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Cuento de nunca acabar: la realidad del transporte en Cuba

Este artículo es de hace 3 años

Es un hecho: el transporte en La Habana no mejora y las dificultades para trasladarse en la ciudad persisten.

Según un reporte de Martí Noticias, el gobierno de la Isla autorizó en 2014 la venta de autos Peugeot a precios de Ferrari, para crear con las ganancias un fondo estatal que le permitiera adquirir ómnibus y mejorar el transporte urbano. Sin embargo, “tres años después, no se ha vendido ningún Peugeot 508. Lógico, no había que ser un Nobel de economía para saber que nadie pagaría el equivalente a 300 mil dólares por un coche de turismo”.

La Habana no cuenta con una red de transporte eficiente, una estructura idónea para que sus habitantes se muevan de un lugar a otro sin dificultad. De ahí que las quejas sobre el transporte urbano sean tan contundentes.

Jaime, trabajador de mantenimiento en un policlínico, dice a Martí Noticias: “Ambia, por las mañanas el taxista cobra veinte cañas hasta el Vedado. Como trabajo en Playa, si tomo otro taxi, debo pagar otros veinte pesos. Al regreso igual. Ochenta cocos por ir y venir del trabajo y yo gano veinte baros diarios. Sí, en taxi hago el viaje en una hora, y si tengo que esperar una guagua son tres horas pa’lla y tres pa’cá. Muchos documentales, libros y charlas recordando la vida y obra de Fidel Castro, pero el gobierno lleva 60 años sin poder resolver el problema del transporte. Esto es de pin.., brother”.

Por su parte, Mireya, ayudante de cocina en una escuela, comenta: “De madre. Llevo desde la seis y media de la mañana para coger una guagua. Ya son las ocho y todavía estoy en la parada. Y cuando logras subir, tienes que andar con cien ojos, pues al menor descuido los carteristas te llevan la billetera. Y ni qué decir de los jamoneros. Te pegan el ‘paquete’ por atrás como si tú fueras su esposa. El otro día, un descarado de lo caliente que estaba, se sacó el mandao y se masturbó en pleno viaje”.

El mal funcionamiento del transporte público convierte a La Habana en un caos, una ciudad de casi tres millones de habitantes que de un tiempo a esta parte, ante el creciente atractivo del país, también se ha abarrotado de turistas.

Este artículo es de hace 3 años

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