La necesidad de un monumento en Cuba a médicos cubanos caídos en prestación de servicio

Este artículo es de hace 4 años

Hace apenas dos meses circuló la noticia de que José Manuel Ramos-Horta ―Premio Nobel de la Paz en 1996― había expresado públicamente que:

nadie merece más optar por el Nobel de la Paz que el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias de Cuba (Brigada Henry Reeve).

Así lo hizo saber Horta-Ramos en una conferencia pronunciada en La Habana, a propósito del X Congreso Internacional Universidad 2016, momento en que se dio a conocer que él había nominado al Contingente Internacional de Médicos "Henry Reeve" este año para el Premio Nobel.

No fue esa, sin embargo, la primera ocasión en que el colectivo de médicos cubanos ha sido propuesto como candidato al Nobel de la Paz, pues en  el año 2015 la Conferencia Anual de Sindicalistas Noruegos aprobó por unanimidad similar proposición, aunque sería el "Cuarteto de Diálogo Nacional Tunecino" quien acabaría alcanzando el importante galardón, por su contribución a crear una democracia plural en Túnez.

Habrá que esperar a finales del 2016 a ver si este año sí prospera la solicitud del Premio Nobel para los médicos de la "Henry Reeve".

Sin embargo, es hora de mirar hacia dentro, y tal vez, antes de optar por premios internacionales, habría que empezar por darle en la propia Cuba el lugar que esos médicos merecen.

El periodista uruguayo Fernando Ravsberg, en su conocido blog “Cartas desde Cuba”, ha mencionado que la Isla  

debería erigir un monumento donde se sumen los nombres de todos los caídos combatiendo enfermedades. Y este podría ser construido con piedras traídas de todos los países por los que han pasado, como ofrenda de la humanidad que han salvado.

La iniciativa de Ravsberg es tan justa como injusto y vergonzoso resulta que ya no exista un monumento de esas características en Cuba.

Sorprendente, también, que sea un periodista extranjero quien venga a abrir los ojos sobre un acto de elemental homenaje hacia quienes, desde hace décadas, salvan vidas en todo el mundo.

“Honor a quien honor merece” aprendemos desde pequeños en las escuelas cubanas, y por eso duele que esta iniciativa no haya nacido antes, y sobre todo, que no haya nacido en el ámbito institucional cubano. 

La solidaria y trascendente labor de los cooperantes cubanos, tanto en situaciones de desastres naturales como en terremotos, inundaciones, tsunamis o ante brotes de epidemias como el cólera o el ébola, justifican cualquier propuesta de reconocimiento a los médicos, enfermeros y técnicos cubanos; y muchísimo más si encima perdieron su propia vida en prestación de servicio.

El contingente médico cubano "Henry Reeve" fue creado en el año 1961, y desde entonces, ha prestado su colaboración en países como Chile, Pakistán, Guatemala, Haití, Nepal, entre otros.

A continuación, reproducimos el texto íntegro de Fernando Ravsberg, quien además deja instrucciones para quienes se quieran sumar al apoyo de la propuesta.

Mochila al hombro recorren selvas, suben montañas, caminan desiertos, atraviesan ríos y todo lo que haya que atravesar para llegar hasta los desamparados, hasta los que nunca han visto un médico, hasta los que se mueren de “viejitos” o porque “Dios lo quiso así”.

Con sus armas de destrucción masiva arrasan gérmenes y virus, demostrando que no es la voluntad de Dios sino la pobreza y la marginación lo que mata. Para atenderse con estos médicos no hace falta plata, por eso los aman los desposeídos y por eso mismo los odian los “doctores”.

Arriesgan sus vidas para salvar vidas y les da igual donde, lo mismo combaten el ébola en África que la disentería en Guatemala, el Zika en Cuba, los terremotos de Pakistán, la miseria de Brasil, las desatención de Ecuador, las fiebres del Sahara o la lejanía de Timor.

Ganan muy poquitico, mucho menos de lo que se merecen, pero aportan el 80% de los ingresos de la nación. Cuando ellos empezaron a trabajar en Venezuela se hizo la luz y desde que están en las selvas y campos de Brasil se han multiplicado los panes y los pollos.

No hay guerra sin bajas y, aunque tienen muchas en su historial, pocos recuerdan ya sus nombres. Quienes apostaron sus propias vidas para salvar las de otros merecen por lo menos vivir en la memoria del resto, eso es lo mínimo que les podemos ofrecer.

Cuba debería erigir un monumento donde se sumen los nombres de todos los caídos combatiendo enfermedades. Y este podría ser construido con piedras traídas de todos los países por los que han pasado, como ofrenda de la humanidad que han salvado.

Quienes apoyen la iniciativa de Cartas desde Cuba pueden escribir al Ministro Roberto Morales a apoblacion@infomed.sld.cu del ministerio de Salud Pública enviando copia de esta nota o proponiendo con sus propias palabras crear este monumento.

Este artículo es de hace 4 años

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Judith Moris

Redactora en CiberCuba. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana, y Máster por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido profesora en la UH e investigadora en la UAB, y redactora/editora de la editorial Teide

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Judith Moris

Redactora en CiberCuba. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana, y Máster por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido profesora en la UH e investigadora en la UAB, y redactora/editora de la editorial Teide