Melba Mercedes Almeida, Azucala Foto © Cortesía para CiberCuba

Bailarina cubana en Noruega: "Azucala salió de Cuba para comerse el mundo"

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Por Gretchen Sánchez Diego:

Noruega es considerado un paradigma del estado de bienestar. También ha sido golpeado por el coronavirus, pero adoptó medidas flexibles, tempranas y efectivas. En sus estadísticas oficiales declaran 8.196 casos diagnosticados y 232 defunciones por COVID-19.

En un pequeño pueblo noruego reside Melba Mercedes Almeida, una bailarina cubana, empleada de limpieza, trabajadora social, escritora y comunicadora con una gran cantidad de seguidores en las redes sociales, que adoran a su personaje más popular: Azucala.

En CiberCuba conversamos con Melba sobre su visión de esta crisis del coronavirus, sobre los retos que superan los emigrantes para adaptarse a las sociedades que los acogen y sobre las razones que dieron origen a Azucala.

Una parte de esta entrevista está respondida en vídeos y otra parte en textos. Por lo que recomendamos a nuestros lectores no dejar de ver el contenido audiovisual.

¿Qué es lo que más te ha impresionado del modo de organizarse los noruegos en esta crisis sanitaria?

La gente es muy sana y respetuosa aquí. El noruego es muy sencillo, no ves diferencias entre ellos, todo el mundo va junto. Mi pueblo solo tiene 10 mil habitantes y la mayoría son personas adultas, de avanzada edad.

La cuarentena en Noruega comenzó el 26 de febrero. Una cosa muy bonita que hicieron en mi región fue crear un grupo de Facebook para apoyar a los mayores.

Quienes tengan temor de salir a hacer las compras, pueden enviar un mensaje y alguien pasa por su casa, recoge la lista en una bolsa colgada en la puerta y luego le lleva las cosas. El pago de esa factura se pasa por una aplicación del móvil. Es una experiencia bonita porque ves cómo la gente se ayuda.

También trabajo con jóvenes que a veces se han sentido muy solos en esta crisis. Los trabajadores sociales cada día mandamos mensajes a todos para que sepan que estamos presentes y les decimos: “Aquí estoy si quieres hablar, si quieres reírte. Puedes contar conmigo si me necesitas. Házmelo saber y te llamo”.

Los jóvenes en Noruega comienzan a independizarse a los 17 años. Son muy independientes. Sin embargo, uno de los problemas que afecta a los niños y adolescentes es el bullying, porque los padres tienen un concepto de que deben superar esas burlas solos y hacerse de un carácter fuerte desde pequeños.

Esta etapa de aislamiento les ha mostrado a los niños y jóvenes la importancia de estar con los otros y hacerlo desde el respeto, les ha enseñado la necesidad de interactuar en el grupo. Y creo que eso dejará cosas positivas.

¿Crees que va a cambiar algo en nuestras sociedades cuando esta crisis del coronavirus termine?

Creo que con el coronavirus aprenderemos a valorar más algunas cosas, la familia, las mascotas, los buenos amigos. Hay que aprender a dar gracias a la vida, gracias por estar saludables. 

Yo soy una persona muy optimista. Lo aprendí de mi abuelita que siempre decía: “el día que tú misma no creas que eso va a pasar, pues eso no pasa”.

¿Cómo surgió Azucala, un personaje tan carismático, en un lugar tan frío como Noruega?

Azucala es una necesidad de expresión y me ayuda mucho diariamente. Surge cuando comienzan los eventos cubanos en Noruega y mi afán de promover mi música, mi cultura en estos contornos, me hizo crearla.

Es una mujer que quiere traer sus raíces a aquí, su sandunga, su sabor cubano, ese piropo que hace tanta falta, la carcajada y una frase bonita. Azucala es esa persona que te dice “que lindo fue verte” o te tira un silbido, aunque ya se me está olvidando silbar y eso no puede pasar (ríe).

Ese personaje nació de la necesidad de integrarme a una sociedad nueva que abre los brazos, acoge y da la oportunidad de valerte por ti misma y empezar a andar. Vas pisando, a veces pisas fuerte y a veces te tambaleas… ahí está Azucala, diciéndote: “¡Vamos que se puede mi negra! ¡No te me caigas!”.

Azucala es una cubana que llega al extranjero, se integra a la sociedad, pero se niega a perder sus raíces. No va a renunciar a las cosas lindas que caracterizan al cubano, como la sonrisa, como eso de decirle “buenos días” a los vecinos.

Ella va rompiendo los esquemas. Enseña a ese mundo en que está viviendo ahora, cómo somos nosotros los cubanos. Es sandunga, es amor, es sabor, es una mujer que no pierde la fuerza, que sigue luchando, que se traza metas, que no deja de ayudar y dar la mano, siempre que esté en sus posibilidades, y que siempre ve algo positivo en cada persona.

Azucala es muy cubana, se ríe de su propio llanto y de ahí saca la fuerza y sale a luchar. Está dispuesta a comerse el mundo porque para eso salió de Cuba, para comerse el mundo y crecerse.

Es una cubana que ve la vida a todo color, porque sabe que el día de mañana va a ser mejor que el de hoy y que está dispuesta a ser la mejor versión de ella misma.

Azucala se crece en su nostalgia. Ella dice: “¡No mi ciela, noooo, no quiero llantooo!”. Y yo la amo, porque es una mujer orgullosa de dónde viene. Azucala es mi otro yo.

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