La calidad de los alimentos en Cuba motiva un “intenso” debate en el Parlamento



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Este artículo es de hace 9 años

Pocos temas en Cuba despiertan tanto interés y preocupación como uno clave y universal: la comida.

Así ha quedado también evidenciado en el “intenso” debate que la calidad de los alimentos que se comercializan en la Isla, despertó en la Comisión permanente de la Industria Alimentaria, una de las que por estos días reúne a los parlamentarios cubanos en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

María del Carmen Concepción ―ministra de la Industria Alimentaria― apartó los protocolos esperables en este tipo de eventos y habló abiertamente “sobre las profundas insatisfacciones” que los cubanos sienten en relación con la calidad de los productos alimentarios en Cuba, según ha declarado la web Cubadebate.

¿Qué no satisface? y ¿Cómo se puede mejorar? Son las dos preguntas que parecen haber sido claves en el encuentro.

La mala calidad de los lácteos, de los productos cárnicos y del pan, son habituales en las quejas de una industria que también padece un alto nivel de desfasaje tecnológico: equipos reciclados, antiguos, reparados, es una constante de los diversos sectores de la Industria Alimentaria en Cuba; según quedó evidenciado hace unos días en un reportaje sobre los problemas de pesaje de la leche en polvo en la Isla.

A propósito de la influencia en la calidad de los alimentos de factores de implicación “delictiva”, destacó la ministra:

“Durante este período se incrementan las quejas en algunos productos y pareciera que es una tarea que no ha evolucionado en el tiempo. Considero que es una falta de respeto de los productores al pueblo, pero seamos claros, muchas veces vemos que la calidad del pan no depende de la harina o la levadura, sino de factores subjetivos. A veces un pan sale bueno en un turno y en el otro no…¿Qué está pasando ahí?  Luego cuando uno investiga, uno aprecia que se han articulado cadenas delictivas a partir del robo de materias  primas”.

Eso es llamar al “pan pan y al vino vino”, nunca mejor dicho; una tarea autocrítica que con frecuencia falta en Cuba, por motivos múltiples. Otra cosa es que se consiga hacer algo, verdaderamente efectivo, para detenerlo.

Un diputado guantanamero precisó que esos “problemas” tienen que involucrar a toda la comunidad, y aumentar el “control” se revela imprescindible:

“Si las panaderías están en las comunidades no es posible que un día el pan este bueno y al otro día este malo, y uno como delegado, como ciudadano no haga nada. Hay que elevar el control y la fiscalización de esta actividad”.

La suma de acciones como elemento fundamental para evitar el robo y las ilegalidades fue ampliamente discutida; así como qué medidas de prevención y control interno desarrolla cada organismo para prevenir los actos delictivos.

Sobre la mortadela y el picadillo, dos grandes cuestionados, Iris Quiñones Rojas ―presidenta del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria (GEIA)― precisó que, aunque se han hecho “algunas inversiones”, no se reducen sustancialmente las quejas, lo que no deja de ser decepcionante para la población, obviamente.

Y en momentos así, llega la resignación y el conformismo de algunos:

“Tenemos que reconocer que en las condiciones tecnológicas actuales, unido a los problemas de transporte y de distribución es poco probable que se oferte un producto de calidad”.

Apropiación indebida de materias primas, falta de exigencia (o complicidad) de los jefes, pérdida de valores y bajo control interno, son algunas de las piezas claves de una Industria que a pesar de ser tan importante para los cubanos, no consigue superar sus problemas.

Sin embargo, la ministra finalizó el debate con palabras categóricas y esperanzadoras:
 
“Este es un problema que no está resuelto en la industria alimentaria y de la pesca en Cuba, pero con toda responsabilidad les digo: no conviviremos con bandidos, delincuentes, hipócritas e irresponsables que tratan de vivir del sudor de nuestro pueblo. La batalla es dura, pero lo haremos con mucha dignidad”.

Vivir para ver. Difícil Cruzada tiene por delante la ministra de la Industria Alimentaria en Cuba.

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Judith Moris

Redactora en CiberCuba. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana, y Máster por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido profesora en la UH e investigadora en la UAB, y redactora/editora de la editorial Teide


Judith Moris

Redactora en CiberCuba. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana, y Máster por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido profesora en la UH e investigadora en la UAB, y redactora/editora de la editorial Teide