El Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) aseguró este miércoles que está “priorizando” a las embarazadas en Cuba a través del llamado Programa de Canastilla, una iniciativa que, en la práctica, ofrece un módulo con artículos básicos y textiles para bebés que dista mucho de lo que se necesita para criar a un hijo en el país.
Según explicó el organismo en su canal de Telegram, a partir de la semana 26 de gestación las futuras madres pueden inscribirse en la oficoda y la unidad de comercio correspondiente para recibir su libreta de canastilla, con una validez de un año.

El paquete que entrega el régimen incluye un “módulo textil” con toallas, tela antiséptica, culeros de gasa y algunas prendas básicas; productos de perfumería como colonia, jabón y aceite; y un “módulo de juguetes” que se limita a pomos y artículos plásticos, como si esos pocos productos fueran suficiente para tener un niño en Cuba.
Aunque el MINCIN celebró que más de 800 embarazadas se han beneficiado en lo que va de año, la realidad es que el módulo entregado se queda muy lejos de cubrir las necesidades reales de un recién nacido.
En años anteriores, estos programas incluían cunas y colchones, pero en esta ocasión ni siquiera se mencionan, lo cual habla a las claras de una agudización de la crisis en Cuba.
Este tipo de iniciativas llega en un contexto dramático para la natalidad en Cuba. Según datos oficiales revelados recientemente, la isla tiene apenas 9,7 millones de habitantes, con una población envejecida, una natalidad en retroceso y una emigración masiva.
Incluso el propio gobierno admitió que Cuba está “por debajo del nivel de reemplazo poblacional”, lo que significa que cada generación tiene menos hijos que la anterior y no se garantiza la sostenibilidad demográfica.
A esto se suma la precariedad económica que atraviesan las familias cubanas. El salario medio en 2024 fue de apenas 5,839 pesos cubanos, lo que equivale a unos 16 dólares al cambio informal actual.
En provincias como Santiago de Cuba, la cifra desciende a 5,123 CUP, mientras que en La Habana, aunque ligeramente superior, sigue siendo insuficiente frente a los precios reales de los productos básicos.
En un país donde tener un hijo implica un gasto descomunal que el Estado no cubre, y donde el poder adquisitivo es casi inexistente, entregar un paquete con algunos metros de tela y colonia barata difícilmente puede considerarse “priorizar” a las embarazadas.
Más que una política de apoyo, este programa parece un gesto simbólico frente a una crisis que ya afecta de forma estructural el futuro demográfico de la nación.
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