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El gobierno de Estados Unidos prohibió a investigadores del régimen cubano acceder a 21 bases de datos biomédicas de los National Institutes of Health (NIH), para "impedir el uso indebido de información sensible" por parte de países considerados adversarios.
La decisión, anunciada el pasado 2 de abril y en vigor desde el día 4, forma parte de un endurecimiento de las políticas de seguridad bajo la administración de Donald Trump, informó la revista Science.
Explica que la medida afecta a científicos de Cuba, China, Irán, Corea del Norte, Rusia y Venezuela, quienes ya no podrán consultar bases de datos que contienen información crítica sobre enfermedades como el cáncer, trastornos neurológicos y variaciones genéticas.
Entre los recursos restringidos figura el Adolescent Brain Cognitive Development Study, que recopila datos de resonancia magnética funcional y otros estudios neurológicos de más de 11,000 niños en EE.UU.
También incluye el programa SEER, la mayor base de datos de casos de cáncer del mundo.
“Este nuevo bloqueo sin duda afectará nuestro entendimiento de muchas enfermedades y podría tener consecuencias para los pacientes”, declaró Tania Crombet Ramos, directora médica del Centro de Inmunología Molecular en La Habana.
Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., los NIH “están terminando todos los proyectos actuales” que involucren a investigadores o instituciones en los países sancionados.
La agencia -que bajo la nueva administración de Donald Trump se enfrenta a las amenazas de despido de unos 10,000 empleados- justificó la medida señalando la necesidad de proteger datos biométricos, genómicos, registros médicos y datos de geolocalización frente a posibles usos con fines de espionaje, chantaje o desarrollo de armas biológicas.
“El NIH se toma muy en serio la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos de los participantes”, afirmó el portavoz Andrew Nixon. La nueva política responde a directivas del Departamento de Justicia de enero pasado y al cumplimiento de la orden ejecutiva 14117.
El neuroinformático cubano Pedro Antonio Valdés Sosa, actualmente en China, criticó la decisión y la calificó como una “expresión inútil de rencor”. Indicó que algunas bases de datos ahora vetadas eran “cruciales para comprender los trastornos cerebrales”.
Expertos internacionales advierten que este tipo de restricciones podría tener un efecto dominó. La neurocientífica venezolana Gladys Maestre, radicada en Texas, lamentó la exclusión de colegas latinoamericanos y advirtió que otros países podrían adoptar medidas recíprocas contra científicos estadounidenses.
Desde hace años, investigadores chinos ya enfrentaban dificultades para acceder a datos del NIH, pero ahora el veto es total. “Los datos del estudio ABCD eran un referente global; ahora estamos privados de una herramienta clave para la ciencia”, dijo un investigador chino que pidió el anonimato.
El grupo chino BGI, que había contribuido con datos a algunas de las bases afectadas, expresó su rechazo a la medida, afirmando que la información biomédica “representa un legado humano compartido que debería beneficiar a toda la humanidad”.
En Cuba, esta nueva barrera representa otro obstáculo para la ya debilitada comunidad científica nacional, limitada por restricciones tecnológicas, falta de acceso a financiamiento y ahora, aislamiento informativo en un área tan crítica como la salud pública.
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