Nieto de Fidel Castro alerta contra convertirlo en «estatua», pero lo llama «genio» y dice que Birán es «sagrado»

Raúl, Fidel y Fidel Antonio Castro Smirnov Foto © Cubadebate - Captura de video YouTube / teleSUR

Fidel Antonio Castro Smirnov, nieto del dictador Fidel Castro, protagonizó una llamativa contradicción durante una entrevista concedida a teleSUR desde Birán: alertó sobre el peligro de convertir a su abuelo en una figura intocable mientras él mismo lo describía con términos propios del culto político construido durante décadas alrededor del fallecido gobernante cubano.

«Hay un peligro que puede existir cuando se cumplen 100 años de alguien tan grande: es que se le convierta en estatua, que se le admire de lejos, con flores y sin preguntas», afirmó Castro Smirnov.

La advertencia contrasta con el tono empleado por el propio científico a lo largo de la conversación. Castro Smirnov llamó a su abuelo «el gran Fidel», «el hombre que desafió al imperio» y «el genio», y definió a Birán, lugar de nacimiento de Castro, como un sitio «sagrado».

«Para mí también es el comandante en jefe, para mí también es el gran Fidel, el hombre que desafió al imperio, el genio», aseguró.

El nieto del gobernante fallecido fue todavía más explícito al describir la presencia que su abuelo conserva en su vida. «Cuando nos dicen cómo sobrellevamos su ausencia, nosotros respondemos: ¿Ausencia? Yo no sé lo que es vivir sin Fidel», afirmó.

Y añadió: «Yo escojo vivir feliz con Fidel, llevándolo adondequiera que voy, llevándolo en mi mente, en mi sueño, en mi sangre, en mi trabajo, en mi conciencia».

Una devoción que proyecta hasta el «segundo centenario»

La dimensión familiar de esa veneración apareció también cuando Castro Smirnov habló de la relación de Fidel Castro con sus descendientes.

Aseguró que, pese a sus responsabilidades, su abuelo encontraba tiempo para la familia y afirmó que «Fidel quería mucho a su familia».

Luego proyectó ese vínculo incluso hacia el próximo siglo. «Su familia quiso muchísimo a Fidel, quiere muchísimo a Fidel y lo seguirá queriendo todavía más en su segundo centenario», declaró.

La frase resulta especialmente peculiar en una entrevista dedicada precisamente al centenario de Castro, nacido el 13 de agosto de 1926.

Castro Smirnov sostuvo además que «todos los cubanos queremos parecernos a Fidel», extendiendo al conjunto de la población la admiración que él profesa por su abuelo.

Birán, un lugar «sagrado» donde se siente una «energía»

La veneración no se limitó a la figura de Castro. También alcanzó el lugar donde nació.

Castro Smirnov calificó Birán como un «lugar sagrado» y aseguró que allí existe un ambiente diferente. «Se respira otro aire y uno siente una energía», afirmó.

El comentario resulta llamativo porque él mismo introdujo inmediatamente su condición de científico como contrapunto a esa percepción.

«Yo soy científico, ¿no?, pero bueno, también los científicos tenemos nuestros momentos espirituales», explicó.

En otro momento sostuvo que en Birán «se respira un aire renovador» y atribuyó esa sensación, al menos parcialmente, a la pasión de quienes continúan admirando a Fidel Castro y al conocimiento de que «aquí empezó todo».

«Con flores y sin preguntas»

Es precisamente ese lenguaje el que hace particularmente significativa su advertencia sobre el riesgo de convertir a Fidel Castro en una «estatua».

Castro Smirnov planteó que el centenario no debía reducir a su abuelo a una figura admirada «de lejos, con flores y sin preguntas», y defendió que las nuevas generaciones mantengan vivo su pensamiento.

Sin embargo, la propia entrevista estuvo construida alrededor de una imagen extraordinariamente reverencial del fallecido gobernante.

Castro Smirnov presentó a su abuelo como científico, investigador, visionario, impulsor de la educación y la biotecnología, estratega nuclear y hombre capaz de conseguir aquello que otros consideraban imposible.

Incluso al hablar de los jóvenes cubanos que no conocieron personalmente a Castro, afirmó que estos «lo respetan, lo admiran y lo quieren», y señaló como responsabilidad de su generación «no dejarlo morir» en el año de su centenario.

El discurso refleja la persistencia de una construcción política alrededor de la figura de Castro que durante décadas fue alimentada por el aparato oficial cubano mediante discursos, consignas, imágenes y una presencia constante del dictador en la vida pública.

La paradoja de la entrevista queda condensada en las propias palabras de Castro Smirnov: pide evitar la veneración de un Fidel convertido en «estatua», mientras describe a su abuelo como «genio», convierte su lugar de nacimiento en un espacio «sagrado» y asegura llevarlo en su «mente», su «sangre» y su «conciencia».

Una veneración que, según sus propias palabras, espera que continúe incluso durante el «segundo centenario» de Fidel Castro.

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