La Alameda de Paula y su nueva estatua

La Alameda de Paula es el primer paseo marítimo creado en La Habana y fue construido en el año 1777.


La Alameda de Paula es el primer paseo marítimo creado en La Habana y fue construido en el año 1777.

El capitán general Felipe Fonsdeviela, Marqués de la Torre, fue uno de los mejores gobernantes que envió España a Cuba. Terminó las obras de defensa iniciadas en 1763, dictó acertadas órdenes en lo militar, la defensa, agricultura, abastos materiales y bienes públicos.

El Marqués de la Torre, hombre ilustrado que había viajado por las principales capitales europeas, al llegar a La Habana notó su falta de desarrollo urbanístico y ordenó al coronel de ingenieros Antonio Fernández de Trebejos, la construcción de la Alameda de Paula, a lo largo de la bahía de La Habana.

En su primera etapa (1777), el paseo era un sencillo terraplén flanqueado con dos hileras de álamos y bancos. Se extendía entre el hospital de Paula y el teatro Principal. El paseo se convirtió en uno de los lugares preferidos de los habaneros de esa época.

Entre 1803 y 1805 se realizaron algunas modificaciones, las que incluyeron una fuente, piso de baldosas y asientos de piedra.

En el año 1841 se ampliaron las escaleras de acceso y se colocaron varias farolas para la iluminación nocturna.

De 1844 a 1845, bajo la dirección del ingeniero mexicano Mariano Carrillo de Albornoz, quedó conformado como un terraplén de 20 varas de ancho, que se extendía entre el muelle de Luz y el baluarte de Paula. Se le introdujo un antepecho de piedra con rejas, se embaldosó nuevamente y se hizo una glorieta circular sobre el parapeto que daba al mar. Esta glorieta no existe en nuestros días.

En 1847 se levantó una fuente con una columna de mármol blanco, esculpida en el norte de Italia. En cada una de sus cuatro caras están representadas cabezas de león, de cuyas bocas descienden chorros de agua.

La Alameda de Paula ha sido remozada recientemente por la Oficina del Historiador de la ciudad.

En el mes de mayo de 2015, durante la duodécima Bienal de La Habana, se colocó en la Alameda una escultura de bronce que, según los vecinos del lugar, representa al poeta cubano Nicolás Guillén. Está de pie, viste de traje y corbata, y descansa su antebrazo derecho en uno de los muros de la Alameda. Su mano izquierda está guardada en el bolsillo del pantalón. Mira hacia la bahía. Un mechón de su pelo es batido por el viento.

La estatua no posee aún una inscripción que la identifique, algo esencial, pues algunos opinan que no guarda mucho parecido con la imagen que se recuerda de Guillén.

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