Carlos Alberto, escritor cubano radicado en México Foto © Cortesía para CiberCuba

Escritor cubano en México: “El ser emigrante no nos lo quita nadie”

Patrocinado por ding

Por Gretchen Sánchez Diego:

México está entre los tres países latinoamericanos más golpeados por el coronavirus. En sus estadísticas oficiales declaran más de 36 mil casos diagnosticados y más de 3.500 defunciones por COVID-19.

En Ciudad México reside Carlos Alberto, un cubano, profesor universitario de formación, Físico, con maestría en fuentes renovables de energía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); y que fuera de la isla exploró diversas facetas y triunfa como escritor, guionista y agente inmobiliario.

Carlos Alberto accedió a ofrecer una entrevista a CiberCuba. Conversamos sobre sus vivencias en esta crisis mundial por coronavirus y sobre su visión de temas como emigración y período especial en Cuba.

El gobierno mexicano ha sido uno de los que más subestimó esta crisis sanitaria mundial. ¿Qué tipo de confinamiento ha propuesto el equipo de Andrés Manuel López Obrador?

Muchos países de este lado del mundo subestimaron la pandemia y las consecuencias hoy son visibles. Por solo citar un dato, en México se conoció el primer caso de contagio 70 días después que en el lugar de origen. Sin embargo, tal pareciera que nos agarró de sorpresa, cuando en realidad hubo tiempo de sobra para haber suministrado a todos los hospitales con los insumos necesarios.

El futuro a corto plazo para el país parece muy complicado y las perspectivas son particularmente peligrosas. La pandemia llegó a México justo después que el gobierno había hecho recortes presupuestarios con el “ánimo de combatir la corrupción”.

El sistema de salud está siendo superado por la crisis sanitaria con falta de camas, medicamentos, insumos y recursos humanos especializados. En esta crisis hay mucha responsabilidad del mal manejo de gobiernos anteriores y del actual.

Al empezar la pandemia nos vimos envueltos en un mar de contradicciones. Una especie de “realismo mágico pendejo”. Mientras el presidente daba besos y abrazos a sus más fervientes seguidores haciendo gala de un populismo desmedido; el subsecretario de salud invitaba a mantenernos en casa y, en caso de tener que salir a la calle, mantener la “Sana Distancia”.

Nunca sabremos ni aquí, ni en muchos países, las cifras reales de contagios y muertes. Sin ánimos de juzgar buenos ni malos a los gobiernos, en términos de cómo asumieron la crisis del COVID-19, creo que la pandemia nos agarró por sorpresa a todos.

Llevas muchos años en México. ¿Te has sentido un emigrante o se cumplió contigo eso de que México acoge a los cubanos con amor?

El ser emigrante no nos lo quita nadie. La propia dinámica de la vida te hace tener que vivirlo mientras transitas por diferentes etapas y trámites migratorios que cada país exige. Si a eso le sumas lo emocional, y la dura realidad a la que se enfrenta todo aquel que emigra, creo que es inevitable sentirlo.

Entiéndase que cuando digo “dura realidad”, me refiero a todo ese proceso emotivo que nos provoca vivir en el exilio y mucho más cuando lo haces solo. De repente, sientes que, aunque estés rodeado de gente, estás completamente solo.

Son etapas tristes, nostálgicas, abrumadoras, en las que sientes que te falta algo: un amor de antaño, una madre a tu lado, unas hijas que en ese momento necesitas escucharlas llorar o gritar porque están desesperadas por decirte “papá te amo...”.

Todo esto a lo que nos enfrentamos los cubanos que salimos de nuestra patria a vivir otras realidades, son cosas muy personales. México no tuvo la culpa de cuantas veces lloré añorando un pedazo del Prado de Cienfuegos, o la ausencia de un gran amigo al que nunca más vería.

México me recibió como uno más y puso en mis manos un sinfín de oportunidades que nunca tuve, para que las valorara y las aprovechara. Hoy no puedo decirte con exactitud si México es mi “segunda patria” o mi “primera patria”. Me atrevería a afirmarte que me voy más por la segunda opción.

