
Donald Trump redobló este miércoles su amenaza de rebautizar el lago Ontario como «Lago América», advirtiendo que no estaba «bromeando», en medio de la peor crisis comercial entre Estados Unidos y Canadá en décadas.
El presidente lanzó la idea el martes en Truth Social, según informó la agencia AP, con una imagen en la que el nombre original aparecía tachado y sustituido en letras doradas. Su justificación fue escueta: «Estados Unidos no espera hacer mucho negocio con Ontario en el futuro».
Trump insiste: «Quizás no estaba bromeando»
Durante una entrevista en el programa de radio de Glenn Beck, el mandatario de 80 años comparó la iniciativa con el cambio de nombre del Golfo de México: «La gente pensó que estaba bromeando. Quizás no lo estaba, porque el último que vieron fue el Golfo de México; ahora es el Golfo de América. Así que ahora tenemos un Golfo y un lago».
En la misma conversación descartó que la guerra comercial perjudique a EE.UU.: «No tienen nada que nosotros necesitemos. Es hora de enseñarle a Canadá que no puede seguir haciendo esto».
La propuesta llega tras el colapso de las negociaciones bilaterales el 22 de agosto, cuando Washington impuso aranceles del 50% sobre importaciones canadienses por valor de unos 20,000 millones de dólares. Canadá respondió con represalias equivalentes sobre productos estadounidenses, con entrada en vigor el 8 de septiembre, y un paquete de ayuda de 7,500 millones de dólares canadienses para trabajadores afectados.
La respuesta canadiense: del rechazo al insulto directo
La ministra de Industria de Canadá, Mélanie Joly, fue tajante: «Siempre lo llamaremos Lago Ontario. Punto».
Más contundente fue el premier de Ontario, Doug Ford, quien en días recientes ya había llamado a Trump «dictador», «matón» y «el rey de las bancarrotas». Ante la propuesta del cambio de nombre, Ford la redujo a «mucha retórica» y aseguró que Ontario no «se rendirá».
Del lado estadounidense, el alcalde de Rochester —la mayor ciudad de EE.UU. a orillas del lago—, Malik Evans, rechazó la idea sin rodeos: «No he dedicado ningún pensamiento al último truco publicitario del presidente. Es otro intento de distraer al público de asuntos críticos que causan daño real a consumidores de bajos y medianos ingresos».
Un nombre indígena que precede a la provincia por siglos
La propuesta parte además de una premisa históricamente incorrecta: Trump insinuó que el nombre del lago deriva de la provincia canadiense, cuando ocurre exactamente lo contrario.
Daniel Macfarlane, profesor de la Universidad de Michigan Occidental e investigador de las aguas fronterizas entre ambos países, lo explicó en declaraciones a WXXI News: «Ontario es un nombre indígena. Es una anglización de una palabra iroquesa que significa algo como gran lago, o lago brillante y resplandeciente».
El lago recibió ese nombre siglos antes de que existiera la provincia.
Macfarlane reaccionó con incredulidad: «Me reí a carcajadas y me tapé la cara con la mano... porque es simplemente ridículo». Y añadió que «el lado canadiense del lago Ontario supera ampliamente al de Nueva York en términos de población. El lago es mucho más importante para Canadá que para Estados Unidos».
Desde el punto de vista legal, Trump podría ordenar a las agencias federales que usen el nuevo nombre —como hizo con el Golfo de México en enero de 2025—, pero no tiene autoridad para imponer ese cambio a Canadá ni a los organismos internacionales que supervisan el lago.
El coste real: turismo canadiense en caída libre
Más allá del simbolismo, la guerra comercial ya tiene consecuencias tangibles. Investigadores de la Universidad de Toronto calcularon que las visitas canadienses a zonas metropolitanas de EE.UU. cayeron un 42% desde que Trump asumió el poder.
En Florida, el turismo canadiense bajó casi un 14% en el primer semestre de 2026, y en Nueva York descendió un 26% en 2025.
«Nuestra economía turística no puede permitirse otro año de guerras comerciales con Canadá que alejen a nuestros visitantes internacionales más importantes», advirtió Vijay Dandapani, presidente de la Asociación Hotelera de Nueva York, subrayando que Canadá es el principal socio turístico de esa ciudad.
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