No hay comida, los apagones son eternos y la desesperanza crece. Cuando se le pregunta a un cubano común si aún tiene esperanza en su país, la mayoría baja la cabeza, suspira o responde con resignación: “No hay ninguna”.
Un reciente reportaje del medio independiente Cubanet recogió testimonios en las calles de La Habana que reflejan con crudeza el sentir popular. Una mujer contó que sus hijos tuvieron que cenar pan con agua con azúcar, porque no había nada más. Otra dijo que la situación empeora cada día: “Esto es sálvese quien pueda”.
La mayoría de las personas entrevistadas compartieron opiniones similares. "¿Esperanza? Estamos perdidos", dijo un joven. Otro señaló que los apagones en provincias como Cienfuegos, Oriente y Sancti Spíritus pueden durar hasta 40 horas. "¿Qué esperanza uno puede tener así?", se preguntó.
"Esto es sálvese quien pueda", comentó otra mujer visiblemente abatida, mientras un joven resumía su sentir con un seco: "no hay esperanza". Solo una entrevistada mostró un matiz distinto, aunque sin dejar de reconocer la gravedad de la situación: "Me aferro a Dios y dejo todo en sus manos", dijo, esperanzada en que algo pueda mejorar algún día.
Estas declaraciones ocurren en un contexto marcado por el deterioro acelerado de las condiciones de vida en Cuba. En La Habana, los apagones se han extendido hasta ocho horas diarias, incluso durante la madrugada, según los nuevos cronogramas publicados por la Empresa Eléctrica. En otras provincias, las interrupciones pueden superar las 30 horas consecutivas.
Aunque las autoridades insisten en que las afectaciones son equitativas y llaman a la población a informarse únicamente por canales oficiales, la realidad cotidiana contradice esos comunicados, generando un clima de desconfianza y agotamiento social.
Para muchos cubanos a pie de calle, como los que aparecen en el video de Cubanet, la esperanza no es más que una palabra vacía frente a un presente incierto y un futuro que parece cada vez más lejano.
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