A 50 años del caso Padilla: Lectura coral de artistas cubanos contra la censura

La artista Coco Fusco recrea la confesión pública del escritor en la UNEAC, leída ahora por varios intelectuales cubanos.

El poeta cubano Heberto Padilla Foto © Creative Commons

Cuando se cumplen 50 años de la confesión pública del poeta cubano Heberto Padilla, la artista y performer cubanoamericana Coco Fusco lanzó La sombra de Padilla, una lectura coral del mea culpa que el escritor pronunciara en la sede de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC) en 1971.

Reconocido nacional e internacionalmente, Padilla cayó en desgracia por sus opiniones críticas sobre la Revolución cubana. Fue detenido por la Seguridad del Estado, recluido durante 36 días y presuntamente obligado a hacer una confesión pública donde se autoinculpó y acusó de contrarrevolucionarios a otros amigos escritores, incluida su esposa Belkis Cuza Malé.

Este martes veinte artistas e intelectuales, residentes en Cuba y en el exilio, participaron del proyecto performático dirigido por Fusco, con diseño de Hamlet Lavastida.

Los movimientos 27N y San Isidro también trabajaron en la iniciativa que se ha dado a conocer a través de las redes y las websites de galerías y museos como The Showroom, de Londres; The Kunstlerhaus Bethanien, en Berlín; el Instituto Herberger, en Arizona, el Pérez Art Museum, de Miami, y el Franklin Furnace, de Ohio.

La performance desnuda el trato que han recibido los intelectuales cubanos y plantea el tema de la libertad de expresión y la censura en la isla.

Con esta acción artística se conmemora el 50 aniversario de un momento decisivo de la política cultural de la revolución cubana. A principios de la década del 60, Heberto Padilla -uno de los poetas cubanos más reconocidos y premiados a nivel internacional, y cuyo libro Fuera del juego (1968) marca un hito en la poesía civil- viajó a la Unión Soviética.

Al volver a Cuba hizo declaraciones críticas contra la Revolución y cayó en desgracia. En 1971 fue detenido y, según contó luego, sometido a torturas psicológicas durante 36 días. El 27 de abril de 1971, dos días después de ser liberado, se retractó de sus críticas e hizo una humillante confesión pública en la sede de la UNEAC, vigilado por agentes de la Seguridad del Estado.

“Yo, bajo el disfraz del escritor rebelde, lo único que hacía era ocultar mi desafecto a la Revolución -dice el poeta en su autocrítica-. Este es el hombre que realmente yo era; este es el hombre que cometía estos errores, este es el hombre que objetivamente trabajaba contra la Revolución y no en beneficio de ella; este era el hombre que cuando hacía una crítica no la hacía al organismo al que debía criticársele, sino que hacía la crítica al pasillo, que hacía la crítica al compañero con mala intención. Yo, compañeros, como he dicho antes, he cometido errores imperdonables. Yo he difamado, he injuriado constantemente la Revolución, con cubanos y con extranjeros. Yo he llegado sumamente lejos en mis errores y en mis actividades contrarrevolucionarias, no se le puede andar con rodeos a las palabras. Yo, cuando fui a Seguridad, sobre todo tenía la tendencia a tenerle miedo a esa palabra, como si esa palabra no tuviese una carga muy clara y un valor muy específico, ¿no? Es decir, contrarrevolucionario es el hombre que actúa contra la Revolución, que la daña. Y yo actuaba y yo dañaba a la Revolución. A mí me preocupaba más mi importancia intelectual y literaria que la importancia de la Revolución".

Su "confesión" causó una profunda conmoción no solo entre los intelectuales de Cuba, sino también en los círculos literarios de todo el mundo. En el exterior el hecho se criticó como montaje a la manera de las autoinculpaciones stalinistas. Intelectuales de izquierda como Julio Cortázar, Susan Sontag, Jean Paul Sartre o Italo Calvino defendieron a Padilla, y marcaron un antes y un después en el apoyo internacional a la Revolución castrista.

La retractación de Padilla fue un presagio lóbrego de lo que vino luego: el llamado "quinquenio gris” (o más bien una década), en que numerosos artistas y escritores cubanos fueron desterrados de la vida pública.

Padilla murió en el 2000, exiliado en Estados Unidos.

Muchos de los jóvenes artistas, poetas y escritores que desafían hoy al régimen cubano pidiendo libertad de expresión y criticando la censura son quienes reproducen ahora íntegramente en el performance el texto que Padilla obligado a pronunciar: Carlos Aguilera, Lupe Álvarez, Katherine Bisquet, María Antonia Cabrera Arus, Sandra Ceballos, Armando Correa, Mabel Cuesta, Enrique Del Risco, Néstor Díaz de Villegas, Rafael Díaz-Casas Julio Llópiz Casal, Eilyn Lombard, Martica Minipunto, Yanelys Nuñez Leyva, Amaury Pacheco, Orlando Luis Pardo Lazo, Alexis Romay, Iris Ruiz y Abel Sierra Madero.

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