500 años: La Habana, ciudad Lázaro

Los dictadores suelen demoler zonas de su ciudad para hacer obras que les perpetúen, como hicieron el Barón Haussmann, en París,  y Ceausescu, en Bucarest. Nuestro caso es único, un dictador demuele una ciudad, un país, y se perpetúa en una piedra.

Tributo a La Habana Lázaro Foto © Rolando Paciel González

Este artículo es de hace 1 año

Mi relación con la ciudad, mi Habana, no es una relación constructiva, técnica. Es una relación profesional, sí, pero más visceral, que podría llamarse artística si esta no fuera una palabra muy superficial, casi tonta por el drama que nos ocupa.

En mi obra le llamo Ciudad-Lázaro por sus llagas y muletas, por nuestra fe en algo que nos ampare. No sé si alguien va al Rincón a pedirle cemento, ladrillo y arena al Milagroso que los cubanos trasmutan en una trinidad mágica y trágica: Obispo de Betania, Babalú Ayé y el Lázaro arrojado a las puertas del rico Epulon.
  
Creo, y en eso el marxismo tiene una certeza absoluta, de que la arquitectura de las artes es la que refleja de manera más exacta e ineludible la sociedad. Se puede hacer canciones y cantarlas por el mundo alabando a un régimen, exponer pinturas, carteles. Dar discursos interminables a intelectuales ciegamente afines. Se puede premiar a una persona por su trabajo en aras de la restauración, pero en la realidad es que, en todo sentido, “La Habana no aguanta más”. 

La vida es la vida, la ciudad con sus tristezas está ahí, la gente vive entre ruinas, la instalación sanitaria se conecta a los bajantes pluviales y los excrementos salen en las aceras, y cuando no hay agua simplemente se tira por la ventana. Para conocer a una sociedad solo hay que salir a la calle, andar un poco, respirar, sí, respirar, cada ciudad tiene su olor y el nuestro no es muy aconsejable. Si los discursos olieran no puedo imaginar una Plaza de la Revolución llena.

Los dictadores suelen demoler zonas de su ciudad para hacer obras que les perpetúen, como hicieron el Barón Haussmann, en Paris;  y Ceausescu, en Bucarest. Nuestro caso es único, un dictador demuele una ciudad, un país, y se perpetúa en una piedra.
 
Espero que nuestro destino y el de nuestra querida Habana lo decidamos nosotros y no “una piedra del camino”, como en el famoso corrido mexicano.

Este artículo es de hace 1 año

Archivado en:


¿Tienes algo que reportar? escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +1 786 3965 689

Necesitamos tu ayuda:

Como tú, miles de cubanos leen y apoyan el periodismo independiente de CiberCuba. Nuestra independencia editorial comienza por nuestra independencia económica: ninguna organización de ningún país financia CiberCuba. Nosotros hacemos nuestra propia agenda, publicamos nuestras opiniones y damos voz a todos los cubanos, sin influencias externas.

Nuestro diario se ha financiado hasta hoy solamente mediante publicidad y fondos propios, pero eso limita lo que podemos hacer. Por esto pedimos tu ayuda. Tu aporte económico nos permitirá hacer más acciones de periodismo investigativo y aumentar el número de colaboradores que reportan desde la isla, mientras conservamos nuestra independencia editorial. Cualquier contribución, grande o pequeña, será muy valiosa para nuestro futuro. Desde solo 5$ y con solo un minuto de tu tiempo puedes colaborar con CiberCuba. Gracias.

Contribuye ahora

Rolando Paciel González

Arquitecto, pintor y dibujante cubano residente en España

Comentarios

Playlist de videos en CiberCuba