Virgen de la Caridad del Cobre: madre, patrona y esperanza de Cuba

Virgen de la Caridad del Cobre. © Arzobispado De Santiago de Cuba
Virgen de la Caridad del Cobre. Foto © Arzobispado De Santiago de Cuba

La historia de la Virgen de la Caridad del Cobre está fundida con la historia misma de Cuba. Según el testimonio que Juan Moreno prestó en 1687, hacia 1612 él, siendo niño, navegaba junto a los hermanos indígenas Juan y Rodrigo de Hoyos por la Bahía de Nipe, en el Oriente cubano, en busca de sal. Tras una tormenta divisaron sobre las aguas una pequeña imagen de la Virgen con el Niño Jesús, colocada sobre una tabla en la que se leía: «Yo soy la Virgen de la Caridad». La llevaron al hato de Barajagua y, con el tiempo, la imagen terminó venerándose en la zona minera de El Cobre, cerca de Santiago de Cuba, donde se levantó su santuario. 

La devoción pronto trascendió lo estrictamente religioso. Durante las guerras de independencia, la Caridad se convirtió en la "Virgen Mambisa". Los combatientes del Ejército Libertador se encomendaban a ella y llevaban sobre el pecho medallas y la llamada “medida” de su imagen. En 1898, las tropas del general Calixto García acudieron a El Cobre en acción de gracias. El 24 de septiembre de 1915, más de dos mil veteranos mambises, encabezados por los mayores generales Jesús Rabí y Agustín Cebreco, pidieron al papa Benedicto XV que la proclamara Patrona de Cuba. El pontífice accedió el 10 de mayo de 1916. 

Décadas después, la Virgen seguía presente entre los cubanos que combatían a la dictadura de Fulgencio Batista. Investigaciones históricas describen a combatientes del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra llevando rosarios, crucifijos, estampas e imágenes de la Virgen de la Caridad, medallas y collares religiosos. Incluso el sacerdote Guillermo Sardiñas ejerció como capellán entre los guerrilleros. Aquella religiosidad popular convivía con las distintas corrientes políticas existentes dentro del movimiento revolucionario.

Después de 1959, sin embargo, el poder encabezado por Fidel Castro chocó frontalmente con la Iglesia católica. En 1961 fueron nacionalizadas las escuelas privadas, incluidas las católicas; numerosos sacerdotes y religiosas abandonaron Cuba y unos 130 sacerdotes fueron expulsados en septiembre. Las fiestas religiosas desaparecieron del calendario oficial y la presencia pública de la Iglesia quedó severamente restringida. Precisamente aquel septiembre, las autoridades impidieron una tradicional procesión de la Virgen en La Habana; las tensiones escalaron y poco después llegó la gran expulsión de clérigos. Durante años, las procesiones y manifestaciones públicas de fe quedaron prácticamente suprimidas. 

Pero Cachita no pudo ser expulsada del corazón de los cubanos. Permaneció en los hogares, en estampitas escondidas, medallas, velas y oraciones de madres y abuelas. Sobrevivió a décadas de ateísmo oficial y hostilidad estatal.

Un momento decisivo llegó con san Juan Pablo II. El 24 de enero de 1998, en Santiago de Cuba, coronó solemnemente la imagen de la Virgen y recordó ante la nación su vínculo con Céspedes, los mambises y la independencia. La llamó Reina y Madre de todos los cubanos, sin distinción de opciones políticas o ideologías. Al día siguiente confió a la Patrona los “anhelos y esperanzas” del pueblo cubano. 

La otra gran casa de Cachita está en Miami. La imagen venerada en la Ermita de la Caridad llegó desde Cuba el 8 de septiembre de 1961 y esa misma noche presidió una misa ante unos 30.000 exiliados en el Miami Stadium. En 1966 el arzobispo Coleman Carroll impulsó la construcción del santuario; la primera piedra se colocó en 1967 y la Ermita fue dedicada en 1973. Frente a la bahía de Biscayne se convirtió en casa espiritual del exilio y lugar permanente de oración por Cuba.

Hoy, 8 de septiembre de 2026, la tradición continúa viva a ambos lados del estrecho de Florida. Peregrinos llegan al Santuario de El Cobre para misas, procesiones y oraciones, mientras en Miami miles de cubanos vuelven a congregarse en torno a la Virgen. 

A Cachita acuden el enfermo, la madre que teme por su hijo, el preso y su familia, el desterrado que sueña con regresar y quienes esperan y luchan por una Cuba libre, democrática, reconciliada, próspera y justa.

Hoy Cuba atraviesa una crisis que millones sienten como la peor y más prolongada de su historia contemporánea: hambre, apagones, emigración, familias divididas y desesperanza. Por eso, desde la Isla y desde el exilio, vuelve a elevarse una misma súplica: Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de todos los cubanos, protege a tu pueblo. Cachita, acompáñanos y ayúdanos a que termine, de una vez y para siempre, este larguísimo viacrucis que tanto dolor y sufrimiento nos ha traído.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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