María Mantilla junto al retrato de José Martí Foto © radiorebelde.cu

María Mantilla y su entrañable vínculo con José Martí

Este artículo es de hace 5 años

"Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche", así autorretrató José Martí su debilidad más honda y su mejor fortaleza, un sentimiento casi incontrolable y altruista de entrega total hacia la tierra que lo germinó, francamente no conozco otro precedente a la altura.

José Martí / Wikipedia.org

Si dejamos a merced de un solo atributo la definición del cubano, un solo y único rasgo que enlace a todos los nacidos en la isla, me atrevo a afirmar que sería entonces el conocimiento de y sobre Martí, en mayor o menor grado de su obra, su vida y lo que representa para Cuba.

La noche, además de la anhelada retirada del “sol” español sobre el paisaje político cubano, connota ese lado penumbroso de la naturaleza humana del cual no se escapaba el más alto prócer antillano.

La deshumanización del héroe

De entre todos los independentistas, poetas, periodistas e intelectuales de la época, Martí padecía más que nadie la soledad del eterno ausente, la carga de ser a la vez, un romántico desmedido y un hombre de patria.

Estatua de Martí, réplica de la que se encuentra en Nueva York / CiberCuba

En el camino a la deshumanización de Martí para convertirlo en un referente incuestionable del cubano modelo, la historia y sobre todo, los que la cuentan desde sus sillas de poder, han suprimido algún que otro suceso por considerarlo impropio e incongruente con el accionar patriótico martiano.

Hace unas cuantas décadas, el actor hollywoodense César Romero (1907-1994), el primero de los más famosos Guasones de la saga “Batman”, afirmó a viva voz que era descendiente directo de Martí cuando anunció que le gustaría interpretarlo en una película.

Hijo de María Mantilla / Wikipedia.org

Todo comenzó muchas más décadas atrás cuando el apóstol cubano se hospedó en la residencia del matrimonio conformado por Carmen Miyares y Manuel Mantilla, durante su exilio en New York (1880).

La correspondencia a María Mantilla

De acuerdo con el crítico peruano José Miguel Oviedo en su libro “La niña de New York: Una revisión de la vida erótica de José Martí”, la niña que tanto adoraba el héroe de Cuba y a la que dedicó buena parte de su epistolario con desgarradoras palabras, era (nada más y nada menos que) su hija, fruto de una relación con la señora de la casa, Carmen.

A María Mantilla, madre de César Romero, fue dirigida la presente carta desde Cabo Haitiano el mismo año de la muerte de Martí, con un tono muy paternal:

“Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer, en saber, para poder querer, querer con la voluntad, y querer con el cariño? ¿Se sienta, amorosa, junto a su madre triste? ¿Se prepara a la vida, al trabajo virtuoso e independiente de la vida, para ser igual o superior a los que vengan luego, cuando sea mujer, a hablarle de amores, a llevársela a lo desconocido, o a la desgracia, con el engaño de unas cuantas palabras simpáticas, o de una figura simpática?”

Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así, no la ama: Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento, y respeto. ¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?”

Ilustración de "Los zapaticos de rosa" / Wikipedia.org

A María Mantilla no le dedicó un libro como hizo con Ismaelillo; pero cada epístola vale por tal. "Los zapaticos de rosa", poema que ha marcado la infancia de millones de cubanos a través del tiempo, está expresamente dedicado a Madeimoselle Marie (Señorita María).

Los versos sencillos: "Temblé una vez en la reja / A la entrada de la viña, / cuando la bárbara abeja / picó en la frente a mi niña". Relatan una historia real, un pasaje de Martí y María Mantilla, del que devendrá una fotografía bien conocida.

Muchas pruebas frente al silencio

Para otros, la prueba determinante es que el apóstol atesoraba una fotografía de María entre los objetos personales que fueron hallados con su cadáver en Dos Ríos (1895).

María Mantilla nunca mencionó en público el haber sido hija de José Martí, siempre se dirigió a él simplemente como “Martí” aunque nunca refutó a su hijo César por llamarlo “abuelo”, tampoco desmintió a quienes se referían al parentesco como algo cierto.

En los primeros años de la República, Mantilla fue invitada a Cuba para participar en un  homenaje a Martí. En dicho acto se encontraba la viuda del prócer, Carmen Zayas Bazán, quien exigió ipso facto que Mantilla no fuera sentada en la primera fila sino en otras filas de la tribuna.

María Mantilla y José Martí / radiorebelde.cu

En el año 2004, arribaron a la isla dos nietas de María Mantilla, Victoria y Martí Margarita Romero. A ambas les fue dedicado el libro “La Patriota del Silencio: Carmen Miyares” una biografía histórica sobre su bisabuela escrita por Nydia Sarabia, periodista de Granma.

En dicho dosier se recopiló el testimonio (inédito hasta entonces) de Tete Bances, viuda de José Francisco, hijo legítimo de Martí, quien visitó Cuba en 1953 para celebrar el aniversario 100 del apóstol. Bances aseguraba que nunca había conocido a  María porque resultaba un asunto muy delicado para su esposo, pero al verla en persona durante el acto, el parecido físico entre María y su difunto cónyuge le causó suma impresión.

Prueba Morfológica y Antropométrica a José Martí y María Mantilla

Recientemente un grupo de científicos cubanos aplicaron una Prueba Morfológica y Antropométrica a José Martí y María Mantilla. Se analizaron fotos de ambos para contrastar rasgos de ojos, manos, labios, frente de ambos.

José Martí y María Mantilla / perlavision.icrt.cu

Se comprobaron 66 caracteres antropométricos en Martí y en María, estos mostraron un 74,3% de compatibilidad. La prueba morfológica es un instrumento que se aplica en los conflictos de filiación, cuando se impugna una paternidad, o cuando se desea confirmarla.

A pesar de estos resultados aún no puede darse un dictamen final pues no está disponibles los resultados del examen de ADN que daría la respuesta definitiva sobre si Martí y María Mantilla era padre e hija.

El hombre que habita en el héroe

Dejando a un lado los cuestionamientos sobre la veracidad o no de la historia, el José Martí del cual nos apropiamos muchos cubanos, no es un busto frío y blanquecino en un rincón escolar, ni una frívola frase, ni un remarcado bigote en un mural.

José Martí y María Mantilla / Vanguardia.cu

José Martí fue, más allá de todo, un ser humano. En lo particular, me alegro de la existencia de esa remota posibilidad que infiere la trascendencia de nuestro apóstol, a través de su consagrada obra y también en el pálpito vivo de algún parroquiano. Porque en definitivas, lo cortés no quita lo valiente ¿o sí?

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