Carlos Ferrera, amigo de Facebook de Juan Carlos Cremata Foto © Facebook / Carlos Ferrera

Memoria del Exilio: en defensa de Caín

“Quema mi cerebro y te llevaré en la sangre” Rainer María Rilke. *

(No sé dóndepin… lo dijo, pero lo encontré en Internet, de casualidad y me cuadra como exergo. ¡Igual, lo sentenció un anestesiólogo y se lo atribuyeron al escritor austríaco!)

Cada vez que me bloquean a Carlos Ferrera en Facebook - aunque él se lo busque - me cago en Dios.

Repetidas veces.

Así de simple, pura, fétida, directa y escatológicamente. 

Con la misma pasión ciega y desmedida con que le rezo - mucho más que el Papa - en cuanto me monto un avión, o atravieso cualquier trance difícil.

Como me defeco - orino y vomito - en la dictadura cubana - y sus once mil secuaces - a diario, como un hábito, o un reflejo condicionado y hasta casi por deporte.

Es como el regocijo de la ignorancia lo que ellos promueven y al que evoco cuando deposito mis excrementos. Físicos y mentales. 

Y no defiendo a un amigo, sino al derecho de expresarse libremente!

Demente es todo el que ampare el silencio.

¡Hipócrita, además! Sea de la fracción que sea. ¡Hablando se entiende la gente!

Porque callándolo a él, silencian - conocimientos, risas, bretes, chismes, alegría, cultura y sapiencia - al resto.  O, por lo menos, a los muchos - bastantes - que pensamos como él.

Quiero decir, nos obligan a comunicarnos, de todas maneras - en la guerra como en la paz… - clandestinamente. Sotto voce en medio de una constante balacera.

Quien lo denuncia - lo acosa, lo lee, lo estudia, al detalle y espera el mínimo resquicio de moralina “zuckerbergriana”, para chivatearlo, ¿qué gana? 

Además de desconocimiento, incultura, ineptitud, inconsciencia, analfabetismo, torpeza, oscurantismo, olvido, omisión, inexperiencia… Lo cual parece mucho, pero, puede resumirse en: burrada.

Yo, bloqueo si me disgusta. Y si denuncio lo hago público. Puedo sentir el orgullo de nunca haber acechado sobre la vida de otros, especialmente, los que no me interesan.

Me cuesta entender a la gente que se dedica a vigilar a los demás. Sobre todo, por el poco tiempo que le dejan a sus, al parecer, empobrecidas, existencias. 

Es como el pensar prieto y despreciable de un Ramón Mercader.

Que conste, para Carlos, su censura no es un gran problema.  

No abogo por un amigo - al que, ni siquiera, conozco en persona - sino por un intelecto. Para mi orgullo personal, me ha solicitado que le escriba un prólogo introductorio al nacimiento de su primer libro. Espero estar a su altura. Y que vengan muchos más.

Le sanción le da mucho más espacio para escribir otras cosas. * y ver la corrida desde las gradas.

Con las que nos bombardeará, de nuevo y a Dios gracias, en las siguientes temporadas. Se le sigue como a una serie importante de Netflix.

Por eso, al SOPLÓN - y sus otras chicas del montón - quién sea, que acusa - como si es la misma mojigatería facebuceana - me permito emplazarlo(s) públicamente.

Sí, Dios, te reitero, Abel era y es un pendejo.

Un niño mimado que se creyó ser el centro del universo.

¡Claro! Mientras yo me reventaba las manos, en el surco, tratando de sacarle algo decente de comer; él iba, de aquí y para allá, con sus ovejitas, obedientes, bobas, be, be, be, be, con su flautica de caña, sus horas perdidas y sus baladas.

¡Estaba en Belén con sus pastores!

Y el que lo mató no fui yo.

¡Fuiste tú!

Que nos echaste a competir entre hermanos.

Para que, de contra, te me bajes con la preguntica de que dónde está.

Dime, a ver, ¿tú no eres Dios?

¿A qué viene tu sacro santo sarcasmo?

Si eres, en verdad, omnipotente, omnipresente y omnisciente, ¿cómo no pudiste haberlo impedido?

Pero, no; lo propiciaste.

Me tendiste una cama para escogerme como ejemplo de castigo.

Elegiste la maldición para mí, ¡qué noble eres!

Me censuraste y marcaste a perpetuidad el emigrar errante.

¿Sabes qué? ¡Déjale a Abel ese su templo de muerte, sagrado e inmóvil!

A mí dame, en penitencia, el mundo con el destierro al que me obligas.

Si ya no serán más míos los frutos de mi tierra… Pues, no me queda otra opción que conquistar el cielo, en volubles geografías…

Andaré a la caza de la aurora boreal

Caín aportó el primer villano para las telenovelas y la radio.

Fue el primer “malo de la película”.

El segundo desterrado en la “historia” de la humanidad. Medalla de plata. 

Porque su madre y su padre lo “sufrieron” primero, con la expulsión del paraíso, después de que Adán le diera de comer a la serpiente propia, que aún irrumpe entre sus piernas.

Era, asimismo, el pseudónimo de Guillermo Cabrera Infante. 

¡Grande entre los grandes de nuestra literatura!

También silenciado en Cuba. * ¡Qué casualidad!

Como su guarachera mayor, Celia Cruz, la divina y tantos, tantos muchos, demasiados, otros.

Nada molesta más a los poderosos, o resentidos, que la burla.

La risa les incomoda, no pueden con ella.

Y Carlos Ferrera es, para mí, el mejor exponente del choteo cubano contemporáneo.  

Es, él, de los cubanos que me enorgullece.   

Aún con sus defectos. Que todos los tenemos. Pues NADIE ES PERFECTO.

Se mete con malanga y su puesto de viandas.

No deja títere con cabeza.

Mataperrea - a veces, incluso mariposea, frívolamente, mas, siempre elegante, punzante y sonante, en medio de la mediocridad que inunda el microcosmos, solariego, de las redes sociales. *  

Que son lo menos sociales que se ha inventado. Empero, sociables. Todos vivimos pegados a alguna pantalla. Ya, casi, ni vemos lo que pasa a nuestro alrededor.

Porque él despliega cultura, exquisito sentido del humor, hondura, onda, chaonda, swing - su intriga - guarararey, mendó, rikera, maravillidez, sucu sucu, encanto, soltura, savoir faire, estilo, gracia y fluidez.

Sea verdad - lo que se lea - o no, es cierta la alegría de nación que se desparrama al ojearle *

Inspira. Súbito, de un salto arranca, hurtase, se quiebra, gira, abre en dos la cachemira y ofrece su bata blanca.

¿Quiénes lo odian?

Los amargados, los resentidos, los aburridos, lo que les gusta el orden, lo convencional, lo establecido, aunque, por debajo, siempre, por supuesto, algo esconden.

Esos a los que nadie, siquiera, conoce. Y, mucho menos, tienen a alguien que deposite la vista sobre lo que escriba, * o publique.

Si es que lo hace, sin odios. Y empleando cultivada gramática y/o ortografía.

¡Frustrados!

Por culpa de esos, Carlitos, no pudo asistir a las honras fúnebres de su adorada-odiada diva en zapatillas de punta, empecinada en ser eterna.

Ni tendremos, en vivo y en directo, una opinión sentada sobre la contienda que se desata en las afueras de su casa, en Barcelona, por estos días.

Nos quedamos sin sus viajes al pasado y su fina ironía.

Ganan: el hastío, el tedio, la inapetencia y la apatía.

¡Victoria pírrica!

Las puertas que Carlos Ferrera abre - al saber, como al pensar diferente - igual, ya están abiertas.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.