México me ha dado lo que en mi tierra de nacimiento no encontré y eso se agradece de todo corazón. Hoy solo puedo decirte que nací en Cuba, pero soy orgullosamente mexicano.

Llevas algunos años en el sector inmobiliario, un área especialmente golpeada en esta crisis. ¿Debemos buscar alquileres nuevos, comprar ahora, o es mejor esperar antes de tomar cualquier decisión?

Sin dudas esta crisis está afectando al sector inmobiliario. Siempre que un evento afecta a las economías del mundo, nuestro sector es de los primeros en sentir los efectos.

Nos pasó ya cuando la crisis inmobiliaria en 2008, en los Estados Unidos. A finales de ese año, el Banco Mundial reconoció que el panorama económico se había deteriorado de modo considerable.

Esto trajo como consecuencias que en el 2009 el número de créditos hipotecarios que otorgaban en México las instituciones financieras disminuyera radicalmente, cayó la venta de inmuebles y se produjo una dura crisis.

Lo que está sucediendo hoy en términos de salud, nos ha llevado inevitablemente a una crisis económica mundial. No se sabe a ciencia cierta lo que va a pasar, pero somos conscientes de que será un desastre de grandes dimensiones.

¿Aumentarán los precios? ¿Bajarán? ¿Será el momento de comprar o de vender ahora? Son preguntas en las que aventurarse a dar una respuesta rápida nos puede llevar a decir algo que resulte imprudente. La situación actual reduce la posibilidad de predecir algún escenario a corto plazo.

La incertidumbre por la remanencia del virus ha provocado que se retrasen los planes de compra y renta de inmuebles de algunos clientes. Me han dicho de manera categórica: “Retomaremos la compra cuando se acabe la contingencia sanitaria”.

Por otro lado, en estas últimas 4 semanas de cuarentena he tenido más movimiento de clientes que en condiciones normales de trabajo. No me preguntes por qué, porque no tendría una respuesta. Lo que es un hecho, es que el que tiene dinero quiere colocarlo en inversiones seguras y sin mucho riesgo. Los Bienes Inmuebles siempre lo han sido.

Una de tus novelas se enmarca en uno de los períodos más “especiales” de Cuba. ¿Cuál es el argumento central de esta historia?

Mi novela Epitafio para un sueño se desarrolla tal como dices en esa etapa mal llamada “Período Especial”. A los 22 años de salir de Cuba en una lancha, Pepe el Salao escucha en las noticias televisivas un hecho que esperó por años:

“Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche, falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz”.

La noticia lo transporta, inevitablemente, a su pasado en Cuba, a aquellos acontecimientos que lo obligaron a tomar la decisión de decir adiós a su patria para buscar tierras de libertad.

Portada de Epitafio para un sueño

Epitafio para un sueño es una novela histórica, inquietante, que a través de la vida de Pepe el Salao narra una época y circunstancias que marcaron fuertemente la historia cubana. Tiene un lenguaje coloquial y fuerte carácter testimonial.

Los personajes de esta novela se mueven entre la realidad y la ficción mientras van mostrando la situación de un país que por momentos asemeja una gran prisión para sus habitantes.

Es una trama repleta de amor, traición, odio, corrupción, misterio y, sobre todo, la lucha constante para sobrevivir dentro de un país que se desmorona al ritmo de una sola voz, un solo partido, muchas consignas y marchas combatientes.

Epitafio para un sueño, es también una cruda denuncia social y política de un régimen que desde enero de 1959 hace y deshace a su antojo en Cuba, un país donde nadie importa más que esa fauna de dirigentes comunistas que oprimen al pueblo y que trabajan para un régimen que, aunque ha pasado su fecha de caducidad, aún se mantiene en el poder.

¿Crees que esta crisis es una vuelta al ciclo de precariedad en la isla?

