
Al nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se le nota el rostro cansado. Lleva semanas recorriendo las provincias del interior del país para “constatar” por él mismo cómo van los negocios y empresas de la Isla.
Esta vez salió de noche, en Sancti Spíritus. Quería saber cómo van los centros recreativos en esa provincia. Dice que la gente es amable con él y que se siente satisfecho de que se trabaje por el disfrute espiritual de la gente.
Díaz-Canel parece enfrascado en que la gente lo reconozca. No toma decisiones importantes en el país porque esas, según dijo en su toma de posesión del cargo, le tocan a Raúl Castro.
No le ha quedado otra entonces que intentar que al menos la gente lo sienta cerca. Ha visitado iglesias, caminado kilómetros bajo el sol, jugado baloncesto con estudiantes de una escuela en Santiago de Cuba y, ahora, decidió conocer de cerca cómo funcionan los lugares de nocturnos.
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