Morón, primer municipio libre de comunismo en Cuba

Manifestantes en Morón, Ciego de Ávila Foto © CiberCuba

Durante décadas el régimen cubano ha repetido una idea con insistencia casi religiosa: que el pueblo está con la Revolución, que el Partido Comunista representa a la nación y que la calle es suya.

Pero la noche de Morón contó otra historia.

Entre apagones interminables, hambre acumulada y paciencia agotada, decenas de vecinos salieron a las calles golpeando ollas, gritando “¡Libertad!” y recordando algo que el poder siempre intenta olvidar: que el miedo también se cansa.

Morón, un municipio humilde de Ciego de Ávila, hizo lo que durante años parecía imposible. No pidió permiso. No esperó discursos. No aguardó reformas que nunca llegan. Simplemente salió a la calle.

Y en medio de ese estallido de hartazgo ocurrió algo profundamente simbólico: los manifestantes sacaron propaganda del Partido Comunista, muebles y retratos del poder y los convirtieron en una fogata en plena calle.

Si alguien buscaba una metáfora del momento que vive Cuba, difícilmente encontrará una mejor.

Durante décadas el régimen ha construido un país donde falta casi todo: comida, electricidad, transporte, medicinas. Pero donde siempre sobran consignas, carteles y propaganda. Morón decidió hacer algo útil con ella: usarla como combustible.

Mientras tanto, la respuesta del poder fue la de siempre: disparos, represión, corte de internet y silencio oficial.

Es el manual de un sistema que ya no sabe gobernar, pero sí sabe apagar luces, bloquear señales y mandar policías.

Y aun así, el pueblo salió.

Morón no ha cambiado el sistema en una noche. Nadie es ingenuo. Pero sí ha demostrado algo mucho más peligroso para el régimen: que la gente perdió el miedo.

Por eso, más allá de la ironía, muchos cubanos podrían decir hoy que Morón es —aunque sea por unas horas— el primer municipio libre de comunismo.

Libre no porque haya cambiado el gobierno local, sino porque sus ciudadanos hicieron algo que durante demasiado tiempo parecía prohibido: decir basta.

El problema para el régimen es que las ideas, igual que el fuego, se propagan.

Hoy fue Morón.

Mañana puede ser cualquier otro municipio.

Y cuando un país entero empieza a perder el miedo, ni todos los apagones del mundo logran volver a encender la obediencia.

El cambio en Cuba no llegará desde un despacho del Partido Comunista.

Llegará desde las calles.

Como en Morón.

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Luis Manuel Mazorra

(La Habana, 1988) Director y cofundador de CiberCuba.






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