Cerdos en finca privada de España Foto © CiberCuba

El puerquito también se fue de Cuba

Un interesante artículo en Cubadebate ofrece algunas pistas para entender porque la carne de cerdo ha experimentado, y cito textualmente, una “ausencia misteriosa” de las carnicerías y mesas de Cuba.

En realidad, no es responsabilidad del coronavirus, sino que en esta escasez, que atenta contra el consumo de las familias cubanas, inciden, de forma evidente, los problemas estructurales del modelo económico comunista de los últimos 61 años. Repasar los acontecimientos, ayuda a entender el caos de los puerquitos.

Básicamente hay dos motivos para explicar la falta de carne de cerdo en Cuba. Primero, los piensos, que impiden alimentar al ganado. Segundo, los productores que, como consecuencia de los tratos impuestos por el gobierno, han desaparecido de la realidad. 

El pienso. Si los cerdos no se alimentan, no pueden alcanzar tamaño comercial. Al parecer la industria cubana no produce estos alimentos y se tienen que importar. Sin divisas, es imposible hacerlo. Aquí tendría sentido esa política de sustitución de importaciones de la que tanto hablan Díaz-Canel y su ministro de Economía.

¿Por qué no hay productores de alimento para ganado en Cuba?

¿Por qué un país que se vanagloria de tener una industria farmacéutica de primer nivel o de una sanidad de lujo, no produce piensos?

Las preguntas deberían tener respuesta, pero en Cuba, los dirigentes de la economía tienen que decidir si dar de comer a las gallinas, para que pongan huevos, o a los cerdos para que engorden.

Un asunto de prioridades castristas, impensable en la mayoría de los países del mundo, donde las empresas tomen las decisiones bajo la óptica del beneficio y la rentabilidad.

Los burócratas castristas debían entender que tener que decidir entre alimentar a pollos o cerdos, obviamente impide que haya pollo, huevos y carne de cerdo, y debían preguntar en otros países, donde los mercados siempre están bien abastecidos para que el consumidor pueda elegir con libertad y en correspondencia con su capacidad de compra.

El drama de la economía cubana es que las necesidades del consumidor no importan, y por ello, de 18 mil toneladas de carne de cerdo que se consumen al mes, solo se producen 6.000.

¿Quién es el responsable de este desastre? Cada vez habrá menos carne de cerdo, y la escasez se hará permanente, y mientras tanto, el estado no se hará cargo de las deudas vencidas acumuladas con los productores. Una tormenta porcina perfecta.

Producir alimento para el ganado es una actividad rentable y necesaria. Si en Cuba este tipo de empresas no existe, habrá que averiguar por qué.

Es más fácil importar, claro que sí, pero en contextos como el actual, de ausencia de divisas y estrecheces económicas, si en vez de construir hoteles y más hoteles, se destinasen los recursos a promover este tipo de industrias de bienes intermedios, a lo mejor habría carne suficiente, e incluso, se podría exportar los excedentes, si los hubiera.

Ahora mismo, China, aliado del castrismo demanda ingentes cantidades de carne de cerdo, debido a que la Fiebre porcina africana ha diezmado su cabaña porcina.

Es el coste de oportunidad. La planificación central de la economía, eje del modelo social comunista, debería servir para este tipo de cosas, ¿o quizás no es así?

En realidad, si hubieran empresarios privados con capacidad para tomar decisiones libres, el dato facilitado por las autoridades, según el cuál existe un 15% de déficit del balance de alimento necesario para alcanzar el nivel de toneladas que se desea producir, estoy seguro que alguno apostaría por este tipo de empresas, sin necesidad de ayuda del estado.

Las importaciones de piensos para animales (excepto cereales sin moler) representan el 12% de las importaciones totales de alimentos que rondan los dos mil millones de dólares al año. Claro que hay espacio para una industria rentable.

Tal vez esa sea la solución. Apostar por el empresario privado en este renglón necesario de la economía.

Cubadebate facilita un dato sobrecogedor: Al parecer, la falla de la materia prima ha provocado que de los “casi 15 mil criadores existentes, que tributan el 92% de la demanda nacional, hoy apenas quedan cinco mil 934”.

En lugar de aumentar el número de productores para abastecer el mercado y las necesidades de producción lo que se ha producido es un cierre de instalaciones porque no cobran del estado, y no se les garantizan los acuerdos y compromisos.

El único que puede hacer de intermediario en la distribución de la carne a los consumidores, no cumple con lo que firma y el sector cae en picado. La historia se repite.

Por si fuera poco, los productores están sometidos a amenazas que influyen aún más en el escasez de carne de puerco.

El ministro de Agricultura Gustavo Rodríguez Rollero, dijo en Mesa Redonda que “no hay condiciones para mantener este tipo de contrato; en los próximos años tenemos que revertir esta matriz, de manera gradual”. Aviso a navegantes.

Además, la carga impositiva sobre los productores de carne de cerdo, como ya se ha señalado en otros casos, provoca una pérdida de estímulo al crecimiento de las explotaciones ganaderas, sometidas a la arbitrariedad de precios topados, que se aplican de forma indiscriminada, y acaban por destruir las expectativas de ganancia de aquellos cubanos que arrendaron unas tierras estatales, las mejoraron e invirtieron en naves e instalaciones para obtener con ello recursos con los que conseguir la deseada independencia.

Y para acabar de rizar el rizo, la solución que se ocurre a los dirigentes comunistas es involucrar a la ciencia en la mejora de la estructura productiva del sector ganadero. Ni más ni menos. Con el tiempo echándose encima, y la crisis alimentaria a la vuelta de la esquina, alguien piensa que ha llegado el momento de recurrir a la investigación científica. ¡Que casualidad, el artículo de Díaz-Canel! 

En esencia, “buscar mecanismos menos productivos pero más resistentes, que admitan una alimentación adaptada a bajos insumos y a comidas diversas (subproductos de las cosechas, palmiche…)”.

Hace décadas, cuando Fidel Castro andaba planteando una vaca enana, con esas características, un guajiro lo interrumpió y le dijo, “esto ya se inventó comandante, es la chiva”. Es como si no pasara el tiempo, y las prácticas del pasado sigan en vigor en Cuba.

Lo malo de todo esto es que la carne de cerdo escasea, que los mercados ya no la suministran ni en cantidad ni en calidad, y la gente empieza a estar irritada.

Las autoridades quieren garantizar mensualmente a cada habitante cinco kilogramos de proteína animal, de ellos dos, aportados por el programa porcino.

Una vez más, objetivos fijados por un planificador que cree que sabe más que nadie, que todo el mundo es igual, y por ello, a todos les da la misma receta, sin entender que la diversidad es el rasgo principal de la sociedad, y que hay gente a la que no le gusta el cerdo, o no lo come porque tiene colesterol o grasas, o simplemente, que le sienta mal.

Y también hay quien quiere comer más de lo que le adjudican. Pero no, en Cuba, esa ración se tiene que respetar y cumplir a rajatabla. Aquí está el origen del desastre. Si en vez de esas cuentas absurdas que han ensombrecido el panorama económico del país se dejara libertad absoluta para producir, otros puerquitos, carneros y hasta gallos cantarían.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Elías Amor

Economista Presidente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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