Enriqueta Favez, la mujer que ejerció la medicina vestida como hombre en Cuba

Para la gente de Baracoa, en el siglo XIX, su “doctor suizo” era una figura sumamente respetada. Fue un escándalo descubrir que en realidad era una mujer.

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Escultura de Enriqueta Favez, obra de José Villa Soberón Foto © PrensaLatina.cu

En la Villa de Baracoa, en el Oriente de Cuba, allá por el siglo XIX, había un “doctor suizo” que era una figura sumamente respetada. Fue un escándalo descubrir que en realidad era una mujer.

Su nombre fue Enriqueta Favez practicó la medicina, e incluso sirvió en el ejército de Napoleón, antes de que su verdadera identidad fuera descubierta.

Nació en el seno de una familia burguesa en Lausana en 1791. Sus padres fueron Louis Elie Favez y Jeanne Elisabeth Cavent.

A los 15 años se casó con Juan Bautista Renau, oficial de Cazadores de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte. Enviudó tres años más tarde, y perdió a su pequeña hija a los ocho días de nacida.

En el lapso entre 1808–1811, cuando Enriqueta tenía 20 años se disfrazó de hombre para convertirse en doctor porque a las mujeres de entonces no se les permitía estudiar medicina. Se presentó jurando que era oficial del Regimiento de Cazadores número 21, en la Universidad de París, tomando el rango de su difunto marido y comenzó a estudiar medicina.

Al terminar los estudios, se alista como cirujano militar en el ejército con el nombre de Enrique Favez, y participa como miembro del ejército francés en la conquista de Rusia. Luego fue capturada en España por las tropas de Wellington. Es confinada y cumple con servicios médicos en el Convento de San Francisco, en Miranda del Ebro.

Al ser liberada, parte a iniciar una nueva vida en el extranjero. Enriqueta Favez llega a la ciudad de Santiago de Cuba, el 19 de enero de 1819, a bordo del velero “La Helvecia” y luego se traslada a Baracoa.

Con la identidad del Dr. Enrique Favez, trabaja intensamente. Su nivel profesional le granjea el respeto de los pacientes que atiende en la zona oriental de la isla, muchos de ellos de escasos recursos económicos a quienes también enseña a leer y escribir.

En Baracoa, se enamora y se casa con una muchacha, Juana de Léon. Con este hecho viola todas las leyes establecidas por el gobierno y por la Iglesia de la Isla en Cuba.

Juana conoció la verdadera identidad sexual de Enriqueta, probablemente incluso antes de casarse, pero lo que no se sabe es si esta fue una relación consciente entre dos mujeres lesbianas o si fue sólo un arreglo mediante el que  una mujer pobre cubana, recibió apoyo económico.

Algo sucedió después del matrimonio: la gente comenzó a sospechar acerca de la verdadera identidad de su doctor y fue detenida.

Al principio, Enriqueta insistió en su identidad masculina, pero después de un degradante examen físico y de las evidencias presentadas por Juana, se vio forzada a admitir la verdad.

El proceso penal se desarrolló, en la ciudad de Santiago de Cuba, en 1823 y es considerado el juicio más escandaloso realizado en la etapa colonial cubana.

Fue hecha prisionera en La Habana, antes de ser enviada a vivir con sus parientes en Nueva Orleans, a los 33 años. Tras su llegada a Estados Unidos, sus familiares guardaron el secreto y la enviaron a un convento de monjas.

Allí, como la Hermana Magdalena, continuó ofreciendo sus servicios médicos a los pobres y se hace misionera en México.

Enriqueta murió en 1856, a los 65 años, fue enterrada en Nueva Orleans, Su tumba fue destruida recientemente, por el huracán Katrina.

Su vida ha sido estudiada por el historiador cubano Julio César González Pagés quien escribió un libro titulado: ‘Por andar vestida de hombre’.

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