Mis opiniones cuando me refiero a Cuba a veces suelen ser muy crudas y extremistas. Nunca se ha acabado ese ciclo de precariedad. El pueblo sobrevive, aunque no viva.

Mientras dentro de Cuba el pueblo no decida otra cosa, la isla seguirá siendo un “país especial” como sus especiales períodos. Un país por el que nadie se preocupa y que pasa inadvertido ante los ojos de un mundo, al que solo le importa que en Cuba haya educación y salud gratis, como si la libertad no contase.

Cito al respecto, una frase que menciona Pepe en un diálogo de mi novela: De qué me sirve tener educación y salud gratis, si ni estudio toda la vida, ni estoy enfermo todos los días. Eso solo le sirve a Fidel para chantajearnos e intentar hacernos “Coco Wash”.

El pueblo cubano no se merece esta pandemia. No está en condiciones de vivir esta pandemia. No tiene recursos para hacer frente a esta pandemia. Y al final pasará lo de siempre, se maquillarán las cifras, se dirán otras “verdades” y los años pasarán. Cuba seguirá siendo especial, como sus eternos períodos especiales.

¿Cómo vive Pepe el Salao (tu personaje) los dolores de Cuba desde la distancia?

A veces sufre, a veces llora, a veces se niega a saber y hacer corajes. Pepe ve desde lo lejos a un pueblo que mientras tenga WiFi y un “teléfono caro” es feliz y vive como si no pasara nada.

Eso le duele más que el “propio dolor” que finge el pueblo no sentir. Entonces Pepe se cuestiona si vale la pena sufrir por lo que su gente parece no hacerlo.

El dolor de los cubanos parece ser un deseo que quieren vivir muchos países del centro y sur de América Latina. Pepe no necesita volver a vivirlo para convencerse de que el socialismo no sirve como sistema y que seguirá siendo esa “formación económica-social” que adora tanto a los necesitados, que elimina a los ricos y a los pobres termina por convertirlos en miserables.

¿Hay alguna razón para mostrar optimismo con lo que dejará el coronavirus tras su paso?

Además de todo el sufrimiento por pérdidas humanas, el coronavirus nos lanza a una crisis económica nunca vista. Este confinamiento ha llevado a la quiebra a muchas empresas y a daños económicos incalculables.

Terminaremos esta pandemia como si hubiéramos vivido una Tercera Guerra Mundial o quien sabe si peor. Restablecernos de esta crisis, no será una tarea fácil a corto plazo.

Algo bueno nos debe dejar como enseñanza este desastre. Por ejemplo, creo que todos los países deben fortalecer sus sistemas de salud para poder enfrentar futuras contingencias; hacer planes que fortalezcan las economías; dejar de polarizar a la población con etiquetas de buenos y malos; y los gobiernos deben asumir su responsabilidad como cabeza del estado.

Quiero ser optimista, pero siento que algo me frena a dar una respuesta. Lo que sí te puedo decir es que el coronavirus marcará un antes y un después. Cambiará muchas cosas tanto en lo laboral como en lo social.

En lo personal, tantos días trabajando desde casa me han hecho generar nuevas formas y estrategias de hacer mi negocio.

En lo social, dejaremos por un tiempo de abrazarnos y darnos besos en los saludos. Nos hará más fríos e impersonales. Habrá que adaptarse, por si llegan otras pandemias de forma natural o hechas por la mano larga de ese nuevo orden mundial que no acaba de dar la cara.

Una sociedad en caos se vuelve más vulnerable y se puede manejar más al antojo de unos pocos. Hoy una pandemia nos metió a la casa, vació las calles, cerró mercados y arruinó negocios. Mañana aparecerá un mesías a rescatarnos y de seguro a cambio querrá manipularnos. La cosa está en si estamos listos para no permitirlo.

Patrocinado por ding

Archivado en:

Patrocinado por ding

Ahora más que nunca, sigue conectado a tu gente

¿Qué opinas?

Cargar más
Cargar más

¿Tienes algo que reportar? escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +34621383985