En Cuba ya no hay dudas. El pueblo está hablando. Y lo está haciendo cada noche.
Protestas por apagones, cacerolazos, gritos de “¡Libertad!”, estudiantes denunciando hambre en las aulas, vecinos enfrentando a las autoridades en barrios enteros. Y ahora Morón: un municipio que salió a la calle, quemó propaganda del Partido Comunista y volvió a recordar que el miedo también se cansa.
Mientras tanto, en Washington se habla de negociaciones.
Pero lo poco que se sabe llega a cuentagotas y casi siempre por filtraciones o señales indirectas. Ni el régimen cubano ni la administración estadounidense han ofrecido verdadera transparencia sobre qué se discute o qué se exige.
El problema es que el tiempo en Cuba no se mide en comunicados diplomáticos. Se mide en apagones de 20 horas, en hospitales sin medicinas y en familias que ya no saben cómo poner comida en la mesa.
Por eso la pregunta empieza a escucharse cada vez más fuerte entre los cubanos, dentro y fuera de la isla:
¿Qué más mensajes necesita Washington para actuar?
Los cubanos de Miami lo piden todos los días. Los cubanos dentro de la isla lo gritan en las calles. Las protestas ya no son un hecho aislado: aparecen en Matanzas, en La Habana, en Ciego de Ávila, en cualquier lugar donde la gente se queda sin luz, sin comida o sin paciencia.
El régimen está debilitado, fracturado y sin respuestas. Pero como todos los sistemas autoritarios, intenta ganar tiempo. Negociar presión a cambio de promesas. Oxígeno político a cambio de gestos simbólicos.
Es una estrategia vieja.
La pregunta es si Washington está dispuesto a reconocer el momento histórico que vive Cuba.
Porque estas ventanas no permanecen abiertas para siempre.
Hoy el pueblo cubano está perdiendo el miedo.
Hoy el régimen enfrenta protestas cada vez más frecuentes.
Hoy la comunidad cubana en Estados Unidos exige cambios reales.
Es ahora o nunca.
Por eso la pregunta vuelve a surgir, inevitable:
¿Qué espera Marco Rubio?
¿Qué espera Donald Trump?
Cuba ya envió su mensaje.
Lo está enviando cada noche desde sus calles.
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