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Está en Netflix. Y es un documental francés sobre JOHN CASABLANCAS -sintomática pronunciación de un apellido, para la singular, según algunos, "mejor profesión del mundo", que llevaba este hombre- el exitoso fundador de la agencia de modelos Elite, quien descubrió, representó, o estuvo vinculado de alguna manera, con la carrera de modelos mega famosas, a finales del pasado siglo.
Contrincante serio en la "guerra de robo de modelos", durante los años ochenta, este apuesto, adinerado y triunfante empresario, generó y desarrolló la idea de la supermodelo como toda una celebridad y no solo como una percha de ropa, o vitrina.
Por sus manos pasaron nombres de la talla de Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Gisel Bündchen, Iman, Janice Dickinson, Paulina Poriskova y el amor de su vida -aunque estuvo casado varias veces- Stephanie Seymour.
Todas engalanaron con sus inigualables bellezas las portadas de las revistas y las pasarelas del mundo de la moda.
Es interesante este material porque es contado por el mismo protagonista, que se decidió a recopilar material sobre su vida, sin saber que moriría dos años después. Lo cual se hace saber en el primer cartel que aparece en el filme.
Y como provenía de una familia muy adinerada, poseía muchísimo material de archivo, desde sus primeros años hasta los últimos tiempos que completa la totalidad del metraje.
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Es la vida de un tipo victorioso, de un ganador, un mujeriego, feliz y con suerte.
Pudo muy bien llamarse LOS RICOS TAMBIÉN SE DIVIERTEN.
En realidad, me resultó un poco insulso.
Y cuando se pone más interesante, a raíz de unos escándalos que le hacen terminar con su vida profesional -tema en el que no se abunda mucho- ya casi está por terminarse. Se corta un poco abruptamente.
Es el panegírico de un vencedor.
A veces choco, un poco, con el título de estas reseñas.
Y me cuesta recomendar entre lo mucho que encuentro.
Este documental no es que HAYA que verlo.
Mas, puedo entender que hay gente para todo y de seguro existe público para ese universo, al que siento un poco lejano, incómodo y frío.
Como contrasta, bastante, con la realidad que sobrevivimos, hay quien se refugia en el escape al que invitan estos brillos, u oropeles, rutilantes, delirantes y exultantes del entretenimiento, la disipación, el relax y el olvido.
Ideal para sacarse los mocos.
Con las manos lavadas y no en presencia de niños, por supuesto.
Si no tiene nada, nada, nada que hacer y se tira desvelad@ en el sofá, con la panza hacia el techo, cansado de cambiar de opciones en el control remoto y de repente, tropieza con este documental, lo selecciona y lo ve, puede que le pase como a mí: absolutamente nada.
Ni me cambió la vida, ni me hizo mejor.
Pero, AUNQUE DE TODO NO SE PUEDE SABER, DE TODO SE HA DE APRENDER.
Y la próxima vez que lo vea, le viro la cara.
No por pesao, sino porque no me interesa.
Pruebe usted y a lo mejor le va mejor.
¡Suerte con ello!
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