Paradas en La Lisa, La Habana Foto © CiberCuba

"Las calles este fin de semana han sido la viva imagen de la desesperación de la gente"

En los últimos días hemos visto burlas de todo tipo en torno a la “coyuntura energética” que atraviesa la isla. Las redes han servido para compartir desde un póster de presentación de un documental de Netflix y un selfie del Período Especial hasta la fotografía de un carro halado por bueyes. También en las calles se extienden los chistes sobre la crisis que se vive en Cuba.

Joel es el clásico cubano que se ríe de lo malo que le pasa. “Hay más de un chiste que se oye ahora mismo, pero el que más me gusta es el del hombre que trae dos noticias: una buena y una mala. ‘¿Cuál es la mala? -le pregunta un amigo’. ‘Que comeremos hasta piedra’. ‘¿Y la buena?’. ‘Que será por la cuota’”.

De acuerdo con el peluquero de 36 años, “realmente las noticias son de todo menos buenas, pero hay que cogerlas lo mejor que uno pueda porque por el camino que vamos lloverán los infartos. Las personas andan como locas en las calles, se molestan, se empujan, se gritan.

“No obstante, lo que peor está es el cinismo del presidente Miguel Díaz-Canel de pararse en televisión nacional a decir que los cubanos enfrentaremos las dificultades con un carácter alegre y optimista. Se ve que él no tiene que preocuparse por correr detrás de una guagua, ni buscar qué comer o inventar gas para cocinarlo, ni tener corriente para no dormir ahogado de calor.

“Si alguien quiere conocer cómo se están tomando realmente los cubanos las medidas de la 'coyuntura energética' solo tiene que pasar por una parada y detenerse a oír los agrios comentarios de la gente o ver cómo un padre mete a un niño de tres o cuatro años por la ventanilla de la guagua para poder llegar a su casa”, apunta el cuentapropista.

Asimismo, otros cuentos salidos del invento popular plantean que “habrá que llenar un pomo de cocuyos para poder alumbrarse” o que “tendremos que subsistir tomando sopa de caracol africano”.

La opinión de Antonio, encargado de un punto de venta de frutas, viandas y hortalizas, se centra en que “han dicho que hay que ahorrar combustible, pero no de lo imprescindible que es la captación de divisas. No podemos sentarnos a esperar a que Estados Unidos cambie su política para resolver nuestros propios problemas.

“Las calles este fin de semana han sido la imagen viva de la desesperación de la gente. Apenas se puede caminar por donde quiera que haya una tienda, un mercado, un cajero. Decenas de personas caminando, comprando compulsivamente como si viniera el ciclón más grande de la historia; acaparando lo que pueden, sobre todo comidas enlatadas, pensando en que viene una mayor escasez.

“¿Qué crecimiento económico pretendemos lograr si diariamente hay menos recursos? Ojalá no digan que no se pueden entrar aires acondicionados o refrigeradores porque mi hermano me los tiene comprados en Miami y me los trae en diciembre. De todas formas, no tendré muchas oportunidades de usarlos por los apagones. Que publiquen los horarios de los 'alumbrones' para que podamos al menos adelantar las labores domésticas”, explica el trabajador privado.

Desde la óptica de la artesana Ileana, de 37 años, “está claro que el tema más sensible es el transporte porque las personas necesitan ir de un lugar a otro para estudiar o trabajar. ¿Qué ocurrirá con aquellas que necesitan moverse de una provincia a otra por problemas de salud o de urgencia familiar y que no caben en los pocos ómnibus que están saliendo? El transporte es una importante opción de ingreso diario al sistema económico del país.

“El descontento popular es grande. Allá el tonto que se crea que las afectaciones serán mínimas porque la realidad contradice lo que han estado diciendo en la Mesa Redonda y el noticiero de televisión. Creo que tendremos que comprar mulos y caballos para la transportación porque esta situación pica y se extiende.

“A pesar de que se ha dicho que el transporte estatal debe recoger a los pasajeros, los carros y los ómnibus de empresas como Gaviota y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, no recogen a nadie, incluso cuando pasan vacíos. ¿Acaso los militares están ajenos a lo que ocurre en la isla?”, dice.

A tenor con lo que afirma un estudiante del centro universitario CUJAE “no pude llegar a clases este sábado porque estuve en la parada desde las seis de la mañana y a las nueve pasó el primer ómnibus (P) y no pude ni irme en la puerta.

“Había dos inspectores estatales en la parada, de esos que llamamos 'azules', pero detenían a los carros estatales vacíos y los choferes les daban 'muela' y seguían vacíos su viaje, dejando a decenas de personas tiradas allí.

“De cuarenta estudiantes que hay matriculados en mi aula solo llegaron cuatro. Espero que los profesores sean flexibles con las impuntualidades y ausencias porque no sé cómo haremos una carrera universitaria sin tener transporte. Uno de mis compañeros, que fue de los suertudos que pudo llegar a la escuela, tuvo que caminar como 10 kilómetros para poder regresar a su casa.

“Las mejores opciones en este negro panorama serán la tracción animal y la bicicleta. No sé si darán bicicletas por las escuelas y los centros de trabajo, pero esa es la alternativa más económica y menos contaminante. Si estuviéramos bien comidos, serían una opción súper saludable. Lo que pasa es que no somos europeos y con la falta de alimentación que tenemos cuando usemos durante un mes la bicicleta nos desmayaremos en cada esquina”, refiere el joven de 25 años.

Un estudiante del Instituto de Farmacia y Alimento, que pertenece a la Universidad de La Habana, pero que radica en La Coronela, La Lisa, confirma en Cubadebate que “por más esfuerzo que haga no puedo llegar a tiempo a la escuela ya que vivo en Alamar y no hay transporte escolar”.

Según denuncia un usuario en el mismo sitio web, “el ministro de Energía y Minas informó que el problema era con el diésel, que se garantizaba la gasolina para todos, incluso los privados, y ahora voy a echar gasolina y dice el pistero que la gasolina es solamente para carros del Estado que traigan una autorización del gobierno. ¿Entonces quién dice la verdad?”

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