Monumento a Calixto García, General de las Tres Guerras

Este artículo es de hace 4 años

Encabezando la colección de monumentos que exhibe la famosa calle G, o Avenida de los Presidentes, en una rotonda ubicada frente al Malecón habanero, se alza el monumento dedicado al Mayor General Calixto García, héroe de las Tres Guerras.

La estatua de 4 metros de alto sobre un pedestal de 6, se encontraba originalmente rodeada por un muro de 2.50 metros de altura que imitaba una fortaleza. Después de un proceso de restauración, el monumento quedó más abierto y expuesto.

La  estatua es de bronce y todo el monumento está realizado con granito negro de los Andes del Brasil.

El interior de las paredes de los muros está cubierto por obras realizadas a relieve en bronce, que detallan los momentos más importantes de la vida del General.

La estatua ecuestre representa al héroe en traje militar de campaña con su mano derecha señalando el camino a seguir, mientras con la otra mano sostiene las riendas del caballo. El corcel está apoyado sobre tres de sus extremidades y la pata delantera derecha levantada, para representar que el jinete fue herido en batalla o falleció a causa de las heridas recibidas. Colocada mirando hacia el mar simboliza que el guerrero murió fuera de Cuba. Falleció en Washington el 11 de diciembre de 1898, cuando presidía una Misión Cubana ante el gobierno de los Estados Unidos.

El monumento fue realizado por el escultor austriaco-norteamericano Felix Weihs de Weldon y el arquitecto norteamericano Elbert Peets. La primera piedra se colocó el 29 de abril de 1957 y se develó el 4 de agosto de 1959, al conmemorarse 120 años del nacimiento del General García. 

Como casi todos los monumentos y parques de La Habana, no escapa a la indolencia social y la ¨moda¨ cavernícola de dejar firmas en las paredes. Parte de su piso se encuentra destruido y sus paredes de granito negro marcadas.

A 117 años de su muerte

El Mayor General del Ejército Libertador Calixto García Íñiguez nació en Holguín el 4 de agosto de 1839 y falleció en Washington el 11 de diciembre de 1898.

En 1869 se unió a la Guerra de los Diez Años, alzándose en la región de Holguín. Allí organizó a las dispersas partidas mambisas bajo una férrea disciplina y mantuvo en jaque a las tropas españolas de la zona. 

En 1874 fue sorprendido, con muy pocos hombres, por una columna enemiga. En tan desigual encuentro y ante la posibilidad de caer prisionero prefirió el suicidio y luego de gastar todos sus cartuchos se hizo un disparo en el paladar con su revólver, sin poder lograr su objetivo, pues sobrevivió y gravemente herido fue apresado.

Pocos días después de su captura, las autoridades españolas, que mantenían bajo estrecha vigilancia a su madre Lucía Íñiguez, le informaron que su hijo había sido hecho prisionero. A la noticia respondió Lucía: "¡Ese no es mi hijo!", y al informarle que antes de ser apresado había intentado suicidarse, para no caer prisionero, entonces respondió convencida: ¡Ah... ese sí es mi hijo!

Luego de una ligera recuperación, fue trasladado como prisionero político a España, donde estuvo desterrado hasta 1878, cuando recobró la libertad bajo la amnistía decretada por el Pacto del Zanjón. 

Viajó entonces hacia los Estados Unidos, para reunirse con la emigración patriótica. Por su talento y alto nivel de responsabilidad fue seleccionado por la dirección revolucionaria como la persona indicada para dirigir el movimiento insurreccional. Reunió nuevamente las tropas y llamó a prestigiosos jefes mambises para que lo siguieran y apoyaran. Presidió el Comité Revolucionario Cubano en Nueva York, y en 1878 publicó un manifiesto con las bases y organización que debía tener la nueva etapa independentista, que luego sería conocida como la Guerra Chiquita, que estalló en agosto de 1879. 

Se había previsto una expedición con 82 revolucionarios, pero solo poco más de 20 pudo salir de los Estados Unidos el 26 de marzo de 1880. Finalmente desembarcan en Cuba, por Aserradero, en la costa Oriental solo 19 hombres, el 7 de mayo de 1880. Muy débiles por el cansancio y el hambre y sin posibilidad de comunicarse con los compatriotas en la isla, fueron perseguidos y acosados, algunos hechos prisioneros y otros cayeron en combate, pero no se rindieron y continuaron la lucha, hasta que el 4 de agosto de 1880, luego de recibir garantías se presentan a las autoridades españolas. Les fue perdonada la vida y desterrados a España.

Permaneció 5 años en España y posteriormente viajó a los Estados Unidos para ponerse al servicio de la Guerra Necesaria o Guerra de Independencia. Luego de varios intentos frustrados de desembarco logra llegar a Cuba en marzo de 1896. Realizó una enorme labor organizativa y combativa con las fuerzas independentistas orientales. Como reconocimiento a su destacada labor, luego de la caída de Antonio Maceo, es nombrado por Máximo Gómez, con el acuerdo del Gobierno de la República de Cuba en Armas, Lugarteniente General del Ejército Libertador. En 1897 dirige campañas ofensivas contra pueblos y ciudades de la provincia oriental.

Al intervenir, en 1898 los Estados Unidos en la guerra, Calixto García expresa su desacuerdo con entregar el mando supremo de las operaciones a los norteamericanos, pero acata la decisión del Gobierno Cubano en Armas y se somete a la dirección de los generales Shafter y Lawton. 

Tras la derrota naval del general español Cervera en Santiago de Cuba y la toma de la ciudad por las tropas norteamericanas (que había estado cercada durante semanas por los mambises), el general Shafter, al mando nuevamente de su Estado Mayor, prohibió la entrada a Santiago de Cuba a las tropas de Calixto García. El General escribió una carta de protesta, llena de dignidad y patriotismo, en la que desmintió que las tropas mambisas fueran a cometer desmanes contra los españoles ya rendidos. Esta carta, y su actitud digna y patriótica ante las intenciones evidentes de dominación de la isla por las tropas de los Estados Unidos, hicieron que se le señalara como persona incómoda para los propósitos  imperialistas norteamericanos.

Tomás Estrada Palma lo llamó para participar en Washington como delegado del Ejército Libertador, en las conversaciones entre el Gobierno de la República de Cuba en Armas y el gobierno de los Estados Unidos. Durante una cena celebrada supuestamente en su honor, el 11 de diciembre de 1898, sufrió una apoplejía fulminante que le causó la muerte. Su cadáver nunca fue entregado a las autoridades cubanas allí presentes. Al amanecer del día siguiente fue enterrado con urgencia, lo que levantó sospechas, que nunca fueron confirmadas, de un envenenamiento.

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