA VEZ MÁS REFUGIADOS

La volatilidad política en Camerún y la República Democrática del Congo ha llevado al desplazamiento de cientos de miles de personas en los últimos años.

Los congoleños conformaron el tercer grupo más grande de nuevos refugiados a nivel mundial el año pasado, con cerca de 123,000 personas, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, mientras que la población desplazada de Camerún creció en 447,000 personas.

El número de migrantes africanos indocumentados encontrados por las autoridades mexicanas se cuadruplicó en 2018 en comparación con 2013, llegando a casi 3,000 personas, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Gobernación de México.

Los migrantes africanos con los que Reuters habló dijeron que viajaron a Ecuador o Brasil como puntos de partida. Ecuador no requiere visas para varios países, incluyendo Camerún, Angola y la República Democrática del Congo, mientras que Brasil acepta solicitantes de asilo.

Al igual que los centroamericanos, gente de otros países, incluyendo África, también se presentan con familias esperando entrar a Estados Unidos antes de que Trump endurezca aún más las condiciones, dijo Mittelstadt, del Instituto de Política de Migración.

"Este mensaje se está escuchando no solo en Centroamérica, sino en otras partes del mundo", dijo.

(Traducido por Diego Oré. Editado en español por Ricardo Figueroa y Javier Leira)

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