6 inventos cubanos que no sabes si aplaudir o llorar

Mientras los utilizas te parecen lo más normal del mundo, pero cuando los ves de lejos y te das cuenta de lo extremos que son, tus sentimientos se mueven entre la admiración, la risa y las ganas de llorar


Que el cubano es inventor es algo que en Cuba sabe hasta el “más pinto de la paloma” (cualquiera) y ya en el mundo se ha “regado la bola” (dado a conocer) porque hasta grandes cadenas de televisión se han hecho eco de esto, sin contar la cantidad de mensajes que al respecto circulan en internet y en las redes sociales.

Por ejemplo, la popular serie estadounidense Doctor House, de la cadena Fox que se transmitió desde 2004 hasta 2012, incluyó el tema en uno de sus episodios. En el capítulo en cuestión la guardia costera estadounidense salvaba a un cubano y su esposa enferma que cruzaban en bote el estrecho de la Florida.

El joven inventaba y resolvía cualquier cosa, pero su ingenio no bastaba para ayudar a su cónyuge y decidió lanzarse a la peligrosa aventura para que el famoso doctor la salvara, porque los médicos cubanos, a los que House elogia en una de las escenas, no habían podido curarla.

Y sí, House la salva, de una manera absolutamente imposible de creer y el cubanito inventor se vuelve el hombre más feliz del universo. Claro, hay inventos cubanos que, no ya viéndolos con tus propios ojos, sino haciendo incluso uso de ellos te causan más perplejidad que el para nada creíble final de la serie.

Es algo curioso lo que sucede con estos inventos, porque mientras los utilizas te parecen lo más normal del mundo, pero cuando los ves de lejos, con el paso de los años y te das cuenta de lo extremos que son, tus sentimientos se mueven entre la admiración, la risa y las ganas de llorar ¿Por qué? Mira estos cinco ejemplos y nos darás la razón:

1. Los calentadores de agua caseros

Dos latas pequeñas, una de leche condensada y otra que cupiese dentro de esta, separadas por piezas de madera que hacían de aislante y se enrollaban los dos extremos de un cables eléctrico al borde de cada una.

Luego se conectaba a la electricidad y en unos pocos minutos ya el agua estaba calentita ¿A la vista? Era algo sombroso y paralizante. La verdad es que aquello parecía que te iba a electrocutar con solo mirarlo. Pero fueron muy usados y agradecidos sobre todo por los estudiantes becados, especialmente en el invierno.

2. Los potentes ventiladores caseros criollos muy populares y extendidos. Casi en todas las casas había uno

Se hacían a partir de los motores de las lavadoras rusas marca Aurika de los años 70 y 80. La verdad es que, en cuanto a fuerza del aire, no tenían nada que envidiarles a los llamados ciclones modernos que se producen en el mundo y se venden en las tiendas por divisas (pesos cubanos convertibles CUC).

Esos mastodontes caseros fueron la salvación en el verano de los noventa y antes para los cubanos de a pie (de pocos recursos).

¿La apariencia de estos generadores de viento made in home? Bueno, esa sí que te dejaba sin palabras, algunos provocaban exclamaciones que no sabría diferenciarse si eran de asombro o de espanto.

3. Los encendedores eléctricos de cocina a base de alcohol

Otra creación que te dejaba atónito. Tenían diferentes diseños, cada uno tan o más rústico que el otro. Se utilizaban para encender las antiguas cocinas de queroseno (o luz brillante como también se les llamaba) que se precalentaban con alcohol.

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Pues se utilizaba un aditamento en forma alargada que se introducía en un pomo pequeño de cristal con alcohol y luego se rallaba sobre una resistencia que estaba conectada a la electricidad. La chispa encendía el aditamento que luego prendía el fuego con que se precalentaba el fogón y finalmente este lograba encenderse. Encender un fogón de aquellos era toda una agotadora hazaña.

4. La antena de televisión hecha con bandejas metálicas de comedores obreros o escolares

Con ella se sintonizaban los canales nacionales. Todavía se les puede ver en algún que otro pueblo de campo. Increíble, pero cierto. Dos bandejas metálicas que se atan a una especie de T hecha de madera. Y listo, orientas tu antena y ¡A ver la televisión cubana!

5. La Lámpara de aceite

Cuando llegaba el apagón en cualquier barrio de Cuba en los noventa y no había ni una vela con qué alumbrarse, la salvación era la lámpara criolla de aceite.

Claro tenías que tenerla preparada desde antes. Se armaba con un pomo de cristal de boca ancha en cuyo fondo depositabas aceite, tomabas luego un tubo de pasta dental, que en aquella época era de metal, lo abrías por la parte inferior de manera que pudiese quedarse parado en posición vertical, dentro de este colocabas la mecha haciendo que saliera por el mismo orificio de salid de la pasta, ubicabas después el tubo en medio del frasco, encendías y se acababa la oscuridad hasta que volviera la electricidad y el barrio entero gritara al unísono de felicidad.

6. Una cafetera criolla con mango de metal que puedes bajar a mano limpia del fuego sin quemarte

Las cafeteras criollas son casi un ícono cultural cubano. Inspiración de los artistas nacionales que tiene su representación hasta en el Museo de Bellas Artes. Y es que lo primero que se brinda a la visita en una casa cubana, y muchas veces lo único que puede ofrecerse, es el “buchito” (traguito) de café.

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Y cuando la cafetera se rompe, como con todo lo demás, “hay que resolver”. Y este es el resultado. Un mango de metal fue lo que tuvieron a mano para sustituir el de plástico que se rompió y ¡No se calienta! Así que a mano limpia, si agarraderas de tela, puedes bajar la cafetera del fuego cuando termina de colar. ¡Asombroso! ¿No?

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