Una cubana en la realeza de Europa

No sabía la cubana María Teresa Mestre lo que el destino le tenía preparado cuando nació en Marianao en 1956.


Ya lo sabemos, es posible encontrar un cubano en cualquier parte, lo mismo siendo el primer cosmonauta latinoamericano que entre las víctimas del Titanic, lo mismo en Qatar que en Alaska, estamos diseminados por medio mundo. Y confirmando esa verdad también una cubanita es parte de la realeza europea.

Desde hace mucho tiempo una plebeya latinoamericana llegó a las cortes de Europa, incluso antes que la austral Máxima Zorriegueta conquistara a su príncipe holandés o que la periodista Letizia Ortiz se convirtiera de la noche a la mañana en reina de España. Desde mucho antes María Teresa de Luxemburgo había hecho realidad el sueño de cualquier niñita, convertirse en princesa.

Esta mujer nació en el municipio habanero de Marianao, en el año 1956, bajo el nombre de María Teresa Mestre Batista, y nunca imaginó que un día se convertiría en la actual Gran Duquesa consorte de Luxemburgo, título que responde al de Alteza Real. Se trata nada menos que de la esposa del soberano, madre de cinco herederos al cargo de Jefe de Estado del pequeño ducado.

En 1961 estudia en una escuela privada francesa, allí conoce, siendo niños los dos, al príncipe Enrique de Luxemburgo.

Para 1981, María que provenía de una de las familias más acaudaladas de toda Cuba, estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Ginebra, y gozaba de un cuerpo y una belleza indiscutibles. Quizás esos atributos fueron los que le aseguraron que se fijara en ella Enrique, el entonces duque heredero de Luxemburgo. Se trataba de uno de los solteros más codiciados del momento.

La simpática joven se había radicado con su familia en Ginebra, luego de abandonar la isla en el propio año 1959 y permanecer algunos años en New York, y España, para quedarse finalmente en Suiza, donde se reencuentra con el príncipe. Ambos estudiaban Ciencias Políticas. En aquel entonces, el Príncipe Enrique, trataba de conservar su anonimato haciéndose pasar por un estudiante más, bajo el nombre de Enrique de Clairvaux. 

Según se dice, María Teresa no sabía de la alta ascendencia de aquel galán que le comenzó a hacer la corte. Para cuando el difícil momento llegó, no se lo podía creer, y tras la proposición de matrimonio debió pasar por momentos muy amargos al no ser aceptada en un primer momento su suegra, debido a su linaje de plebeya caribeña.

Sin embargo aquellos rechazos no hicieron que María Teresa de Luxemburgo olvidara su infancia y sienta un sano orgullo por el lugar donde nació.

Así lo demostró en el año 2002 cuando su alteza real estuvo de visita en Cuba y fue acompañada por dos de sus hijos. En aquella oportunidad explicó: “Hay algo muy fuerte que he descubierto y se llama cubanía. El sentimiento que se forja cuando uno crece en una familia cubana y que no se pierde nunca”.

Cuatro años después de su segundo encuentro, en 1981, María Teresa y Enrique de Luxemburgo se casaron en la catedral de Notre Dame de la capital de su país. María Teresa tenía 24 años. En noviembre de ese mismo año nacía el primer hijo de la pareja el Príncipe Guillermo de Luxemburgo, heredero del gran ducado.

El 7 de Octubre del año 2000, Juan de Luxemburgo abdicó en nombre de su hijo, convirtiéndose así en Su Alteza Real el Gran Duque Enrique I de Luxemburgo y su esposa, María Teresa, en Gran Duquesa. 

La pareja tiene 5 hijos.

María Teresa se dedica a labores benéficas, es Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO desde 1997 y en su país patrocina la liga de los ciegos, la asociación nacional de enfermeras y la asociación Alzheimer de Luxemburgo. Es también en su país la presidenta de la organización para la protección de los minusválidos, y de la fundación para la investigación del SIDA. 

El Gran Ducado de Luxemburgo es un pequeño país escondido entre Francia, Bélgica y Alemania. Es considerado uno de los países europeos con más alto nivel económico.

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