El joven paciente, víctima de una grave descarga eléctrica, permanece ingresado desde hace nueve meses en la sala de quemados del hospital militar “Dr. Luis Díaz Soto”, conocido como “el Naval”.
Varios perfiles afines al oficialismo, como “Marcos Antonio Noticia” y “Logística de Vanguardia”, compartieron este lunes la historia de “Migue” con un tono celebratorio, resaltando su evolución médica como símbolo del compromiso y la capacidad del sistema de salud cubano.

Según lo divulgado, Migue sufre secuelas severas tras una quemadura eléctrica de alta complejidad y ha estado bajo atención continua en el Servicio de Quemados del hospital, apoyado por un equipo multidisciplinario.
El proceso ha incluido múltiples intervenciones quirúrgicas, cuidados intensivos y acompañamiento emocional por parte del personal sanitario.
Los textos destacan la figura de los profesionales médicos, a quienes llaman “Celosos Guardianes”, y afirman que “cada día es una victoria”, aludiendo al avance progresivo del paciente, quien se ha mantenido estable a pesar de la gravedad inicial del cuadro clínico.
Aunque el testimonio es indudablemente conmovedor, el tratamiento narrativo que le han dado actores vinculados al régimen busca presentar esta historia como una prueba de éxito del sistema de salud cubano, el cual atraviesa una profunda crisis por falta de recursos, deterioro estructural, apagones frecuentes y escasez de personal.
El discurso destaca la labor del equipo multidisciplinario del Servicio de Quemados y Terapia del hospital, a quienes denominan “Celosos Guardianes”.
Se habla de "un acto de amor", "una red de apoyo" y "un bastión de humanidad", en un tono claramente orientado a reforzar la narrativa oficialista en redes sociales.
Sin embargo, este uso propagandístico contrasta con la dura realidad que enfrenta el sistema de salud en Cuba: falta de medicamentos esenciales, insumos quirúrgicos ausentes, apagones que afectan hospitales, deterioro de la infraestructura médica y una fuga sostenida de personal hacia el extranjero.
La historia de Migue, sin embargo, va más allá de cualquier intento de instrumentalización política.
Representa un esfuerzo médico real, la lucha de una persona por sobrevivir y la dedicación de profesionales que, muchas veces, trabajan en condiciones extremadamente difíciles.
Esa es la dimensión humana que merece ser contada sin adornos ni consignas.
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