Roberto "El Flecha" Amaro, feliz en Miami: "Nunca me arrepentí del paso que di"

"La vida te da oportunidades a las que no debes renunciar; la vida es una enseñanza constante. No me quieren en mi país pues Argentina me abrió sus brazos. Jugué en el Peñarol de Mar del Plata, Independiente de Avellaneda y Banco Nacional Laroux"

Roberto "El Flecha" Amaro Foto © Cortesía del entrevistado

Sala Polivalente Ramón Fonst de La Habana. Un día cualquiera de los años 90 en plena temporada de la LSB, Liga Superior de Básquet. 

Capitalinos- Orientales era, sin dudas, el duelo más esperado por la afición nacional. Dos elencos combativos, veloces, técnicos, sabedores del deporte de las cestas.

Los hermanos Caballero, la Piedra Simón, Angelito Núñez, Santiaguito Hernández, Raúl Dubois, Alberto Maturel, Humberto Soler por los indómitos; los hermanos Herrera, el Oso Williams, el Helicóptero Vázquez, el Zorro Casanova y… el Flecha Amaro por los giraldillos.

Ese señor de la narración deportiva cubana que responde al nombre de René Navarro exaltaba aún más el partido con su electrizante descripción:

“Viene el Chispa Herrera pasa al Flecha, que rápido baja el balón para el Junior; este pasa al Helicóptero y de él de nuevo al Flecha Amaro, quien, desde el perímetro se desmarca y… ¡vale tresssss! Capitalinos supera a Orientales”

Así, ni más ni menos, eran los encarnizados choques de aquellos años entre estos dos grandes equipos, entre sus no menos grandes basquebolistas, dentro de los cuales hay que mencionar siempre a Roberto "El Flecha" Amaro.

Yo nací en octubre de 1969, hijo de Juana Mercedes y Roberto Catalino, quienes siempre me apoyaron en mis deseos de ser deportista; vine a este mundo con un balón en las manos.

¿Estás relacionado ahora con el básquet, qué haces, dónde estás? 

Actualmente vivo en Miami; soy muy feliz con mi esposa Dahyli, mis hijas Britney y Camila y sabiendo que mi hijo varón, Máximo, también lo es con su mamá en Uruguay. Antes de que me lo preguntes, nunca me arrepentí del paso que di y lo que siento es no haberlo hecho antes.

¿Cómo sales de Cuba?

Yo competí en los Panamericanos de Winnipeg en 1999, cuando se queda Leopoldo el Helicóptero Vázquez. Al regresar me presento en el Cerro Pelado, voy a ver al recién nombrado DT de Capitalinos Eduardo Moya para incorporarme a mi equipo Capitalinos y me dijo tajantemente: "¡aquí no te quiero!"

¿Por qué?

Ah, no sé, habría que preguntarle a él. Fui a la comisión nacional y a la provincial y nadie me supo o quiso explicar. A raíz de ahí, un amigo me invita a visitar Argentina, a donde voy en el año 2000. A mí esa tierra me era familiar pues había jugado allá varios años por contratación de Cubadeportes.

Vi una situación favorable y decidí quedarme. Aún era joven aunque ojalá lo hubiese hecho antes. La vida te da oportunidades a las que no debes renunciar; la vida es una enseñanza constante. No me quieren en mi país pues Argentina me abrió sus brazos. Jugué en el Peñarol de Mar del Plata, Independiente de Avellaneda y Banco Nacional Laroux.

Después lo hice en Uruguay, donde me nacionalicé. Me desempeñé en el Anastasia de Fray Vento, un elenco del interior de la nación charrúa. Jugué en la Liga Superior y en la segunda división y en ésta logré cinco ascensos a primera, algo que fue muy valorado. Estuve en la nómina de varias escuadras como Nacional, Durazno, Cordón, Goes, Miramar y Paizandú.

¿Cómo llegas a Estados Unidos?

Solicité visa como uruguayo y vine con mi señora y mis hijas. No realicé ninguna función como entrenador, preferí buscarme la vida normalmente y de hecho trabajo en una fábrica de muebles y hago Uber (alquiler auto) en un part time (media jornada). Eso sí, juego con amigos en torneos de veteranos y nos divertimos. Sabemos unos de los otros, aquí somos varios, los hermanos Borrell, el Ninja Caballero y hasta hace unos días, el Chispa Herrera.

Vamos a retrotraernos a tus inicios ¿te parece?

¡Cómo no! Todo se inicia por algo, en mi caso yo comencé en la cancha del Pontón con un profesor al que le decían el Gallo. Allí fueron haciendo captaciones y el Yayo, otro entrenador, me condujo directo a la EIDE Mártires de Barbados. Esos años fueron muy duros, no pude participar en ninguna edición de los Juegos Escolares y sólo en uno Juvenil, que quedamos subcampeones detrás del elenco de provincia Habana. Ese equipo lo dirigió Franklin Standard, quien siempre me apoyó y vio en mí a un jugador con posibilidades. 

¿Cuántos años en la selección nacional?

Siete años, entre 1993 al 2000; no olvido el aporte de preparadores como el propio Franklin así como de Armando Acosta, Mandy; Lalo Castillo y Heriberto Lafferté, quienes mucho coadyuvaron en mi desarrollo como jugador de básquet. 

Internacionalmente el seleccionado varonil de básquet no fue afortunado; prácticamente se limitaba a torneos del área o premundiales y preolímpicos. Incluso, en los Juegos Panamericanos tampoco sobresalían.

