
Un joven científico cubano reconoció que la mayoría de los profesionales con los que se graduó ya no trabaja en el país, una pérdida de capital humano que atribuyó, entre otras razones, a los bajos salarios de la investigación y a la búsqueda de mejores condiciones económicas.
El testimonio de Manuel Cruz Rodríguez, licenciado en Matemática y máster en Matemática Numérica, fue divulgado este jueves por Armando Rodríguez Batista, actual ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), como parte de una serie dedicada al Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF).
Cruz, quien también se desempeña como secretario del Consejo Científico del ICIMAF, habló abiertamente sobre la fuga de profesionales formados en Cuba y las dificultades para retenerlos dentro del sistema científico estatal.
Sobre ese tema, afirmó sin pelos en la lengua que la mayoría de sus compañeros graduados ya no trabajan en el país.
Algunos continuaron estudios de maestría o doctorado en el extranjero, mientras otros buscaron alternativas que les permitieran mejorar sus condiciones económicas porque, según explicó el científico, los salarios dedicados a la investigación resultan insuficientes.
«Son muy buenos profesionales, reconocidos y demandados allá afuera, y son conocimientos que se están perdiendo en la ciencia cubana», lamentó Cruz.
La publicación resulta particularmente significativa porque procede del propio titular del organismo encargado de dirigir la política científica cubana y reconoce, a través del testimonio de uno de sus investigadores, un problema que durante años ha afectado a universidades y centros de investigación de la isla: la salida sostenida de profesionales altamente calificados.
El propio texto institucional admite que «es un imperativo mejorar la economía de las personas dedicadas en Cuba a la ciencia» y reconoce la necesidad de remunerarlas mejor en correspondencia con su aporte y con las condiciones en las que trabajan.
La situación personal de Cruz refleja varias de esas dificultades.
El matemático expresó su esperanza de que durante los próximos cinco o diez años mejoren las condiciones en Cuba, mencionando específicamente la cobertura, las comodidades y la estabilidad eléctrica necesarias para poder concentrarse en investigar sin estar pendiente del agua o de mantener cargado el teléfono celular.
A pesar de ello, continúa vinculado al ICIMAF y aspira a cursar un doctorado en una materia que le apasione.
Ese proyecto, sin embargo, también compite con sus responsabilidades familiares: el científico reconoce que sus hijos pequeños ocupan buena parte de su tiempo y que no quiere restárselo.
Su esposa también pertenece al sector científico y trabaja en el Centro de Inmunología Molecular (CIM).
Según la publicación, Cruz participa activamente en el cuidado y la educación de sus hijos para que ambos puedan continuar desarrollando sus respectivas carreras.
En el ámbito profesional, integra un grupo que emplea matemática numérica y simulaciones computacionales para ensayar numerosas alternativas antes de recurrir a experimentos físicos, una metodología que permite ahorrar materiales y otros recursos de laboratorio.
Esos modelos también pueden utilizarse para prever comportamientos y reducir riesgos en determinadas aplicaciones tecnológicas.
Pero esa actividad se desarrolla en un sector que, según reconoce el propio texto difundido por el ministro, enfrenta obsolescencia tecnológica, deterioro de los centros de trabajo y pérdida de talentos.
Las advertencias sobre el éxodo de profesionales cubanos es un viejo problema arrastrado por años.
En enero de 2023, un profesor de la Universidad de La Habana lanzó un llamado desesperado ante la salida de docentes y especialistas, advirtiendo sobre la pérdida de personal valioso y las enormes dificultades para sustituir a profesionales con años de formación y experiencia.
El problema también ha alcanzado áreas científicas directamente vinculadas a servicios esenciales.
En ese sentido, meteorólogos cubanos alertaron en 2025 sobre la pérdida de especialistas provocada por los bajos salarios, la falta de recursos y el éxodo de profesionales, una situación especialmente delicada en un país expuesto regularmente a huracanes, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos.
Además, la salida de jóvenes forma parte además de un fenómeno demográfico mucho más amplio.
Datos del Centro de Estudios Demográficos mostraron recientemente que la mitad de quienes emigraron de Cuba en 2024 tenían menos de 35 años, un segmento especialmente importante para la renovación de la fuerza laboral y profesional del país.
Preguntas frecuentes sobre la fuga de científicos cubanos y la crisis del CITMA
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué los científicos cubanos están dejando el país?
Los científicos cubanos están dejando el país principalmente por los bajos salarios y la búsqueda de mejores condiciones económicas. Según Manuel Cruz Rodríguez, un matemático del ICIMAF, muchos optan por continuar sus estudios o buscar oportunidades laborales en el extranjero debido al insuficiente apoyo económico para la investigación en Cuba.
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¿Cuál es la situación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en Cuba?
El CITMA está siendo disuelto y sus funciones se repartirán entre dos nuevos ministerios. Esta decisión ha sido criticada por científicos como Enrique Arango, quien considera que la eliminación del CITMA sin consulta previa es perjudicial para la ciencia cubana y podría debilitar áreas estratégicas de investigación.
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¿Cómo afecta la reorganización del CITMA a los científicos en Cuba?
La reorganización del CITMA podría acelerar la pérdida de capital humano especializado. La falta de consulta y claridad en la reestructuración ha generado incertidumbre entre los científicos, quienes temen que esto pueda debilitar las capacidades científicas del país y aumentar el éxodo de profesionales.
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¿Qué impacto tiene la fuga de talentos en la ciencia cubana?
La fuga de talentos está debilitando la ciencia cubana al perder profesionales altamente calificados. Estas pérdidas afectan la capacidad del país para desarrollar investigaciones y mantener su nivel de conocimiento científico, lo que es crucial para el desarrollo sostenible y la innovación tecnológica.
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