Arcos, columnas y portales de La Habana Vieja | Foto © CiberCuba

Arcos, columnas y portales definen el rostro de La Habana

La ciudad de La Habana tiene quinientos años. Sus paisajes urbanos se definen en cada barrio y dejan ver una fisonomía propia. El más antiguo y frágil quizás sea el de La Habana Vieja, pero debemos aprender a defender la ciudad en su valor total.

Patio interior de una casa colonial, Habana Vieja. / CiberCuba

Existen algunos elementos arquitectónicos que como amantes de la ciudad podemos proteger. Para ello lo primero es aprender a identificarlos y entender su valor. Los tres más conocidos son los arcos, las columnas y los portales.

Los arcos en la arquitectura colonial cubana

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El arco de medio punto es uno de los elementos que distingue la arquitectura colonial cubana. Este elemento se basa en la geometría de un semicírculo perfecto y en la isla estuvo acompañado de vitrales que tamizaban la fuerte entrada del sol.

Vitral en la ventana de un edificio restaurado en La Habana Vieja. / CiberCuba

Al pasar la luz a través de los cristales, los colores dibujaban hermosas figuras en el suelo. Pero de eso poco nos queda ya, salvo contadas obras de arte en instituciones que han sido restauradas por la Oficina del Historiador con fines turísticos o culturales.

Arco donde hubo un vitral en La Habana Vieja / CiberCuba

En el ámbito doméstico el coste de la restauración de esas obras es casi impensable. Por eso con el tiempo y una pedrada por aquí y un huracán por allá fueron desapareciendo.

La cosa llegó al punto en que se ha vuelto común encontrar un montón de ladrillos ocupando el semicírculo en que otrora brillaba un vitral multicolor.

Columnas de todos los órdenes clásicos

En muchos viejos palacetes habaneros la columna era el elemento decorativo de lujo. Tanto así que el escritor Alejo Carpentier aseguraba que este elemento arquitectónico “era una de las más singulares constantes del estilo habanero” cuando de arquitectura se trata.

Capiteles de columnas en La Habana Vieja. / CiberCuba

En el siglo XIX las columnas abandonaron el interior de los hogares e invadieron las calles de La Habana. Extendieron la ciudad alineándose como soldados que custodiaban amplios caminos de sombra para que anduviera tranquilo el caminante.

Arcos, columnas y escalera en un solar de La Habana Vieja. / CiberCuba

Surgieron poco a poco esos inmensos portales que se conectaban y daban un sentido infinito a La Habana. Hoy la mayoría perviven como muestra de lo que un día fueron y de la evidente decadencia arquitectónica que vive la capital de Cuba.

Los portales abandonados versus los portales ocupados

El portal es ese espacio cubierto sostenido por columnas que precede a la entrada de las casas y que en Cuba es tan socorrido para guarecerse del sol y la lluvia. Muchas veces su función ha sido subvalorada y por tanto eliminada.

Portal en Calzada del Cerro. / CiberCuba

Un portal ofrece una relación especial entre el espacio público y el espacio privado. Una transición necesaria y que en Cuba es usualmente violentada en aras de robarle a la ciudad unos metros para habitarla.

Portal en Calzada del Cerro. / CiberCuba

Otras veces, justo por estar el portal en el límite entre lo público y lo privado, ha sido abandonado a su suerte. Los techos han terminado cediendo y las columnas han quedado inertes, esperando un día ser derrocadas.

Los arquitectos cubanos repetirán hasta el cansancio que tenemos un gran patrimonio

Uno de los más grande maestros de la arquitectura cubana, Mario Coyula, consideraba que con la pérdida del portal las fachadas pierden su elemento más distintivo. El resultado equivale a la amputación de la nariz en una cara humana.

Columnas sin portal, Calzada del Cerro / CiberCuba

Siguiendo su metáfora, La Habana poco a poco está siendo desfigurada. Unas veces por el tiempo y otras por la ignorancia, la miseria, el egoísmo y la mala gestión del Gobierno.

Restaurar el patrimonio cuesta caro, lleva recursos de todo tipo y mano de obra especializada. En su 500 aniversario todos le cantan su amor y alaban la belleza de La Habana. Pero... ¿cuándo en verdad comenzarán a salvarla?

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