Una abuela cubana en el municipio de Contramaestre, Santiago de Cuba, enfrenta una lucha diaria para cuidar a su nieto enfermo, en condiciones extremas de precariedad.
En una vivienda a medio construir, la mayor parte del día sin electricidad y sin otro medio para cocinar que no sea leña, esta mujer ha criado al niño desde que tenía apenas unos meses de nacido, tras ser abandonado por su madre.
El menor tiene 11 años, sufre una grave enfermedad ósea que ha requerido al menos nueve operaciones quirúrgicas en sus piernas. A pesar de su situación, el Estado no le ha proporcionado una silla de ruedas, ni ningún otro recurso que le permita tener una vida más digna o moverse con autonomía.
El caso, visibilizado recientemente por el creador de contenidos cubano Noly Blak, ha conmocionado a miles de personas dentro y fuera de la isla.
Durante su visita a esta familia, Noly supo que la abuela preparaba para el almuerzo unos boniatos hervidos, cocinados con leña en unas cazuelas deterioradas, únicas herramientas disponibles. Llevan cinco meses sin gas para cocinar y tienen apagones de hasta 20 horas cada día.
"Lo único que pido es una olla arrocera para poder cocinarle al niño", expresó la mujer, cuya familia incluye también a su esposo, a su hijo (padre del menor) y una bisabuela en situación de dependencia, todos viviendo en condiciones de alta vulnerabilidad.
Mientras tanto, en la Asamblea Nacional, figuras como Manuel Marrero y Miguel Díaz-Canel insisten en repetir que en Cuba “no se abandona a nadie”. Una frase que resuena como una burla ante la dura realidad que vive esta familia campesina, completamente olvidada por las instituciones.
La historia ha movilizado a cubanos, que han comenzado a organizar donaciones con el fin de aliviar, aunque sea mínimamente, la dura cotidianidad de esta familia.
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