En efecto, tuvimos una buena racha a raíz de la elevación del nivel que proporcionó la LSB pero los Centrobasket eran donde más sonreíamos. Yo recuerdo mi primer certamen como miembro de la selección nacional que fue precisamente en un Centrobasket en Ponce, Puerto Rico, en 1993.

Después, junto a giras y entrenamientos en el exterior que en aquellos tiempos aún podían realizarse, participé en el pre olímpico en San Juan, Puerto Rico 1995, Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo 1998, pre mundial en Argentina, Panamericanos de Winnipeg, pre olímpico de Puerto Rico 99 y Centrobasket 98 en La Habana.

Flecha ¿basquetbolistas cubanos con los que compartiste cancha que más recuerdes?

Leonardo Maravilla Pérez, Roberto Carlos y Ruperto Herrera, Ángel Oscar Caballero, Lázaro el Toro Borrell, Luciano Rivero, Rabdel Hechavarría, el Helicóptero Vázquez, Edel Casanova, Yudi Abreu, el Tigre Ferrer … Bueno, unos cuantos, todos excelentes jugadores. 

Aunque, que no te quepa duda, mi acople con el Chispa Herrera, lamentablemente fallecido hace unos meses, era único. No hay palabras para definirlo. Con solo mirarnos ya hacíamos la jugada. Pero lo de Roberto Carlos era con todos. Sabes que hay bases que despiertan disgustos entre algunos jugadores por no pasarles el balón, pero con él eso no caminaba. No tenía preferencia, la pasaba al mejor ubicado.

El Chispa entregaba la pelota al indicado, tanto en Capitalinos como en la selección nacional y todos confiábamos en su sentido común.

Con casi dos metros de estatura, espigado, veloz, Roberto Amaro era el clásico alero que cualquier director técnico querría en su róster. Inteligente en su desplazamiento sobre el tabloncillo, el Flecha armonizaba con sus compañeros logrando un juego eficaz, el cual sobresalió en la Liga Superior ¿qué recuerdas de la LSB?

Para muchos, incluyéndome, la Liga Superior llegó a ser el primer espectáculo del deporte cubano, yéndose por encima de la pelota que en aquellos tiempos, era pelota, o sea, aún llenaba estadios.

Por supuesto, la capacidad de las polivalentes donde jugábamos no se acercaba a la de los estadios, pero yo te aseguro que hubiésemos repletado el Latino o el Guillermón. La gente se quedaba afuera y muchas veces, veías personas colgadas del techo y por las columnas, un peligro.

¿Cuáles escenarios eran los que poseían mejores aficiones?

La Alejandro Urgellés de Santiago, la Caldera de San Justo en Guantánamo, la Amistad de Santa Clara y las dos de la capital, la Ramón Fonts y la desaparecida Kid Chocolate.

¿Cómo calificarías la pugna entre Capitalinos y Orientales? 

Éramos leones sobre el tabloncillo, pero era una rivalidad sana; cuando se acababa el partido, no pasaba nada. Hoy día somos grandes amigos por ejemplo el Ninja Caballero y el villaclareño Yudi Abreu, con quien sostenía una rivalidad personal. Hoy nos hablamos, nos relacionamos, hablamos de esa época de oro, linda. 

¿Se ha perdido la LSB?

Se ha perdido todo. En mis tiempos, jugábamos en la LSB y cuando no teníamos actividad nos íbamos para la Provincial y hasta Miguelito nos regañaba por hacerlo por una posible lesión. 

Se amaba la camiseta de San Miguel del Padrón o Diez de Octubre como la de Capitalinos y el Cuba. Sudábamos por la victoria. Jugábamos en cancha de cemento. Los interbarrios eran masivos; en cualquier esquina había una cancha con dos aros aunque no tuvieran mallas. Era lindo ¿ahora? ¡Por favor! Y que no le echen la culpa a la pandemia, que hace mucho rato que la masividad no existe ni en el béisbol. 

Pienso que Miguelito Calderón mucho tuvo que ver en el éxito de ustedes, los Capitalinos, en esos años 90.

Miguelito le hizo mucho bien al básquet cubano no sólo a Capitalinos. Nos sacaba el máximo. Es un conocedor de nuestro deporte, disciplinado, organizado, sabía a quién exigirle y qué exigirle.

Para ti, ¿quinteto cubano de todos los tiempos?

Por supuesto que el que ganó la medalla de bronce en los Olímpicos de Münich 72 es ese equipo, pero si hablamos de otras estrellas cubanas de la cancha puedo incluirte al propio Chispa Herrera, Leonardo Pérez, Lázaro Borrell, Andrés Gibert y Lázaro Negrín que como alero era magnífico.

Flecha ¿de ser un hombre joven, activo en el básquet, jugarías de nuevo por Cuba?

De haber podido en mis tiempos de jugador activo, sí, hubiese vestido el uniforme de las Cuatro Letras, siempre y cuando se me respetaran mis derechos como ser humano y deportista, siempre y cuando nadie tratara de excluirme por ser profesional. 

Lamentablemente se me fue ese tren de fantasía, la fantasía de haber podido ser un profesional en grandes equipos en ligas importantes, pero mi realidad me bastó para poder llegar aquí, Estados Unidos y ser un hombre realizado, pleno.

Aprendí a jugar en Cuba, no olvido a mis entrenadores; siempre estaré en deuda, pero te aseguro que la política de inclusión se ha demorado mucho aunque espero pueda abrirse más y ser aprovechada por los talentos nuevos. Todos somos cubanos ¿o no?

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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