"¡Tíralo al agua, tíralo al agua!"



Publicado el Martes, 3 Mayo, 2016 - 11:30 (GMT-5)


Entre las personas que fueron a recibir este lunes el crucero de Carnival, al puerto de La Habana, se encontraba un opositor cubano que fue arrestado violentamente por la policía tras manifestarse a favor de las libertades públicas.

El hombre, que se autoidentificó como Daniel Llorente, dijo que era su derecho presentarse en el lugar protegido por la bandera de Estados Unidos, como símbolo de libertad.  Y añadió:

“Yo no tengo miedo hablar, yo no tengo miedo al gobierno ni soy como los cubanos que viven en la hipocresía… Y mientras esta hipocresía se mantenga en Cuba las cosas van a seguir igual”.  

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El manifestante recordó que en su discurso al pueblo cubano, el presidente Barack Obama dijo que son los propios cubanos los que tienen  que actuar para lograr cambios sociales en la Isla.

Tras sus declaraciones, apareció una patrulla policial y varios agentes lo introdujeron violentamente en un auto y lo sacaron del lugar, en medio de aplausos y expresiones de todo tipo como: “Tíralo al agua! Tíralo al agua!”, gritos de “llévenselo”, o calificativos como "traidor, vendepatria, gusano"... 

Es evidente que en la actitud de Daniel Llorente había provocación; había ganas de disentir públicamente; había ganas de ver si encontraba apoyos entre los presentes a sus manifestaciones….

Ahora bien, que sus palabras se conviertan en espectáculo es algo que es responsabilidad de un gobierno que acostumbra a criminalizar a quien disiente.

¿Por qué lo de ayer tenía que convertirse en un show? ¿Por qué? Europa está acostumbrada a vivir marchas y contramarchas organizadas el mismo día a la misma hora en sitios muy cercanos, y de lo que suelen ocuparse las fuerzas del orden es de eso: de “mantener el orden”, de vigilar que la violencia física no acabe imperando sobre el derecho libre y democrático de unos y otros a expresar su opinión.

Entonces, ¿qué pasó en Cuba ayer? Todos estaban ansiosos por ver atracar en el puerto un crucero, que es una evidencia del “cambio”; pero no estaban dispuestos a aceptar ―al menos no en ese momento― que hay otros CAMBIOS que deben ir aparejados al anclaje de un crucero en La Bahía de La Habana.

Si los extranjeros presentes no paraban de filmar como locos es porque sabían que estaban asistiendo a un show gratuito: el de Daniel Llorente y sus detractores, que es a su vez el show de un país que en realidad está cambiando menos de lo que a simple vista parece.

Daniel Llorente se equivocó al calificar de “hipócritas” a todos los que fueron a la Plaza de La Revolución el 1ro. de mayo. Eso es falso, tan extremista como considerar que fueron sinceros todos los que asistieron.

El “cambio” pasa también por la aceptación de esa realidad: que hay personas que siguen creyendo en el sistema político que Cuba ejerce; personas que en diferentes grados de aceptación lo apoyan, como diversos son también los grados de simulación pragmática entre quienes dan a entender que sí, pero en el fondo no lo apoyan.

 

Mucho más se podría decir de esta puesta en escena lamentable, que no fuera noticia hoy si las cosas en el día a día de la Isla se hicieran de otra manera.


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