La canción "Mano" del reguetonero cubano Oniel Bebeshito ha logrado una viralidad arrolladora en redes sociales y entre el público cubano, a tal punto que también se escucha y se baila en las aulas de las escuelas primarias en Cuba.
El propio cantante replicó en sus historias de Instagram un video que muestra a tres niñas vestidas con el uniforme escolar de la enseñanza primaria, bailando una coreografía al ritmo de este tema del Oniel, en lo que parece ser el salón de clases, mientras otros alumnos y sus mayores observan.
Para el artista es una cuestión de popularidad y hasta orgullo al ver cómo su música llega a los más jóvenes. Pero este tipo de visibilidad pone sobre la mesa otra temática, los límites del contenido al que deben estar expuestos los menores.

Lo que genera preocupación no es la popularidad del tema ni el género musical que tantas veces ha sido marginado, sino el contenido explícito de la letra de esta canción en concreto, plagada de insinuaciones sexuales, dobles sentidos y referencias a la mujer como objeto sexual que difícilmente pueden considerarse apropiadas para un público infantil.
La naturalización de este tipo de expresiones entre niños de tan corta edad por parte de sus padres y maestros plantea algunas preguntas: ¿qué tipo de educación social se está promoviendo? ¿Dónde están los adultos responsables que deberían guiar, filtrar y proteger el entorno de los menores?
Que los niños en escuelas cubanas bailen a ritmo del reparto no es un hecho aislado, en otro video que también replicó Bebeshito se observa a niños aún más pequeños, también en una escuela primaria en Cuba, bailando la canción “Tacto que llegó el reparto”, al menos en este caso la letra no es explícitamente cuestionable.
Más allá de satanizar un género o a un artista cuya música está dirigida a un tipo de público que no es el infantil, se trata de que los adultos tengan responsabilidad a la hora de evaluar qué contenidos consumen los más pequeños en todos los espacios de su vida cotidiana.
Archivado en: