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Cuatro muertos, varios heridos, un intercambio de disparos en aguas territoriales y acusaciones de “fines terroristas”: el incidente ocurrido en la mañana de este 25 de febrero frente a la costa de Villa Clara, no solo ha dejado un saldo trágico y múltiples interrogantes, sino también un llamativo silencio en la cúpula del poder cubano.
Hasta el cierre de esta nota, ni el presidente designado Miguel Díaz-Canel, ni el primer ministro Manuel Marrero Cruz, ni el canciller Bruno Rodríguez Parrilla se han pronunciado públicamente sobre un hecho que tiene un potencial impacto diplomático con Washington y que involucra a ciudadanos cubanos residentes en EE.UU.
El silencio mantenido hasta ahora encaja en un patrón conocido: la tradición del régimen cubano de seguir de largo, minimizar o reaccionar tardíamente ante hechos delicados, especialmente cuando estos pueden generar costos políticos o comprometer la narrativa oficial.
La ausencia de declaraciones contrasta con la magnitud del suceso y con la rapidez con que otros actores -dentro y fuera de Cuba- han reaccionado.
Un patrón de silencio y control del relato
En episodios sensibles -desde protestas sociales hasta crisis migratorias o hechos violentos de alto impacto- la reacción inicial del poder político en Cuba suele ser el silencio.
Las primeras versiones quedan en manos de órganos como el Ministerio del Interior o los medios oficiales, mientras la máxima dirigencia evita pronunciamientos inmediatos.
Solo cuando el relato está completamente encuadrado, o cuando la presión interna y externa lo exige, suelen llegar declaraciones políticas más amplias.
En este caso, tras el enfrentamiento armado con saldo mortal, el discurso ha quedado limitado a los comunicados del MININT.
No ha habido comparecencias, mensajes en redes sociales ni referencias en intervenciones públicas de los principales dirigentes del país.
¿Por qué calla la cúpula dirigente cubana ante un incidente de esta gravedad? El suceso no solo tiene implicaciones de seguridad nacional.
También toca fibras sensibles en una comunidad migrante marcada por décadas de tensiones, desconfianzas y episodios violentos en el estrecho de la Florida. Cuatro personas murieron en circunstancias que, hasta ahora, solo han sido narradas por una de las partes.
La ausencia de pronunciamientos políticos al más alto nivel puede interpretarse como una estrategia de contención mientras se desarrollan las investigaciones.
Pero también se inscribe en una práctica reiterada: dejar que el aparato de seguridad controle el relato inicial, ganar tiempo y, si es necesario, reaccionar más adelante con un discurso ya consolidado.
En un contexto regional frágil y con relaciones bilaterales tensas, cada palabra -o cada silencio- pesa.
Y, por ahora, el silencio de la élite dirigente cubana frente a un enfrentamiento armado que dejó muertos y heridos en aguas nacionales no parece casual, sino coherente con una forma de gestionar las crisis que privilegia el control del mensaje por encima de la inmediatez informativa.
El enfrentamiento
Según una nota informativa del Ministerio del Interior (MININT), una lancha rápida con matrícula del estado de Florida (FL7726SH) fue detectada navegando dentro de aguas cubanas, aproximadamente a una milla náutica al noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio de Corralillo, provincia de Villa Clara.
De acuerdo con la versión oficial, una unidad de superficie de las Tropas Guardafronteras, integrada por cinco efectivos, se aproximó a la embarcación para identificarla. En ese momento -según el comunicado- desde la lancha “infractora” se abrió fuego contra los militares cubanos.
En el intercambio de disparos resultó lesionado el comandante de la nave cubana. El parte oficial reportó cuatro personas abatidas a bordo de la lancha y seis heridos, quienes fueron evacuados y recibieron atención médica.
Posteriormente, las autoridades ampliaron la información e identificaron a Michel Ortega Casanova como uno de los fallecidos, mientras continúan los procesos de identificación de otras tres víctimas.
El MININT aseguró que la embarcación transportaba a diez personas armadas que pretendían ingresar al territorio nacional con “fines terroristas”, según declaraciones preliminares de los detenidos.
Entre los arrestados figuran Amijail Sánchez González, Leordan Enrique Cruz Gómez, Conrado Galindo Sariol, José Manuel Rodríguez Castelló, Cristian Ernesto Acosta Guevara y Roberto Azcorra Consuegra. Además, fue detenido en territorio cubano Duniel Hernández Santos, presuntamente vinculado con la recepción del grupo.
Las autoridades informaron la ocupación de fusiles de asalto, armas cortas, artefactos incendiarios de fabricación artesanal, chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje.
También señalaron que algunos de los implicados cuentan con antecedentes penales y que dos de ellos figuraban en listados nacionales vinculados a investigaciones previas.
Los nombres de Amijail Sánchez González y Leordan Enrique Cruz Gómez aparecen, además, en la lista que el régimen actualizó en julio pasado y presentó ante la ONU como parte de su relación nacional de personas consideradas terroristas.
El silencio en La Habana
Mientras tanto, en Cuba, la máxima dirigencia política no ha añadido una sola palabra al relato oficial.
La última publicación de Miguel Díaz-Canel en redes sociales estuvo dedicada a la Audiencia Pública Parlamentaria por los 50 años del Poder Popular. En ella hizo un llamado a “revitalizar la participación, defender la soberanía y mantener viva la esperanza en un mañana mejor”.
Manuel Marrero Cruz también centró su mensaje en la conmemoración parlamentaria, calificándola de homenaje a Fidel Castro y reiterando la máxima de que “el poder del pueblo, ese sí es poder”.
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez compartió un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate sobre cómo -según él- el gobierno de Estados Unidos “sataniza” a Cuba mediante etiquetas peyorativas y fórmulas propagandísticas. Tampoco mencionó el tiroteo en aguas cubanas.
Reacciones en Estados Unidos
Paralelamente, el incidente, que involucra una embarcación registrada en Florida y ciudadanos cubanos residentes en EE.UU., provocó una reacción inmediata en Washington.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que el gobierno estadounidense verificará “de manera independiente” lo ocurrido. Rubio advirtió que los reportes iniciales son incompletos y que utilizarán los canales oficiales -incluida la embajada en La Habana- para determinar con precisión lo sucedido.
El vicepresidente JD Vance indicó que la situación está siendo monitoreada, aunque reconoció que aún no cuentan con suficientes detalles: “Ojalá no sea tan grave como tememos. Pero no puedo decir más, porque simplemente no sé más”.
El recaudador de impuestos del condado Miami-Dade, Dariel Fernández, calificó el comunicado como una narrativa propagandística no verificada por fuentes independientes.
La alcaldesa Daniella Levine Cava pidió una evaluación completa e inmediata del incidente, con total claridad y rendición de cuentas.
La congresista María Elvira Salazar exigió a las autoridades estadounidenses esclarecer con urgencia lo ocurrido, mientras que el congresista Carlos A. Giménez reclamó determinar si alguna de las víctimas era ciudadano o residente legal de Estados Unidos.
El contraste resulta evidente. Mientras Washington anuncia verificaciones independientes y políticos del sur de Florida exigen transparencia, la élite dirigente cubana mantiene el silencio ante un hecho que dejó cuatro muertos y varios heridos, que involucra armas de alto calibre y que podría tensar aún más las ya complejas relaciones bilaterales.
Preguntas frecuentes sobre el incidente armado en aguas cubanas
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¿Qué ocurrió en el enfrentamiento armado en aguas de Cuba?
El 25 de febrero de 2026, un enfrentamiento armado en aguas de Cuba resultó en cuatro muertos y varios heridos. Según la versión oficial del Ministerio del Interior cubano, una lancha rápida con matrícula de Florida fue detectada dentro de aguas territoriales cubanas y desde allí se abrió fuego contra las Tropas Guardafronteras, resultando en un intercambio de disparos.
¿Por qué la cúpula dirigente cubana guarda silencio sobre el incidente?
El silencio de la cúpula dirigente cubana ante el incidente podría ser una estrategia de contención mientras se desarrollan las investigaciones. Este patrón de silencio es común en el régimen cubano cuando enfrenta situaciones delicadas que pueden tener costos políticos. Se espera que el gobierno controle el relato inicial antes de emitir declaraciones más amplias.
¿Cómo ha reaccionado Estados Unidos ante el incidente en aguas cubanas?
Estados Unidos ha anunciado que verificará de manera independiente lo ocurrido en el incidente. Las autoridades estadounidenses, incluidos políticos del sur de Florida, han exigido transparencia y una evaluación completa de lo sucedido, dado que la embarcación involucrada estaba registrada en Florida y tenía ciudadanos cubanos residentes en EE.UU. a bordo.
¿Qué se ha dicho sobre los implicados en el enfrentamiento armado?
El Ministerio del Interior de Cuba ha informado que algunos de los implicados tienen antecedentes penales y que dos de ellos figuran en listados nacionales vinculados a investigaciones previas. Se han detenido a seis personas, y se ha identificado a una de las víctimas como Michel Ortega Casanova. Los detenidos fueron encontrados con armas de fuego y otros artefactos supuestamente destinados a acciones terroristas.
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