Mula Foto © CiberCuba

La mula tumbó a Genaro, una frase popular cubana de curiosa procedencia

Al preguntar en Cuba, “¿a dónde fue Genaro cuando lo tumbó la mula?” la gente suele reír y responder: “pal suelo”. Sin embargo, existen dos versiones de esta historia. Una de ellas ofrece datos y es verosímil. La otra tiene un toque de ficción.

La anécdota escueta y anónima dice así:

En la estación de ferrocarril de Cuevitas, después de Agramonte, en la provincia de Matanzas, una vez el tren de pasajeros entró repentinamente y el resoplido de la locomotora espantó a la mula blanca que montaba el doctor Genaro Ipina, lanzándolo al suelo. Surgió así la popular expresión de “la mula tumbó a Genaro”.

Estación Ferroviaria de Agramonte, Matanzas / Ecured.cu

La Estación Ferroviaria de Cuevitas recibió un tren por primera vez en 1864. El pueblo se fundó el 5 de diciembre de 1859 y se le llamó por la cantidad de cuevas de la zona. En 1900 Cuevitas adquirió el nombre de Agramonte, en honor al patriota cubano.

Volviendo a la mula de Genaro, podríamos decir que la historia se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, con el auge del ferrocarril en Cuba. Hay otros elementos importantes en la anécdota que la hacen creíble, como son el nombre y profesión del protagonista, doctor Genaro Ipina.

La historia anónima es breve y la sabiduría popular la sintetiza todavía más. Sin embargo, hay autores a los que les gusta regodearse en descripciones y detalles.

Ferrocarril Cuba / CiberCuba

Así tuvo lugar la segunda versión, a la firma de Luis Carlos Frómeta Agüero, periodista de La Demajagua, quien ubica estos hechos en la primera mitad del siglo XX y no considera que sea exclusivamente cubana la frase de “la mula tumbó a Genaro”.

En su narración hace referencia al color blanco del animal, tal como en la historia anónima. Sin embargo, Genaro en este caso es un torcedor de tabaco de muy buen carácter, con una discapacidad física, pues arrastra la pierna derecha al caminar.

El fragmento principal de la historia de Frómeta dice así:

- ¡Ese soy yo, compay!, el mismísimo jinete, ¡claro, con menos años encima de este cuerpo! -decía con voz ronca (Genaro), retorciéndose el bigote. “Mula mansa, la mía", -comentaba a ratos- Por eso acostumbro a dormir sobre su lomo, conozco la peligrosidad de esta práctica, pero confío en la seguridad de la bestia, no por gusto es mi mascota preferida.

Una tarde fui montado sobre ella hasta la terminal del ferrocarril a esperar la llegada de mi novia Jacinta, procedente de Camagüey, como el tren de pasajeros demoraba demasiado, la amarré debajo de un arbusto cercano y desplazándome sobre su acogedor dorso me acomodé como pude.

La suave brisa y la tranquilidad provocaron el parpadear pesado de mis ojos y pronto el sueño me vino encima. De repente, el pitazo de la locomotora y el chirrido escalofriante de sus ruedas asustaron a la mula, brincó tres veces y en el último salto me lanzó al suelo.

Debido al inusual descenso, perdí el conocimiento, y al recuperarlo estaba en el hospital del pueblo, con la cabeza y la pierna derecha vendadas, junto a mi novia.

En México y otros países de Centroamérica también hay arrieros llamados Genaro que han caído de sus mulas, de manera que esta parece no ser una historia exclusiva de la cultura cubana. Queda a opción del lector elegir la versión que prefiera.

Además de estos textos, existen varios temas musicales sobre la frase popular, entre los que destacan un danzón titulado La Mula de Don Genaro, de Danzonera La Playa y una pieza de jazz cubano interpretado por Peruchín and Friends, en el disco Antobal's Cuban All Stars que se titula Genaro tumbó a la Mula.

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Gretchen Sánchez

Periodista en CiberCuba. Doctora en Ciencias por la Universidad de Alicante, España. Lic. en Estudios Socioculturales, Cuba.

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