Juan Carlos Cremata Malberti Foto © Cortesía del autor

Memoria del Exilio: Lo era está asfixiando la razón

Érase una voluntad de expresarse, a pesar del obstinado mandato a callar y la amenaza mordaza.

Por cualquier vía, de todas maneras.

Era un tiempo donde las jornadas no se sucedían.

Era lo mismo con lo mismo.

Era una arbitrariedad tras otra.

Los días - de tan prolongados - se entrecruzaban en una sola hora: la de los mameyes.

Y era la misma modorra a las tres de la tarde que a las dos de la mañana. *

* Igual, Juana agonizaba. Moría apuñalada, o de puro aburrimiento.

Era el café sin gracia, el pan con moho, las calles con baches, las aceras descompuestas, la peste a meao en las esquinas, las vetustas ruinas trastrocadas en parqueos.

Estaba como que estacionada la decadencia.

Es decir, la indecencia.

Que, es igual a indolencia.

Era una ciudad hermosa deviniendo, cada vez, más grotesca, más patética, más ajena, más achacosa.

Era erosión. Sin sosiego.

Desasosiego.

Inquietud muerta.

Era de otro que también la quería.

A su manera. Dándole golpes. Como trata el “macho” a su puta. O el gobierno a su pueblo.

Era la dicha. Ya ni ducha es. *

* ¿Con qué agua?

Era promesa.

¡Ja!

Nos fuimos con la de trapo.

Era solo de cal. Porque siempre hubo escasez de arena.

Era de noche y llovía.

Y el sol rajaba las piedras.

Era, para mí, una jodedera, mantener a esa fletera, sin podérmela templar.

Oro parecía. Plata no fue.

Y hasta el plátano entristeció. *

* En nuestro proceso de conversión a república bananera.

Era color primavera, teñido de viento infierno.

Éramos muchos - con problemas - y vino a parir Catana. *

* Como era del campo, nunca regresó a su tierra.

Era una dignidad ultrajada, un martirio al descubierto.

Una índole malsana,

una mentira pertinaz.

Era tanto de incierto - todo - que se extravió la verdad.

Érase una vez que era.

Era ahora o nunca.

Jamás fue.

Pasó.

Murió la flor.

Se extinguió.

¡La esperanza se esfumó!

La era ya no tiene corazón.

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NOTA AL MARGEN: Adjunto, como honrosa “mancha” a mi expediente, la foto tomada en la entrada de la Cinemateca de Cuba - o cine Chaplin - durante la Muestra de Jóvenes Realizadores en la que dirigí su inauguración.

Esa inmensa bandera, no solo me arropó, a capricho, para la instantánea, sino que ondeó sobre la cabeza de todos los asistentes al evento esa noche.

También se colgó, se soltó por el aire, recogió polvo del suelo, se estrujó y -como era tan grande - solo fue posible guardarla, hecha un mazacote de tela en una caja.

Quedó hecha, lo que era: una amalgama de trapo.

Conste así, como uso “indebido” de ese símbolo patrio.

¿Y SI TODOS NOS HACEMOS UNA FOTO USANDO LA BANDERA?

¿NOS COGERÁN, A TODOS, PRESOS?

¿NO ES FEHACIENTE - INCLUSO, LA DUDA - DEL PRESIDIO NACIONAL QUE VIVIMOS LOS CUBANOS?

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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