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Por primera vez, un medio oficialista cubano ha reconocido un crimen machista como un feminicidio.
La publicación de Cubadebate, el pasado lunes, utilizó el término -aunque en su variante "femicidio"- para titular una nota sobre el asesinato de una mujer en plena vía pública en Holguín a manos de su esposo, un hecho que también dejó gravemente herida a la hija de la víctima.
La cobertura del suceso marca un hecho inédito en el ecosistema mediático estatal cubano, tradicionalmente reacio a emplear este tipo de terminología.
La nota, sobre el arresto de un hombre que asesinó a una joven y agredió a su hija, fue replicada incluso por agencias como EFE, que subrayaron la rareza del hecho: el uso de la palabra "femicidio" en la prensa oficial cubana es prácticamente inexistente.
Una excepción que confirma la regla
El reconocimiento del término no es gratuito ni casual. Se produce en un contexto en el que la presión social, el activismo independiente y el periodismo alternativo han obligado al régimen a rendirse ante la evidencia de una crisis de violencia de género en la Isla.
Las plataformas Alas Tensas y Yo Sí Te Creo en Cuba, que monitorean y verifican estos hechos de manera independiente, registraron más de 50 en 2024 y ya van por 19 contabilizados este año.
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Hasta ahora, el gobierno ha negado categóricamente que en Cuba existan feminicidios, amparándose en una lógica semántica que pretende desligar estos crímenes de género de su contexto estructural y estatal.
El gobernante Miguel Díaz-Canel lo dijo sin ambages en marzo pasado, durante el Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC):
"Las plataformas subversivas anticubanas intentan imponer la matriz de que en Cuba existe feminicidio (...). Podemos asegurar aquí categóricamente que esa es una construcción mediática ajena por completo a la realidad cubana", declaró.
Un régimen que prefiere negar antes que actuar
La reticencia del gobierno a emplear el término feminicidio no es inocente. Reconocerlo implicaría aceptar que existe una violencia sistemática y estructural contra las mujeres, ante la cual el Estado ha sido históricamente pasivo o cómplice.
En lugar de implementar políticas públicas efectivas y transparentes, el régimen ha optado por el silencio, la negación y la criminalización de los activismos independientes que exigen justicia y visibilidad.
El uso puntual del término en Cubadebate parece más una estrategia táctica para apaciguar críticas internacionales y lavar imagen, que un cambio real en la política comunicacional del Estado.
Basta con revisar el historial de ese mismo medio: antes del lunes, la palabra "feminicidio" solo había aparecido en cuatro titulares, y jamás para referirse a un crimen ocurrido en Cuba.
En 2021, el propio Cubadebate publicó un texto que afirmaba que "intentar calcar con precisión el término feminicidio a la realidad cubana resulta complicado", justificando la omisión con extractos de la Constitución.
Por su parte, Mariela Castro Espín, directora del estatal CENESEX e hija de Raúl Castro, llegó a decir en una entrevista al diario Tiempo Argentino en 2015:
"Nosotros no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento".
Justicia en la sombra
En el caso específico del crimen en Holguín, ni Cubadebate ni ninguna otra instancia oficial identificó a la víctima ni al agresor, lo cual refuerza la opacidad institucional en el manejo de este tipo de casos.
La falta de datos, estadísticas públicas y protocolos claros sigue siendo la norma, a pesar de que en julio de este año el Gobierno reconoció que tribunales cubanos registraron 76 asesinatos de mujeres por razones de género en 2024.
Más recientemente, se anunció la creación de un registro informatizado de feminicidios, que estará a cargo de la Fiscalía, el Tribunal Supremo y el Ministerio del Interior. Sin embargo, ese registro no será público, lo que resta toda posibilidad de control ciudadano o auditoría independiente.
Feminicidio: una palabra que el poder teme
El uso del término "femicidio" en Cubadebate es, sin duda, un hito. Pero también una evidencia de la hipocresía del régimen: mientras celebra un Código de las Familias "avanzado", se niega el más elemental de los reconocimientos: que en Cuba se asesina a mujeres por ser mujeres.
El silencio oficial no es neutro. Mata dos veces: a la víctima y a su memoria.
Nombrar el feminicidio es el primer paso para combatirlo. Que lo haya hecho, al fin, un medio estatal, no es un avance del régimen, sino una conquista del activismo feminista independiente y de la sociedad civil que se resiste al olvido.
Preguntas frecuentes sobre el reconocimiento de feminicidios en Cuba
¿Qué significa el reconocimiento del término "feminicidio" por parte de la prensa oficialista cubana?
El reconocimiento del término "feminicidio" en un medio oficialista cubano marca un hito, ya que históricamente el gobierno ha negado la existencia de estos crímenes en la isla. Este reconocimiento se da en un contexto de presión social y activismo independiente que busca visibilizar la violencia de género en Cuba.
¿Cómo ha respondido el gobierno cubano a las críticas sobre la violencia de género?
El gobierno cubano ha sido criticado por su reticencia a reconocer oficialmente los feminicidios y por su falta de transparencia en la publicación de estadísticas sobre violencia de género. Aunque ha implementado un registro informatizado de feminicidios, este no es público, limitando la posibilidad de control ciudadano y auditoría independiente.
¿Cuál es la situación actual de los feminicidios en Cuba según las plataformas independientes?
Las plataformas independientes Yo Sí Te Creo en Cuba y Alas Tensas han registrado un total de 19 feminicidios en lo que va de 2025. Estas organizaciones han asumido el papel de documentar estos crímenes debido a la falta de reconocimiento oficial y transparencia por parte del gobierno cubano.
¿Por qué el término "feminicidio" es importante en el contexto cubano?
El término "feminicidio" es crucial porque implica el reconocimiento de una violencia sistemática y estructural contra las mujeres por razones de género. Nombrar estos crímenes es el primer paso para combatirlos y exigir justicia y políticas públicas efectivas que protejan a las mujeres.
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