El Callejón del Chorro

Este artículo es de hace 5 años

En el siglo XVI el terreno donde hoy se encuentra la Plaza de la Catedral era tan anegadizo y pantanoso, que se conocía como Plaza de la Ciénaga. El gobernador Gabriel de Luján, en una gran sequía en el año 1587,  construyó un amplio aljibe o cisterna, en la esquina de las calles San Ignacio y Callejón del Chorro, que captaba algunos manaderos de agua dulce del lugar. Su costo fue de menos de 500 ducados.

El Cabildo del 30 de abril de 1588 aceptó la propuesta de Juan de Rojas de limpiar la cisterna y también de cubrirla, cerrarla con llave y que su uso fuese autorizado por un vecino que sería el celador de sus aguas.

Esta cisterna estaba destinada casi exclusivamente para abrevadero de ganado que se traía a pesar a la carnicería y para la aguada de los buques que atracaban en la proximidad del boquete, situado frente a la desembocadura de Mercaderes.

En 1589 arriban a La Habana, el Maestre de Campo Juan de Tejeda, nombrado Capitán General y Gobernador de la Isla de Cuba por el rey de España Felipe II, y el célebre ingeniero Juan Bautista Antonelli, con la encomienda este último de construir los castillos del Morro y de la Punta.

En 1587 Antonelli había visitado La Habana y expresado su disposición de finalizar las obras de la Zanja Real, que abastecería la ciudad con el agua proveniente del río La Chorrera (hoy Almendares). A petición de Tejeda, Antonelli aceptó en 1591 la dirección de las obras, rectificó algunas partes del trazado y reconstruyó la represa que había sido dañada por otro huracán en 1589.

La Zanja Real llegó a la Plaza de San Francisco en 1591 y un año después al Callejón del Chorro, como atestigua la lápida ubicada en la esquina del callejón,  que indica: ¨ESTA AGUA TRAXO EL MAESSE DE CAMPO JUAN DE TEXEDA ANNO DE 1592¨.

Actualmente, sin chorro, el callejón se restaura y cobra nueva fama, con el surgimiento de pequeños restaurantes y cafés. Entre tantos nuevos establecimientos, hay dos que resaltan por la excelencia en el trato y el exquisito sabor de sus ofertas, que hacen inolvidable la vista al callejón: la pastelería Bianchini y el restaurante Doña Eutimia.

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